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“Asegurar el habitat de cada habitante no es un problema arquitectónico, es un problema político”

El reconocido arquitecto Brian Thomson regresó a la provincia para presentar dos libros que compendian mapas de Resistencia y de la provincia integrados a una perspectiva de desarrollo.

Entrevista de Claudia V. Araujo

Fotos de Hugo Escobar   

Por sus contribuciones de hace 50 años dialogó con funcionarios de Corrientes y Chaco, y con estudiantes de Arquitectura. 

En un alto en una cargada agenda de reuniones y presentaciones, sin rodeos se adentró en el terreno político y compartió preocupaciones e intereses. 

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Thomson fue profesor titular y director del departamento de Planeamiento Urbano y Regional de Arquitectura de 1966 a 1972. La dictadura lo obligó a irse del país y con la democracia regresó para trabajar a la par de Raúl Alfonsín, como funcionario de Reforma Administrativa y asesor privado. Hoy reside en Whashington, aunque con cierta periodicidad vuelve al país y al Chaco.

Al encuentro llega después de compartir un almuerzo “muy grato y muy intenso” con el arquitecto Víctor Pelli en el que repasaron tiempos en los que uno conducía el Instituto de Vivienda y otro el departamento de la Facultad de la UNNE. 

Dice estar sorprendido por encontrar varios días de bajas temperaturas y emocionado por recorrer las aulas de su Facultad. En hora y media alterna anécdotas de conversaciones con personajes singulares y descripciones cargadas de datos históricos, paisajes y sentimientos. Como al mencionar el impensado encuentro con una galesa de 102 años que había vivido en la Patagonia.  

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La agenda de Thomson en Resistencia y Corrientes incluyó, reuniones con funcionarios municipales y provinciales de las dos orillas. En la foto, el coversatorio realizado en la Facultad de Arquitectura, convocado por el decano Miguel Ángel Barreto.

Estuvo en la provincia en 2014, ¿con  qué se encontró esta vez?

-Estuve con autoridades de Corrientes conversando sobre la recuperación de un plan de obras y encontré un equipo más consolidado. En el Chaco nos reunimos con el ministro de Infraestructura Fabián Echezarreta y de Desarrollo Urbano y Territorial Guillermo Monzón. Cada uno con sus prioridades y agendas. Participaban todas y todos y sabían muy bien de qué estaban hablando. Me impresionó ver la cantidad de arquitectas que hay y el salto cualitativo en la formación de los equipos, comparando con otros años.

También tuvimos una reunión muy simpática con alumnos de segundo año de Arquitectura que sirvió para compartir un libro de croquis que la Facultad había publicado unos meses antes. Los arquitectos más viejos queremos promover el uso de esa herramienta que permite tener una capacidad de interpretación de lo que se está mirando y de creación, de lo que se quiere construir. En base a una selección de dibujos míos (entre los que hay una abadía de Normandía, un paisaje galés y la estación de ferrocarril de Resistencia) más de otros arquitectos la idea es mostrar que el croquis se usa para muchas cosas. Lo mostré en Nueva York y por la diversidad de técnicas y la calidad de impresión creyeron que era de una librería especializada de allá. A los chicos les dio un impulso para hacer croquis, es un aprendizaje importante que coadyuva a su formación.

Mientras que con los de sexto año, noté un gran interés en general y me emocioné mucho, porque tengo mucha historia acá y a veces hablando me vienen imágenes de situaciones pasadas. La emoción es lo que nos salva cuando la vida se nos va.  

 “Que en una misma ciudad haya unos pocos viviendo en mansiones y la mayoría en la miseria, no es un problema de la arquitectura: es un problema político”.

¿Qué desafíos tiene la arquitectura hoy?

-Me he ido separando de la arquitectura. No es que no me guste. Creo que lo que tenemos que resolver es un problema político profundo: cómo podemos asegurar que el hábitat de cada persona sea por lo menos civilizado. Que en una ciudad como Resistencia haya unos pocos viviendo en mansiones y otras 250.000 en la miseria absoluta. Este problema no es arquitectónico, es político. Lamentablemente venimos de años de un gobierno peronista que habló de esto pero no los resolvió y creo que Macri tampoco lo va a resolver.

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Muestra uno de sus motivos de orgullo: “Marcelo Benítez hizo magia para reeditar ocho tomos de hace 50 años; habremos intercambiado como mil correos”.

 “La emoción es lo que te salva cuando la vida se nos va”.

