La crisis también golpea al libro
Afectada seriamente por la fuerte contracción del mercado interno y la apertura de las importaciones, la industria del libro en la Argentina se ha sumado a la larga lista de perdedores del modelo económico que impulsa el gobierno nacional. Las ventas en el sector editorial registraron a lo largo de 2016 una caída del 20 por ciento y este año el escenario se presenta igual de desalentador.
Según estimaciones de la Cámara Argentina del Libro, la entidad que agrupa a las editoriales locales, en lo que va de este año las ventas mostraron una alarmante caída de alrededor del 20 por ciento y nada parece indicar que, al menos en los próximos meses, se revierta esa tendencia. Para curarse en salud, la mayoría de las empresas del sector apelaron a la estrategia de reducir las tiradas de libros como una forma de hacer frente al difícil momento que atraviesa la industria local, atribuida al ajuste en los bolsillos de los consumidores que, en épocas de recesión, colocan a los libros en los últimos lugares de las listas de preferencias. Las empresas editoriales, para colmo, también sufren la decisión del Estado nacional de destinar cada vez menos fondos a la compra de libros, desandando el camino iniciado por la gestión anterior, y la apertura de las importaciones que coloca al sector en el grupo de actividades más perjudicadas con esa decisión de política económica, junto con los textiles y las empresas dedicadas al armado de computadoras. En este contexto, desalentador por cierto, la industria editorial argentina se prepara para participar de la 43ª Feria Internacional del Libro que se realiza en la ciudad de Buenos Aires y que abre sus puertas al público este jueves. Si bien esta exposición es una gran vidriera para la industria del libro en la Argentina, los recurrentes giros en las políticas económicas hacen que el actual escenario esté muy lejos de presentarse como prometedor para las empresas del sector, que aguzan el ingenio de sus departamentos de ventas y de marketing para poder capear el temporal. Para algunos referentes de la industria del libro, el mes pasado fue el peor de los últimos cuatro años y fue el entusiasmo de muchos emprendedores del sector lo que hizo que este año no se registre una caída más drástica en los títulos editados. El problema es que, pese a todos estos esfuerzos, se cuentan con los dedos de una mano los que creen que en los próximos meses habrá un repunte de las ventas. La mayoría considera que no habrá recuperación este año y que la presencia de empresas editoras en la Feria del Libro en nada asegura que se detenga la caída en las ventas. Es que en la medida en que se desaliente el consumo interno y se promueva la especulación financiera, es poco probable que la gente se vuelque a comprar textos cuando los esfuerzos del ciudadano medio están centrados en llegar a fin de mes y en cubrir sus necesidades básicas de alimentación y salud. Como se dijo, otro elemento que impacta en forma negativa en el sector editorial es el incremento en la cantidad de importaciones de libros. Según las cifras de la Cámara Argentina del Libro, el ingreso de textos desde el exterior pasó de 40 millones de dólares en 2015 a 78,6 millones de dólares en 2016.
Es necesario adoptar medidas para evitar que se profundice la crisis que golpea al libro en la Argentina, que supo ganarse reconocimientos en distintos mercados de habla hispana gracias a la calidad de las obras editadas; pero que ahora, lamentablemente, se ve obligado a replegarse ante la falta de una política económica que apuntale a este importante sector de la industria cultural.










