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Bono a 100 años: opinan Khayat y Nievas

Especialistas advierten riesgos de mantener altos niveles de deuda y destinarla a sostener el déficit fiscal

El Ministerio de Finanzas de la Nación anunció el lunes la emisión de un bono con plazo a 100 años por 2.750 millones de dólares estadounidenses, con un cupón de interés de 7,125% y un rendimiento de 7,9%. El ministro de Finanzas, Luis Caputo, aseguró que esa operación muestra “prudencia y responsabilidad”. “Estamos aprovechando un momento de tasas muy bajas a nivel mundial y es importante, entonces, balancear los plazos de endeudamiento”, explicó.

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Marcelo Nievas, profesor de Macroeconomía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNNE. Ricardo Khayat, presidente de la Bolsa de Comercio.

Para analizar la colocación, en términos de ventajas y desventajas para el país, teniendo en vista el contexto mundial y las perspectivas, NORTE consultó al titular de la Bolsa de Comercio del Chaco, Ricardo Khayat; y al profesor de Macroeconomía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNNE, Marcelo Nievas, quien además tuvo un rol destacado años pasados en la Comisión Nacional de Valores (CNV).

Un modelo económico, muchas dudas

Nievas recordó que la demanda de los inversores llegó a los 9.000 millones de dólares, es decir, más de tres veces el monto a colocar. “La emisión de bonos perpetuos (emitidos a 100 años) es una práctica que utilizan varios países e incluso empresas para financiarse. Entre los países en desarrollo China y México lo han hecho, así como también algunas empresas de la región como Petrobras, en Brasil, y Enel, en Chile”, repasó.

Como punto a aclarar, resaltó que “si bien su vencimiento es en el año 2117, por las características del bono, su capital se recupera en 13 años”. Es decir, no resulta “muy distinto a otros bonos que ya emitió Argentina”.

Para el ex gerente general de la CNV, el análisis de las ventajas de la emisión de un bono perpetuo tiene dos perspectivas. La primera, vinculada a dar referencia a inversores con un instrumento de largo plazo. “Es decir, sirve para definir qué rendimientos esperar de mínima para encarar algún proyecto de inversión de largo plazo”, planteó. “Y la segunda continuó- está vinculada a las condiciones del mercado mundial, donde existe una enorme liquidez y apetito por rendimientos altos en un mundo donde los rendimientos son del 2 a 3% anual”.

Hay otro ingrediente que se incorporó al análisis a último momento. Es que el martes se supo que Argentina no será clasificada como “mercado emergente”, sino que seguirá siendo hasta 2018 “mercado de frontera”. “La decisión del gobierno nacional de apurar la emisión para cerrarla previamente a esa noticia permite pensar que se contaba con la información previamente a su anuncio, y por lo tanto la decisión tuvo más que ver con aprovechar tasas ‘bajas’ (más bajas que lo que hubiera sido de colocarse el bono post noticia)”, señaló Nievas.

Según su visión, la emisión del bono “no representa en sí mismo un problema”. “Por su monto, es una operación pequeña (un 13% de lo que lleva emitido el gobierno en 2017) y con una tasa aceptable”. “El problema está en el contexto de un crecimiento elevado de la deuda del país: solamente lo emitido en 2016 supera la deuda del período 2002/2015, y alcanza los 20.150 millones de dólares en lo que va de 2017”, sostuvo. “Entonces, el problema pasa por la sostenibilidad de la deuda en general y no por la emisión de un bono largo en particular”, marcó. Luego, dio su perspectiva acerca de las implicancias que tiene este nivel de endeudamiento. “Los países, al tener una vida ‘infinita’, pueden emitir de deuda de manera indefinida. Es decir, pueden reprogramar su deuda, siempre y cuando los inversores consideren que el nivel de deuda (medido en términos de PBI) es aceptable. Para que la proporción se mantenga o se reduzca, y la deuda pueda ser repagada, el país necesariamente debe crecer. Si esos fondos no se utilizan para crecer, llegará un punto en el que se deje de prestar al país. Ahí es donde se deberá pagar la deuda”, explicó Nievas.

