Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/151368

Cruce de palabras fuertes en la apertura de la Feria Internacional del Libro

La apertura de la 43a. Feria Internacional del Libro (FIL) estuvo marcada por las declaraciones fuertes. La situación de la industria editorial, después de un 2016 en que las ventas de libros cayeron “entre un 15 y un 20 por ciento”, según dijo en su discurso el presidente de la Fundación.

El Libro, Martín Gremmelspacher, fue el eje. Luego de palabras que describieron sin atenuantes el presente del negocio editorial, a su turno, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, apeló a una salida irónica: “Conmigo no, Martín”, parafraseó a Beatriz Sarlo, para luego enumerar las acciones de estímulo que lleva adelante la cartera que encabeza y hacer referencia a una situación económica que empieza a reactivarse.

“Conmigo no”, contestó el ministro de Cultura al sector editorial, que dijo que sus problemas se agravaron.

El discurso central de la inauguración, a cargo de la escritora Luisa Valenzuela, también tuvo potencia. Se centró en el lugar de la mujer en la cultura y en el deber de combatir la era de la “posverdad”. Entre personalidades y funcionarios también la escuchaba el ministro de Cultura porteño, Angel Mahler, que antes había subrayado la política de estímulo para las bibliotecas públicas porteñas.

El rol de la mujer en la cultura

En su presentación, titulada El poder de la palabra, Valenzuela se declaró como “portavoz de las escritoras argentinas, pasadas y presentes, muchas de las cuales merecerían formar parte de los cánones que hasta hoy las ignoran”. Y, en ese sentido, destacó la figura de Elvira Orphée y María Granata.

“Impera la posverdad, esa “mentira emotiva” nacida para modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables, esa lengua de madera (a decir de los franceses) especial para construir discursos engañosos, que llegan a convencer porque resultan atractivos, tranquilizadores, o quizá ¿convenientes? La era de la posverdad. Qué tremenda definición para los tiempos actuales. Tiempos de un ubicuo Moloch, ese monstruo bíblico con panza de fuego que traga a los nuevos desamparados y los multiplica: trabajadores desplazados, estudiantes, docentes, investigadores, inmigrantes, hasta mujeres, porque nos están convirtiendo en una población de riesgo”, interpeló.

En ese contexto, destacó a la Feria como una oportunidad para el debate y el pensamiento. Y, actualizando a Chéjov, propuso al intelectual no como alguien que resuelva los problemas sino que ayude a plantearlos correctamente. Los intelectuales “son quienes ponen un signo de pregunta ante las certidumbres de los poderosos”, resaltó. Evocando palabras de Carlos Fuentes en cuanto a todos los significados del libro, también pidió por una educación “pública, laica, en paz y sin discriminaciones”. Pareció aludir a una polémica de los últimos días.

Habló de “discursos sin filtro que avalan femicidios” y remató: “La lucha por la defensa de nuestros legítimos derechos se entabla desde todos los frentes, y la fuerza de la palabra es un elemento crucial que atraviesa cada uno de ellos”.

Comienzo tenso

Antes había tenido lugar el contrapunto entre Gremmelspacher y Avelluto. El titular de la Fundación El Libro planteó que pese a que el ministro conoce la actualidad sectorial, por su pasado en la industria, hay problemas que continúan y “los que teníamos se han agravado y han surgido otros nuevos”.

Gremmelspacher aludió a la baja en el consumo, pidió que se libere el pago del IVA en la compra de papel para las editoriales -beneficio perdido en los ‘90- y advirtió sobre el peligro de un impuesto que habría propuesto el Ministerio de Economía y que gravaría al libro nacional con un IVA del 19%. El editor también pidió recuperar el volumen de compras de libros que solía realizar el Ministerio de Educación y que se redujo el año pasado.

Por momentos a un paso de enojarse, Avelluto respondió. “Esta no es la peor crisis de la industria editorial. No hay ningún tiro de gracia en ningún lugar sobre un sector que es enormemente pujante, que en muchas situaciones peores, dictaduras, hiperinflaciones, megadevaluaciones, logró salir adelante”, enfatizó. Apeló a la innovación y la salida al mundo para volver a crecer. Y mencionó varios programas en marcha: desde la ayuda que Cultura les dio a 58 libreros de distintos puntos del país para que participen en las Jornadas Profesionales en la Feria, hasta los 12 millones de pesos que se canalizaron para la compra colectiva de libros en bibliotecas populares. Mencionó, también, más de 20.000 libros que llegarán a las casas con la entrega de viviendas sociales este año. Y, en un extenso repaso, sumó la compra de “casi medio millón de libros infantiles para el programa El Estado en tu barrio”.

