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De Europa a Medio Oriente, una huida hacia adelante

Con el frente interno en llamas, Trump inicia su primera gira internacional

La estimación del legendario periodista que junto a Bob Woodward revelara el escándalo Watergate no parece exagerada. Si bien la gira, las entrevistas y las cumbres a las que asistirá Trump estaban en gran parte programadas desde hace más de un mes, los crecientes - desbordantes - cuestionamientos sobre las relaciones del entorno presidencial con el gobierno ruso (Russiagate) están planteados desde la misma campaña electoral. Y a lo largo de los cuatro meses de gobierno cumplidos ayer, no han hecho más que agravarse.

Por Rubén Tonzar

Hubo razones que colaboraron para ello. Son más los miembros del gabinete de Trump expulsados en forma precipitada que el de realizaciones de su gobierno. Ni el empleo, ni su calidad, mejoraron; no hay signos de retorno de empresas deslocalizadas; no hay -ni habrá en mucho tiempo- muro con México; el Poder Judicial ha invalidado numerosas ‘órdenes ejecutivas’ del presidente; la prometida reforma del sistema de salud sigue en veremos; el prometido megapresupuesto de obra pública no sale. En ese escenario, se suceden los escándalos de despidos y renuncias de funcionarios, amenazas y exabruptos presidenciales variados, todo coronado por la intempestiva expulsión de un jefe del FBI, junto a la revelación de informaciones militares reservadas por parte de Trump al canciller ruso. 

“Esta situación es potencialmente más peligrosa que el Watergate. Por ello es que necesitarán una gigantesca tapadera” (Carl Bernstein a CNN).

Un detalle revela a la vez lo tenso de la situación y el genio voluble del presidente: “La Casa Blanca y sus excolaboradores de campaña tratan de proveerle a Trump una dieta informativa que incluya dosis regulares de elogios e historias positivas para mantener su humor controlado. El personal ha perfeccionado esta táctica para evitar que el jefe comience el día tuiteando con rabia”, lamentaba el lunes el New York Times. Este presidente es el que desde el viernes realiza su primera gira internacional para tratar durante una semana trascendentales asuntos terroristas, religiosos y militares en Oriente Medio y Europa, con decenas de jefes de Estado y de bloques continentales.

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En EEUU no florece la confianza acerca de la pericia diplomática del nuevo presidente.

Arabia Saudita e Israel

La primera parada será Ryad, sitio al que EEUU exporta buena parte de su producción de armamento y que también es un aliado geoestratégico crucial. La monarquía saudita está bombardeando junto a EEUU desde hace dos años las ciudades de Yemén, con el fin de expulsar a los rebeldes hutíes, que han derrocado a un presidente aliado de Washington en un país que es costero de la principal vía de transporte de petróleo del mundo. Líderes del mundo musulmán escucharán la oferta de Washington de “cooperación contra el extremismo sin dictar cómo otros deben vivir”, en referencia a que Trump no cuestionará a ninguna dictadura de la región -como la egipcia o la propia monarquía saudita- en la medida en que se alíen y se opongan a Irán, rival regional de Jerusalén y Riad.

En Israel, Trump se reunirá con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Tal vez vaya a Cisjordania, donde podría entrevistar al presidente palestino, Mahmud Abbas, muy desprestigiado internamente y necesitado de alguna oferta negociadora que Tel Aviv le niega. Washington podría impulsar un proceso de negociación entre israelíes y palestinos con apoyo de países árabes para  favorecer el liderazgo ‘moderado’ de Abbas, a cambio de mantener la política expansionista de Netanyahu en Cisjordania e incluso en Jerusalén. 

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El último escándalo protagonizado por Trump fue la revelación de información militar reservada al canciller ruso. Washington Post fue desmentido por la Casa Blanca, pero luego el propio Trump la confirmó y dijo que era su derecho.

El Papa y la OTAN

En este marco y con este talante, Trump comenzará su primera gira internacional el miércoles 24, a las 8.30 en el palacio apostólico vaticano. Allí saludará al papa Francisco, quien aseguró que lo recibirá como a cualquier otro jefe de Estado que lo solicite. A continuación, se entrevistará con el secretario de Estado, cardenal Parolin, y con el secretario de Relaciones con los Estados, Paul Gallagher, con quienes tratará los temas de fondo: la acogida a inmigrantes y la lucha contra el cambio climático, cuestiones que Trump no sólo rechaza, sino que se opone frontalmente a las políticas propugnadas por el Vaticano.

La audiencia papal precederá a dos citas trascendentales en Europa: la cumbre de la OTAN en Bruselas el 25 de mayo, y la cumbre del G7 en Taormina, Sicilia, el 26 y 27. En la primera, se reunirá con los jefes de la organización militar liderada por EEUU en Europa, a la que Trump llamó ‘obsoleta’ durante su campaña electoral, al mismo tiempo que anunciaba un severo recorte de sus aportes presupuestarios. Con respecto a los socios del club de los siete países más industrializados del mundo, el presidente estadounidense amenazó con declarar a China ‘manipuladora’ monetaria y desleal comercialmente, criticó a la canciller alemana Angela Merkel, y cuestionó la alianza de seguridad con Japón.

Aunque luego de asumir la presidencia rebajó estas posiciones y tendió puentes, sigue insistiendo en que los miembros de la OTAN deben aumentar su gasto en defensa, y que la organización debe dedicarse a la “lucha contra el terrorismo”, lo que al día de hoy implica secundar más activamente -e incluso reemplazar- a EEUU en sus incursiones en Siria e Irak, y sobre todo apoyarlo sin ambages en su intento de presionar a China a través de Corea del Norte. En líneas generales, sus aliados no se oponen por principio a las exigencias de Trump, sólo que están firmemente convencidos de que en cualquier caso EEUU debe pagar todos los gastos. Y allí es donde comienzan las más profundas divergencias.

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