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Detener el tiempo en un instante

La fotografía analógica sigue generando pasiones

Está a la vista: la fotografía analógica, la que se hace con rollos de película, es uno de los principales caídos de la era digital. Con esta paradoja: nunca se sacaron tantas fotos, nunca tanta gente las sacó. Más fotos, menos rollos. Eso es lo que pasa.

Foto: Pablo Pintos 

El regreso viene de la mano de jóvenes nacidos en la era digital aventurados a los rollos como si fueran una curiosidad excéntrica, fotógrafos de eventos sociales que encuentran en los procesos analógicos descartados hace apenas unos años ¡paradojas del tiempo!- un atractivo extra que les permita diferenciarse en el mercado. Estos eran para Time los impulsores del regreso. Pero ¿qué pasa de este lado del globo, donde el campo de la fotografía es exponencialmente más pequeño y los insumos deben ser importados? ¿Podría darse en Argentina un fenómeno parecido? ¿Quiénes y por qué estarían detrás? ¿Cuál es el lugar de los haluros de plata -cristales sensibles a la luz- en el reinado del megapíxel? Se pregunta y expone la duda una nota del diario Clarín. 

 El problema y costo de los insumos

Poniendo el foco en esa urgencia por lo inmediato, la empresa japonesa Fujifilm (la otra pionera del campo, para la cual la película fotográfica actualmente representa apenas el uno por ciento de sus ganancias) intentó estimular el mercado lanzando una línea de cámaras instantáneas, las Instax, que poco tiene que ver, sin embargo, con las antiguas Polaroids. Aquí sus principales consumidores son niños de entre diez y catorce años que las van a buscar porque están de moda, una moda que rápidamente dejan atrás cuando los padres se enteran que el valor de cada rollo (de veinte fotos) no baja de los cuatrocientos pesos.

En los pocos laboratorios que quedan, incluso en Resistencia solamente existe uno, se advierte un movimiento, aunque tampoco demasiado significativo. El pulso, otra vez, lo marcan los jóvenes, que acaso por curiosidad piden que sus imágenes se revelen con “el proceso viejo”, ampliando el negativo en un proyector de transparencias o ampliadora fotográfica que permita hacer copias del mismo en papel, en lugar del “proceso nuevo”, que consiste en digitalizar los negativos, para después almacenar las imágenes en una memoria y mirarlas en la pantalla (si es que alguien vuelve, hoy en día, a mirar las fotos que ha tomado).

Todos somos fotógrafos

Teléfonos con cámara mediante, todos somos hoy fotógrafos precoces (ya no sorprende a nadie la destreza con que niños de tres o cuatro años encuadran y disparan): hace mucho que ya no es necesario comprender los procesos (sean analógicos o digitales) mediante los cuales se configura una imagen para tomarla. Con cámaras digitales al alcance de todas las manos, la fotografía analógica hoy vuelve, o permanece, o resiste, como una elección. Y si los jóvenes de la era digital se acercan al rollo para experimentar, al menos una vez, el misterio de la demora, la magia operando en la lenta emergencia de la imagen, la fotografía como acto creativo se encuentra todavía muy cerca de los procesos analógicos.

En Chaco no son muchos los fotógrafos que, pertenecientes a las más diversas generaciones y estéticas, se valen de estos procedimientos, muchas veces integrándolos con los digitales.

¿Puede implicar, la mera elección de la fotografía analógica desde las variables más sencillas hasta las más complejas- entre otros medios más rápidos o menos costosos, por sí misma una mayor conciencia sobre el medio? Si muchos son todavía quienes eligen estos procedimientos, hay también quienes experimentan, llevándolos al límite de sus posibilidades.  

“El delicado romance del cuarto oscuro”

A quien más benefició el avance de la tecnología es claramente a los medios, por el factor del tiempo. El fotoperiodismo evolucionó con la tecnología.

Marcelo “Sapo” Cáceres es fotoperiodista, pero antes fue laboratorista y su amor sigue intacto.

“En aquella época del negativo, jamás pensamos que lo digital superaría a lo analógico. Y no lo pudo, solamente en lo comercial y su rapidez lograron destruir la industria del rollo, quienes alguna vez trabajamos o jugamos en el laboratorio vivimos el delicado romance del cuarto oscuro, los químicos, revelar negativos, superponer fotogramas y el sumo cuidado de no rayar un negativo (se debería trabajar con guantes)”, explica el fotógrafo.

