Reunión de Macri-Trump con más interrogantes que certezas
El presidente Mauricio Macri partió hacia los Estados Unidos para mantener este jueves la primera reunión bilateral con su par norteamericano, Donald Trump, en la Casa Blanca. El viaje se enmarca en el giro en la política exterior que impulsa el gobierno de Cambiemos y plantea muchos interrogantes por la colisión, al menos en términos discursivos, entre el proteccionismo que enarbola el magnate norteamericano y la prédica a favor de la globalización y la apertura comercial que promueve el mandatario argentino.
A juzgar por el reacomodamiento de piezas que se advierte en el tablero internacional y más concretamente por el cierre de fronteras que promueve Trump, es muy poco probable que el encuentro se traduzca en anuncios económicos de relevancia y favorables para la Argentina. En el mejor de los casos, el gobierno nacional podrá exhibir la foto de la reunión de ambos mandatarios como una muestra del llamado “regreso al mundo” que pregona, pero difícilmente sea la antesala de la anunciada lluvia de inversiones que, dicho sea de paso, demora en llegar. Debe recordarse que en el entorno del presidente Macri, en lo que se refiere a política exterior, habían puesto sus expectativas en la llegada de Hilary Clinton como sucesora de Obama, pero la realidad fue otra y la presencia del polémico magnate en el Salón Oval obligó a la Casa Rosada a replantear en cierto modo los términos de la relación con los Estados Unidos. Como si esto fuera poco, la sorpresiva -y apresurada, para algunos- renuncia del embajador argentino en Washington, Martín Lousteau, para postularse en la ciudad de Buenos Aires, cuando faltaban relativamente pocos días para la cumbre entre ambos mandatarios, dejó un sabor amargo en la gestión nacional que apostaba a mostrar un perfil más sólido en la relación bilateral, como una forma de dar más sustancia a su teoría de la atracción de inversiones.
Existen más dudas que certezas sobre lo que puede esperar hoy la Argentina de Macri con su realineamiento con los Estados Unidos. De hecho, la visita al país del entonces presidente Barack Obama en marzo del año pasado no dejó mucho más que su carismática presencia y la posterior derrota de Hillary Clinton en las urnas, que cayó ante el imprevisible Trump, disolvió de la noche a la mañana los planes iniciales del macrismo -que había expresado en forma explícita su apoyo a Clinton- de acoplarse a la primera potencia económica mundial con una Casa Blanca encabezando los postulados de libre comercio a escala mundial. Hoy el mundo no es como habían imaginado Macri y sus asesores: tanto el Brexit en el Reino Unido como Trump del otro lado del Atlántico pusieron en duda los postulados del libre mercado, apostando unos por la salida de la Comunidad Europea y otro por el retiro de EEUU del Acuerdo Transpacífico. Con esas piezas desplazándose en el escenario global, el gobierno argentino padece el problema resumido en la conocida frase “cuando aprendimos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”, y ahora se ve obligado a hacer un nuevo equilibrio frente a la prédica proteccionista del anfitrión norteamericano que no se quedó en pura retórica, sino que se tradujo en medidas concretas como la prohibición de ingresos de limones argentinos producidos en Tucumán y las restricciones que impuso a las visas otorgadas a argentinos.
Con una balanza comercial inclinada a favor de EEUU, la relación bilateral entre ambos países muestra para la Argentina un déficit de casi 3.000 mil millones de dólares, hoy nada indica que Trump tenga intenciones de matizar su proteccionismo para atenuar ese desequilibrio y favorecer a nuestro país. La historia reciente enseña que la apuesta a la subordinación a las políticas de la Casa Blanca, en detrimento de la relación con los países de la región, no siempre se tradujo en resultados positivos para los intereses de la Argentina, y así ha quedado demostrado con la política exterior -similar a la actual- que se ensayó sin éxito en los años 90.










