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La Unión Europea con más dudas que certezas

Europa conmemora este martes los 25 años del Tratado de Maastricht, piedra angular del proceso de la integración del bloque regional, en medio de un clima enrarecido por la creciente desconfianza hacia el mercado común y la moneda única, dos de los principales pilares de la Unión que hoy parece haber perdido aquel entusiasmo inicial que postuló un acercamiento más estrecho entre los pueblos del viejo continente.

Un día como hoy de 1992, una docena de Estados europeos firmaron el histórico tratado en el palacio de gobierno de la provincia de Limburgo, en la antigua ciudad de Maastricht ubicada al sur de los Países Bajos, marcando un hito fundamental en el proceso de integración de la Unión Europea. A un cuarto de siglo de aquella fecha, los ánimos pro europeos ya no son los mismos.

El escepticismo sobre el futuro de la integración regional creció tras la crisis de la moneda única y se acentuó con la decisión del Reino Unido de abandonar el bloque. Y como si estos problemas no bastaran, la reciente asunción del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sumó aún más incertidumbre ya que desde el primer momento que ocupó la Casa Blanca el magnate no hizo más que ratificar sus medidas proteccionistas y reiterar su hostilidad manifiesta hacia el viejo continente, razones por las cuales fue considerado como “una amenaza” para los intereses de la Unión Europea, como lo señaló hace poco el propio presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk.

El sueño europeo vive por estas horas una pesadilla con los fantasmas recurrentes del terrorismo internacional y la supuesta “amenaza” inmigratoria que infunden temor en ciertos sectores de la población del viejo continente y que ha dado lugar al resurgimiento de partidos políticos de extrema derecha con Marine Le Pen, en Francia, Geert Wilders en Holanda, Frauke Petry en Alemania, Nigel Farage en Gran Bretaña, y Matteo Salvini en Italia, entre otras figuras polémicas que proponen el cierre de las fronteras y levantan las banderas del proteccionismo y la xenofobia.

Frente a ese difícil y complejo escenario, la jefa comunal de la ciudad de Maastricht, Annemarie Pennte Strake, cree que es posible revertir el clima de euroescepticismo y reavivar el espíritu de la unión regional profundizando el concepto de ciudadanía europea, como lo marca la legislación comunitaria; reforzando la competencia institucional de Bruselas y especialmente de la Eurocámara para consolidar la unión, como una forma de responder a los desafíos que presenta la salida del Reino Unido y la moneda única.

Por su parte, el gobernador de la provincia de Limburgo (Países Bajos), Theo Bovens, testigo directo de la euforia que se vivió en Maastricht hace un cuarto de siglo, reiteró esta semana su convicción de que no se necesita “menos Europa sino otra Europa” y que se debe evitar que frente a este enorme reto algunos países sigan demasiado cerrados sobre sí mismos en lugar de abrirse a la comunidad regional.

Consultado sobre este asunto, el secretario de Estado francés de Comercio Exterior, Matthias Fekl, sostuvo que la Unión Europea debe romper con su subordinación hacia Estados Unidos y aplicar el principio de reciprocidad en las relaciones bilaterales a fin de poner límites a las pretensiones del presidente norteamericano, Donald Trump. Según Fekl, en estos tiempos de globalización ninguna nación puede esperar un futuro mejor aislándose del resto de mundo como plantea el nuevo jefe de la Casa Blanca.

Este es un año electoral decisivo en muchos países de Europa, y algunos analistas políticos consideran que ante el crecimiento de los partidos de extrema derecha y el resurgimiento de los nacionalismos lo más conveniente no es medir a todos los miembros de la Unión Europea con la misma vara, sino plantear la posibilidad de una integración del bloque regional a dos velocidades. Este nuevo aniversario del Tratado de Maastricht plantea a los europeos el dilema de mantener la unión o abrir las puertas a un peligroso desmembramiento que terminará restando protagonismo al viejo continente en el concierto internacional.

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