Continúa: “Al superponer fotogramas o realizar collages con ellos, tenías la experiencia única del trabajo de la luz atravesando las imágenes superpuestas, creando imágenes muy locas. Por suerte nunca me deshice de algunas máquinas analógicas como la Pentax K100 o la Olympus Trip 35, siempre pensé: después de la tercera guerra mundial volveremos a ellas”, relata el Sapo y complementa: “En la transición entre ambos mecanismos escaneábamos negativos para trabajar con ellos digitalmente. Hoy con la tendencia artesanal de la fotografía analógica se puede conseguir elementos necesarios para revelado, copias y rollos, pero es de alto costo”.

Finalizando su idea expresa: “Es muy emocionante porque acompaña a todas las pasiones y te da el lugar de primera fila y testigo principal de cada situación fotográfica. En la fotografía analógica siempre hay sorpresa, porque uno tiene una idea de la toma, pero solo al final obtiene el resultado. Ese momento previo es muy emocionante”, concluye Marcelo.

“El desafío era saber si superaba en cuestiones de calidad”

Héctor “Chino” Ramírez es el formador de varios de los fotógrafos que hay en la ciudad y dando vueltas por algún lugar del mundo. Es profesor en el Museo de Medios.

“Lo bueno o la suerte que tuve es que yo viví las dos etapas de la fotografías. Comencé con la analógica, me gustó mucho el proceso del revelado. El ver un papel en blanco y después de un proceso químico que aparezca la imagen es algo maravilloso, es lo que me atrapo”

“Cuando empieza aparecer la fotografía digital parecía todo muy nuevo, aparecía como un versus a lo analógico. Manolo Bordón un día agarra, estando en la radio, me comenta que consiguió una cámara digital Mavica de Sony que parecía el futuro y fue ahí donde supe que me tenía que empezar a involucrar con eso y un poco me resistí”

Por otra parte el Chino comenta que: “el gran desafío era saber cuándo la fotografía digital iba a tener la misma calidad que la analógico, pero llego un momento en que muy rápido lo supera en calidad” y agrega “capaz nosotros no nos damos cuenta pero fue todo una revolución, en muy pocos años se pasó de algo analógico a lo digital. Incluso con los celulares mismos pasa, quien se podría imaginar que un teléfono móvil podría tener tan buena imagen que incluso llega a superar a muchas cámaras familiares”

“La fotografía analógica no tiene mucha rentabilidad hoy en día, pero es muy usada como hobby. En esta renovación de lo analógico aparece gente que conocen la fotografía digital pero encuentran fotos viejas y se le despierta cierta curiosidad por este estilo y la calidad sobre todo”, explica Ramírez, quien abrió su taller para mostrar alguna de los materiales que se utilizan para el revelado de la fotografía.

Para finalizar, dice que: “lamentablemente también se perdió la fotografía de papel, porque se perdió el acto de tocar, palpar y sentir una foto. La gente dejo de ver así las fotos, se ven a través de una pantalla y se desaprovechó todo lo que se formaba a partir de una fotografía. Era una costumbre”, concluye el Chino Ramírez.

“Lo básico que tiene una cámara analógica aumenta la creatividad”

Gabriel Ghiggeri, es de la nueva generación, de esos fotógrafos que tendría que vivir la era digital plenamente pero elige siempre la cámara antigua. Es conocido por sus videos y sus producciones a bandas locales, los retratos y el blanco y negro son sus mejores creaciones.

“Cuando comencé a estudiar no tenía una cámara digital, era uno de mi abuelo que le compre rollos y empecé a practicar con eso. Si bien el digital abarato muchos costos, y permite una democratización” explica Gabriel.

Además explica que: “Cada cámara es un instrumento, y te obliga a trabajar de diferentes maneras. Con el celular lo veo de una manera, con la digital se puede gatillar más y con lo analógico se tiene más precisión y te da mejor resultado, pero más allá de eso siempre te obliga a estar más atento a la imagen que se quiere captar” y añade: “el film tiene un lugar más especial, incluso los grandes fotógrafos se van dando cuenta de esto. Hasta suele ser más divertido”

“Muchas veces los fotógrafos usan de excusa el no tener el equipo completo o actualizado para realizar tal trabajo y con la cámara analógica se reduce todo a lo básico y a lo simple como la luz de ambiente, el momento y la obturación y diafragma. Muchas veces se encuentra en lo más limitante el mayor grado de creatividad” finaliza Gabriel Ghiggeri.