Para el especialista, un agravante es que “el ciclo mundial de tasas de interés bajas parece estar llegando a su final y en la medida que el costo de financiarse en el futuro se encarezca, será aún más difícil refinanciar los vencimientos de intereses y capital”. “Estar expuestos a altos niveles de deuda tiene un riesgo extra en países en desarrollo, porque los flujos de capital ante subas de tasas de interés se vuelcan hacia activos de mejor calidad, es decir, migran desde las inversiones en países más ‘riesgosos’ a los menos riesgosos”, señaló.

Tantos riesgos tomados pueden explicarse “porque la política económica de la administración actual no ha encontrado la forma de reducir el déficit fiscal, al tiempo que busca mantener en línea a la inflación”, indicó. “La meta inflacionaria (entre 17% y el 20% para 2017, difícilmente alcanzable) obliga hoy al Banco Central a seguir manteniendo las tasas en niveles elevados (las tasas de Lebac de este mes se mantuvieron en línea con las del mes pasado). Y altas tasas de interés de referencia implican un menor nivel de inversión y crecimiento”, repasó. Por eso consideró que “este modelo económico se centra justamente en dinamizar la economía por el lado de la inversión, pero el contexto internacional después de la noticia del martes y las propias limitaciones internas (metas de inflación, dificultad para bajar el déficit fiscal) dejan muchas dudas”.

Pura estética

“Es más una señal hacia el mercado interno. Es como una estética para decir que la Argentina puede tomar deuda a tan largo plazo”, definió Ricardo Khayat.

Al igual que Nievas, el presidente de la Bolsa de Comercio marcó también que la operación fue una semana antes de que la calificadora Morgan Stanley determinara si el país subía a la categoría de “mercado emergente” o continuaba como “mercado fronterizo”. Finalmente, se conoció la decisión de no incorporar a Argentina a su referente de mercados emergentes.

Según resaltó Khayat, la tasa de interés resulta “alta para un plazo de 100 años, cuando Argentina tiene que mejorar su condición para ir a tomar más deuda, bajando la tasa en general”. “Este bono a 100 años pareciera ser una señal. Es como decir que Argentina es confiable a 100 años”, apuntó.

“El préstamo se toma pudiendo cancelarlo en cualquier momento. Este punto de vista está bien, porque puede pagarse con la emisión de un bono más corto, con mejor tasa. Ahí se nota claramente que es más una señal hacia el mercado interno. Es más emblemático que de la economía real”, agregó.

Señaló además que para este tipo de colocaciones (y para todas en general, a mayor o menor plazo), el gobierno nacional recurre a varios bancos operadores que colocan deuda y “consiguen” inversores. “Así consigue el Estado colocar deuda a 100 años y da una señal interna”, sintetizó.

Sobre la emisión de deuda, Khayat dijo que le preocupa la aplicación de los recursos obtenidos por esa vía. “El volumen de deuda tiene que ver con el repago (de obligaciones anteriores). Pero a mí me preocupa mucho la aplicación. Todo crédito se repaga si el país mejora las condiciones de rentabilidad y el PBI. Si el aumento de deuda termina en mejores accesos a los puertos para mejorar la logística e inversiones en infraestructura básica, que nos den más competitividad como país para pagar las cuotas (del endeudamiento), bienvenido sea”, sostuvo. Pero marcó que el problema aparece porque muchos fondos obtenidos a través de la toma de deuda son destinados a cubrir el déficit fiscal. “No está mal como una herramienta transitoria, pero hay una línea muy delgada donde eso se corta. No sé hasta qué punto eso será útil a las políticas implementadas”, subrayó y concluyó: “Me preocupa no dejarles la deuda a las próximas generaciones”.

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