Inundaciones, la mayor amenaza natural
Las inundaciones son la mayor amenaza natural que enfrenta la Argentina, y representan el 60 por ciento de los desastres naturales y el 95 por ciento de los daños económicos, según advierte un informe del Banco Mundial que anticipó el drama que viven muchas ciudades de distintos puntos del país.
Localidades de Jujuy, Salta, Formosa, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Córdoba, La Pampa, Buenos Aires y Chubut, entre otras provincias, que nunca antes habían padecido importantes anegamientos, no al menos en su historia reciente, se vieron afectadas en las últimas semanas por intensas precipitaciones que dejaron un saldo de más de 25.000 afectados y casi 9000 evacuados. Para los especialistas del Banco Mundial, el problema tiene múltiples causas: urbanizaciones no planificadas, construcciones que obstruyen los sistemas de escurrimiento natural del agua de las lluvias y el peligroso avance de la deforestación. Todo esto, sumado a los efectos del calentamiento global que se observa en un cambio en el régimen de lluvias (el volumen de lluvias se incrementó un 20 por ciento entre 1961 y 2010, según el Banco Mundial), se traduce en precipitaciones intensas que tienen efectos devastadores sobre la población. En ese sentido, un reciente informe del Servicio Meteorológico Nacional reveló que muchas localidades registraron récords de lluvias diarias o mensuales, como Río Colorado, en la provincia de Río Negro, con 154 mm en menos de 24 horas, o Perito Moreno, en Santa Cruz con casi 90 mm en el mes. De acuerdo a los datos de este servicio nacional, la ciudad de Santa Rosa, La Pampa, acumuló en marzo 331 mm, lo que representa todo récord para el mes; en Puerto Deseado, Santa Cruz, las precipitaciones alcanzaron los 114 mm en marzo, casi 30 mm más que el récord anterior, y Comodoro Rivadavia, superó los registros máximos con 232 mm en un solo día y 320 mm mensuales.
La Organización Mundial de la Salud, por su parte, advierte que las inundaciones representan una serie amenaza para la salud ambiental, dado que desborde de agua contaminada que se produce en estos casos de desastres naturales, así como el anegamiento y las aguas estancadas favorecen la migración de roedores y la reproducción de mosquitos. Además, la exposición permanente a las aguas contaminadas facilita la aparición de casos de tétanos, gripe, neumonía y otras enfermedades causadas por el frío. Es por eso que, ante estas situaciones de emergencia, es imprescindible que adopten medidas de prevención para reducir los riesgos sobre todo en los sectores más vulnerables de la población. Las inundaciones también tienen un fuerte impacto en las economías regionales. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, las intensas precipitaciones caídas en el año 2015 afectaron más de 800.000 hectáreas y provocaron la pérdida de casi 6000 cabezas de ganado, lo que sumó daños por más de 650 millones de dólares. El problema es que es alta la probabilidad de que las lluvias extremas y el desborde de ríos se repitan en varios puntos del país lo que coloca a muchas ciudades que fueron construidas en los valles de inundación de importantes cursos de agua, en el marco de un crecimiento urbano desorganizado, en una situación de alto riesgo. El informe del Banco Mundial, publicado a fines del año pasado, indica que el costo de las inundaciones ribereñas representa el 49 por ciento del anual total por desastres naturales, mientras que el de las inundaciones urbanas significa otro 46 por ciento. Se estima que, en total, los daños causados por el agua equivalen cada año al 0,7 por ciento del producto bruto interno (PBI) del país.
Una suma de factores, entre los que el cambio climático es uno más, colocan hoy a varias localidades argentinas ante el riesgo de sufrir inundaciones. Si se tiene en cuenta que, según el Banco Mundial, entre 2001 y 2014, la Argentina perdió más del 12 por ciento de sus zonas forestales, lo que equivale a perder un bosque del tamaño de un campo de fútbol cada minuto, es necesario tomar conciencia de la importancia de detener la deforestación, y no seguir cometiendo el error de avanzar con desarrollos urbanísticos que impacten en forma negativa sobre el ecosistema.










