La hipocresía de los argentinos
Esta semana se conoció a través de los medios de comunicación que, en la provincia de Misiones, las autoridades de un colegio privado colocaron cámaras de seguridad y micrófonos en las aulas.
Ocurrió en Montecarlo, hermosa localidad destacada por las miles de variedades de orquídeas, helechos, lapachos y azaleas que la hicieron famosa.
Cámaras y micrófonos
Pero en esta ocasión no fue la hermosura de su suelo la causa por la que Montecarlo ocupó por algunas horas la noticia nacional, sino por la discutida decisión de colocar micrófonos y cámaras en el Instituto Madre Teresa Michel. El rector del colegio, los padres y los alumnos rechazan la medida por considerarla arbitraria y porque atenta contra la privacidad de las personas.
Desde el Spepm (Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones) explicaron que, según la normativa vigente para instalar cámaras, deben contar con la autorización de los padres, docentes y, si hubiera, también con la autorización de los alumnos de 16 años en adelante. De manera que, seguramente, vendrán reuniones conciliatorias entre las partes para solucionar la problemática creada. Si bien es cierto que las autoridades del colegio privado no dieron las razones por las cuales se instalaron las cámaras y los micrófonos en las aulas, es más que evidente que lo hicieron para prevenir acciones en la conducta de los alumnos y profesores que pudieran dañar el buen nombre de la institución y el eventual daño a terceros.
No cayó bien
Es cierto que la medida, dada la anarquía generalizada de la conducta de los argentinos, no cayó bien en quienes se sienten observados, pero también es cierto que quienes no tienen desviaciones en su propia conducta no deberían porque tener recelos o miedo a las cámaras, porque éstas solo mostrarán sus conductas.
Existe entre los argentinos, al menos en la mayoría, una enorme hipocresía al respecto. El término hipocresía, en una de sus explicaciones, tiene su origen en el griego (hypokrisis), que significa fingir o actuar una respuesta y es justamente en la cultura griega, en el ámbito del teatro, donde se comenzó a utilizar mucho este término para referirse al actor, que normalmente se colocaba una máscara o un disfraz para interpretar un personaje y así marcar la diferencia entre ficción y realidad.
Los argentinos por un lado denuncian, con mucha razón, que la inseguridad de la población es total ante el continuo avance del accionar de los delincuentes, pero por otro lado rechazan cualquier medida de prevención para evitar la creación de futuros delincuentes.
Delincuentes comunes y también de quienes utilizan la política, el sindicalismo, el empresariado, la justicia y otras instituciones para delinquir. Todos estos delincuentes, los comunes y los otros, pasaron por el ámbito de una escuela y algunos de ellos hasta pasaron por la universidad, sin embargo de nada les sirvió para mejorar su conducta social.
Se diluyó el temor respetuoso
En las últimas décadas el temor respetuoso del alumno para con sus maestros y profesores se diluyó por completo, como el de los maestros y profesores a sus autoridades naturales.
Existen excepciones, pero no estamos ahora hablando de ellas, sino de la mayoría que se ha corrompido. Padres, maestros y profesores corruptos han corrompido a la sociedad en que vivimos. Y nuestro país está como está, producto del accionar de quienes así se comportan, no importa quiénes sean, el lugar que ocupen ni cómo se llamen. Una sociedad no se corrompe por arte de magia sino por arte de políticas premeditadas de quienes tuvieron y tienen la responsabilidad de dirigir a la nación.
La nación es un barco y quienes lo conducen, en el pasado y en el presente, fueron y serán los responsables de la situación. La colocación de las cámaras de seguridad no debería preocupar a padres, alumnos y docentes inclinados al bien, solo deberían temer los que se inclinan al mal.
Si quieren no temer a las cámaras, que hagan el bien, porque las cámaras no están para castigar al que hace lo bueno, sino al que hace lo malo. Los padres que protestan contra medidas preventivas de disciplina para con sus hijos se equivocan, porque a los chicos hay que corregirlos para evitar futuras malas conductas.
El camino correcto
La Biblia es la respuesta justa para todas las necesidades, es la guía que necesitamos. El texto bíblico señala que hay que instruir al niño con el bien, para que cuando sea grande no se aparte del camino.
Ese es el deseo de Dios para con los niños, y el que se opone a esa idea, a lo establecido por Dios resiste. Y el que resiste, acarrea condenación para sí mismo.
Aunque la mayoría de los seres humanos se resista al accionar de las cámaras, deberíamos comprender que las 24 horas del día estamos siendo filmados por la cámara divina que registra cada una de nuestras conductas; con la situación agravante que las cámaras celestiales atraviesan todo tipo de obstáculos que pudieran estar adelante. No existen muros ni paredes blindadas que se resistan a su filmación.
En su momento, ellas mostrarán lo bueno y lo malo que hayamos hecho. Al respecto, señala el texto bíblico que al final: “... los muertos, grandes y pequeños, estaban de pie ante Dios; y los libros (cámaras) fueron abiertos... y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros (cámaras), según sus obras”.
¿No quiere aparecer haciendo el mal en las cámaras? Le invitamos a que acepte a Jesús y siga sus mandamientos.