En ese eje adelantó que el Ministerio facilitará el traslado de editores y autores a ferias internacionales, como Liber, en España, que tendrá a Argentina como invitada en octubre, o la de Bogotá, el año próximo. “Con un criterio de selección que no sea el de la simpatía partidaria que se utilizó a lo largo de los últimos 12 años en nuestros país”, recalcó. Entre otros logros, como el crecimiento del acervo de la Biblioteca Nacional, centró entre los objetivos de su cartera “reducir prejuicios y generar mecanismos de transparencia”, incluyendo una referencia a los cambios que se llevan adelante en el Incaa. Dos miradas anoche chocaron de frente.

Joyas, clásicos, ofertas e historietas

La feria se camina. Los visitantes saben que parte de la gracia del paseo reside en ese vagabundeo sin rumbo por los pasillos -un ambiente rumoroso- para descubrir, de tanto en tanto, algo que atraiga la atención y nos despierte del letargo: una tapa llamativa, un nuevo autor o una novedad de otro ya consagrado, incluso una oferta apetecible o un buen cómic. Hay pasillos y stands que producen un deja vu inevitable, pero también novedades, stands que estrenan imagen, y también tendencias. Los stands de las grandes editoriales -entre ellas, Planeta y Penguin Random House- exhiben en sus carteles y fotos a sus autores más renombrados y pilas de libros que parecen recién salidos de imprenta. Pero ganan terreno los de las nuevas editoriales independientes, que se multiplican fuera y dentro de la Feria.

Agrupados por stand y precios

En la Rural -45 mil metros cuadrados-, éstas decidieron agruparse en stands, como el de la nueva librería La Coop, que reúne a sellos como Alto Pogo, Evaristo Editorial, Paisanita Editora, Conejos, China Editora, Clase Turista y Mágicas Naranjas. Entre las novedades exhibidas está Nunca corrí, de Leonardo Oyola, que sale 350 pesos; aunque hay títulos a partir de 160 pesos y la mayoría no supera los 220 pesos.

El stand de Los Siete Logos nuclea a editoriales como Adriana Hidalgo, Katz, Eterna Cadencia, Caja Negra, Mardulce, Pípara y Beatriz Viterbo. Allí se puede encontrar Un cementerio perfecto, de Federico Falco, a 280 pesos o la trilogía de Antonio Di Benedetto (Zama, El silenciero, Los suicidas), a 399 pesos.

En el stand de Océan, otra joyita: la compilación de todas las letras de Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016; en versión bilingüe y con tres colores a elección a 790 pesos. Las crónicas de Dylan se venden a 399 pesos y Tarántula -una colección experimental de prosa poética escrita entre 1965 y 1966- a 299 pesos. Riverside Agency tiene la ya clásica colección de Narrativa y Narrativa de Bolsillo de Anagrama a precios que oscilan entre los 200 y 300 pesos.

Este año ofrece los títulos de varios de los invitados a esta edición. La esposa joven, de Alessandro Baricco, se vende a 245 pesos. Los títulos del alemán Bernhard Schlink -El lector (275 pesos)- y Mujer bajando escalera (295 pesos)- son algunos de los más pedidos. También está Farándula, de Marta Sanz (Premio Herralde de Novela), que llega a mediados de mayo a presentarlo.

Saldos, retazos y comics

Las mesas de saldos también son numerosas. La de Eudeba bate récords con sus libros a 40 y 50 pesos. En Ediciones del Libertador hay clásicos por 70 pesos, o dos por 180 pesos: tiene títulos de obras de Shakespeare o Nietzsche, pero también El Principito, y una colección de tapa dura con casos de Sherlock Holmes. Los infantiles como Caperucita o Cenicienta, de tapa dura, están a 40 pesos. “A nosotros nos va bien cuando hay recesión” dice Raúl Paviolo, titular del stand. Mientras tanto, los stands dedicados a comics, mangas, novelas gráficas y series están a la orden del día. Uno de más impactantes es el de Plan T Comics, que tiene llamativos libros de tapa dura importados de Superman, Batman, Flash o la Mujer Maravilla. Hay revistas de súperhéroes desde 40 pesos y hasta volúmenes para coleccionistas, que rondan los 900 pesos. “Los adolescentes vienen mucho pero cada vez más adultos se copan con los cómics”, cuenta Agostina, vendedora del stand. Están Larp Ediciones, especializado en manga japonés, A4 Editora y Elektra Comics, que tiene los clásicos eróticos de Milo Manara a 70 pesos. Varios ofrecen los cómics y tomos de la serie Walking Dead a 280 pesos.