El mundo en vilo por ataques terroristas
El atentado cometido por un fanático suicida en el Manchester Arena, el segundo estadio cubierto más grande de Europa, volvió a encender las luces de alerta en las principales capitales del mundo ante un fenómeno que se perfila como una nueva modalidad de ataque de grupos fundamentalistas, que buscan sembrar miedo en la población civil.
Expertos en seguridad europeos observaron que desde enero de 2015, fecha en que se produjo el ataque a la revista francesa Charlie Hebdo, que dejó un saldo de 17 muertos, el mundo ha sufrido un atentado terrorista cada 40 días. Para algunos especialistas, una de las características de esta nueva ola de ataques es que los grupos violentos apelan a fanáticos solitarios cuyos movimientos son más difíciles de detectar por parte de las fuerzas de seguridad y los organismos de inteligencia. Además, señalan que ante las fuertes medidas de control que se pusieron en marcha tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York , en aeropuertos, estaciones de trenes y grandes estadios, grupos terroristas como el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) que se atribuyó el ataque en Manchester, Reino Unido, buscan provocar el mayor daño posible mediante el empleo de bombas de fabricación casera cuyos componentes se pueden adquirir en simples ferreterías y son difíciles de rastrear, o bien a través de camiones que se lanzan a toda velocidad contra peatones, como en el ataque ocurrido en Berlín en diciembre del año pasado cuando un vehículo de gran porte atropelló a personas que paseaban por un mercado navideño, dejando un saldo de 12 muertos y más de 50 heridos; o el que cinco meses antes mató a 87 personas, entre ellos varios niños, en Niza, Francia, cuando un camión de carga embistió contra las personas que celebraban el Día Nacional de Francia, en esa ciudad.
La explosión de esta semana en el recital del Manchester Arena, con un público de niños y adolescentes, se suma a otros ataques como el de Londres en marzo de este año en el Puente de Westminster que mató a cinco personas; o el que sacudió a la ciudad de París en noviembre de 2015 con el tiroteo y la toma de rehenes en el teatro Bataclán, con un saldo de 80 muertos. La lamentable lista se completa con la bomba que provocó 36 muertos en el aeropuerto de Bruselas en marzo del año pasado, y otros ataques en Estocolmo, Lyon, Estambul, Orlando (EEUU), Somalia, Túnez, y Ankara, entre otros lugares elegidos como blanco por los terroristas. El último de ellos tuvo lugar en al provincia de Minia, en el centro de Egipto, cuando un autobús que transportaba a cristianos coptos a un monasterio fue brutalmente baleado desde dos camionetas conducidas por enmascarados. El luctuoso saldo dejó casi una treintena de muertos.
Ya a principios de este año, el Papa Francisco había advertido que el mundo vive “una guerra compleja”, causada por “la incapacidad de buscar soluciones negociadas y no violentas” y por el “tráfico de armas que aumenta incluso por quien proclama la paz”. El Sumo Pontífice también observó en esa oportunidad que el mundo “se presenta sacudido por los conflictos, la violencia, el odio, el terrorismo, los ataques armados impredecibles”. Se trata de una preocupación que está siempre presente en los mensajes del jefe de la Iglesia Católica y de hecho, ésa inquietud también la transmitió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la reciente visita que el mandatario norteamericano hizo al Vaticano. Según informó la Santa Sede, Bergoglio y Trump intercambiaron puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso.
Es necesario que la comunidad internacional acuerde medidas para detener la creciente violencia del terrorismo fundamentalista. La estrategia que se adopte para alcanzar ese objetivo debe ser superadora de las ya conocidas acciones militares cuyos efectos colaterales muchas veces también hacen pagar un alto precio a la población civil. Será clave la decisión de avanzar sobre el origen del financiamiento y los canales de compras de armas de estas organizaciones que, con sus actos criminales, mantienen en vilo al mundo.