 También están los avances del neoliberalismo…

-Mirá, soy un privilegiado: fui a la Escuela Escocesa San Andrés, que es bilingüe y la más antigua de Argentina, fundada en 1838. Todos hijos de escoceses, irlandeses, judíos y armenios. Sin embargo mi padre decía que si a nosotros nos iba bien era para que a otros también les vaya bien. Esto fue cambiando. Hoy la escuela se convirtió en una especie de antro de neoliberales que creen que el país es una empresa, como cree Macri. Falso. Una empresa no tiene mandos superiores de tipo constitucional como un país donde todos los habitantes tienen derecho a mejorar su vida. Muchos radicales estamos preocupados porque además hay un temor de volver a Cristina (Fernández), que creó una gran grieta entre los argentinos. Nuestro país es muy conflictuado, no se puede continuar así. Mujeres como Hebe de Bonafini y Estela de Carloto como fanáticas K le hacen mucho mal a la causa de los derechos humanos. Viví los años duros en la facultad, pensando que en cualquier momento nos hacían pomada. Montoneros se equivocó feo, hizo cosas muy pesadas y algunas reivindicaciones pueden ser muy emotivas pero poco políticas. Hay otras posiciones interesantes, como la de Martín Caparrós, que dice 'nos equivocamos'.

¿Es posible corregir aquello que se hizo mal o no se hizo en tantos años?

-Yo creo que se puede corregir, pero veo que cada día todo es peor. En Resistencia decíamos que había que preservar las lagunas, las esponjas naturales de drenaje que si las rellenábamos tendríamos la situación que tenemos hoy.   

 “Hay neoliberales que creen que se puede conducir un país como una empresa; la diferencia es que en un país todos los habitantes tienen derecho a mejorar su vida”.

 

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El planeamiento también sirve para morigerar la ausencia de desarrollo

Muestra una nota suya que se publicó en NORTE en 1970, cuando una gran empresa agrícola pretendía que la provincia le ceda tres millones de hectáreas de El Impenetrable para un gran conglomerado agropecuario.

En base a los estudios que disponía Thomson fue una de las voces que se opuso al asegurar que hacerlo era una locura. Mientras repasa las páginas de su obra se detiene en algunas imágenes que confirman, por ejemplo, porqué cuando se pavimentó la ruta 16 los pueblos con menos servicios fueron desapareciendo. “El planeamiento no siempre es crecimiento, también sirve para morigerar las consecuencias del no desarrollo; es algo que nunca se hizo y que en el Chaco hubiera sido factible”, subraya.   

¿Cómo llegaron al trabajo que la Facultad de Arquitectura reedita hoy?

-Hicimos un laburo de locos. En esa época acá había mucha gente que estaba innovando. Trabajamos con el ecólogo Jorge Morello, que llegó al Chaco echado de la Universidad de Buenos Aires por comunista, y con Juan Quant, del Instituto Agrotécnico, entre otros valiosos colaboradores. También con un joven contador de apellido Lezcano, que integraba un grupo que estudiaba el valor agregado agrícola por radio censal. Ellos nos permitieron unir el mapa ecológico con el económico y analizar dónde coincidían el producto con la capacidad ecológica. Así encontramos ‘áreas vacías’, con errores administrativos. Como en la Colonia Aborigen de Quitilipi, donde tractores de la provincia se usaban para grandes productores circundantes, o la balanza estaba regulaba para calcular un 20% menos de lo que producían los aborígenes, o el algodón no se llevaba a la desmotadora de Chaco, sino a otra de El Colorado. No tengo pruebas legales de esto, sino mediciones científicas, que en su momento llamé ‘verdades indeseables’. En base a estudios así uno puede responder con información correcta a lo que era una violación del territorio. La facultad pudo hacer todo esto en 1976 con medios muy primitivos pero con una gran inteligencia y el aporte de los británicos que trabajaron con nosotros durante seis meses.

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A los 84 años uno de los trabajos que más satisfacción le produjo fue formar un equipo de investigación con profesionales británicos para relevar el Chaco.

Un campamento

Al considerar el asentamiento de emprendimientos industriales, los investigadores concluyeron que Resistencia era un campamento y no una ciudad porque funcionaban con insumos que provenían de otros puntos del país y que lo producido también salía de la provincia.

Para Thomson “un área urbana donde su industria no genera riqueza interna ni interacciones locales, en realidad no produce nada”. Es un campamento que se instala sólo por ventajas ocasionales y que además construye nuevos campamentos de desplazados como consecuencia de las políticas económicas. “Por eso tenemos 200.000 a 300.000 personas viviendo en la miseria. Por eso vemos tantos perros sueltos, son la consecuencia de un humano perdido”, afirma.  

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