Resistencia22°Min. 18° • Max. 23°

La señora de los arbolitos

Profesora de yoga y payamédica, Carolina Sbárbaro cuenta cómo es regalar más de 100 plantines por semana. Habla de su historia de vida, de su libro, de sus gustos y abre las puertas de su casa para mostrar un modelo y estilo de vida saludable.

Texto de Mariel Luna

Fotos de Fabián Mandonado

FOTO12.jpg

“Es muy duro poder asumir la responsabilidad. Y es muy difícil llegar a la comprensión de que esta realidad que enfrento está hecha a mi medida, aparece en mi vida para un aprendizaje y no es un castigo”, dice un apartado en el capítulo “Creo mi realidad” del libro “Aprendizajes” (con los Brazos Abiertos), escrito por Carolina Sbárbado, más conocida mediáticamente como la mujer que regala plantines.  Es ella, la profesora de yoga y payamédica –entre sus múltiples actividades- la que cuenta en esta entrevista cómo fue su proceso de aprendizaje para cultivar su actual estilo de vida.

Cuenta que nació en Montevideo, Uruguay en la década de los 60, que vivió en Canelones y que a los 14 años se mudó a Argentina con sus padres. Que se casó siendo muy joven, a los 17 años, que tiene tres hijos, que  se divorció y hace bastante tiempo comparte sus andanzas con Osvaldo Estragó. Que les gusta viajar, y que en cada aventura prefieren los espacios naturales: “Nada de ciudad ni de shopping”, subraya. Además, cuenta y muestra que cuando viaja con su compañero traen animales de peluche de recuerdo, a ella le gustan los animales y a Osvaldo los peluches: los hay de Alaska, de Nueva Zelanda, de Hawái, de México y más.

Dice ser una respetuosa de los ciclos de la naturaleza, y una amante del fluir natural de las cosas. Entre otros aspectos como la alimentación consciente, sostiene con su práctica ideas como la de reciclar y reforestar.

Estudió Análisis de Sistemas y trabajó de eso durante 25 años. Después empezó a practicar yoga como alumna y le encantó.  “Entonces fui dejando un poco la computación hasta que la  dejé del todo, me recibí del profesorado y esa es mi profesión ahora”, dice. Hace unos años comparte actividades en su casa “Brazos Abiertos” (ubicada en Saavedra 667, en cuya vereda están disponibles los plantines), donde vive y da clases. Lo demás, lo cuenta con su propia voz.

-¿Cómo surgió la idea de compartir las plantas?

-En el patio del fondo y en la casa de Corrientes crece mucho más de lo que puedo tener, entonces caen semillas, nacen arbolitos y como ya no puedo tener más, en vez de arrancarlos, los pongo en botellitas y las saco a la vereda. Comencé hace  cuatro o cinco años. El año pasado puse una publicación en Facebook pidiendo envases porque se me habían terminado las botellas descartables. Y eso de reciclar y reforestar prendió mucho. De lunes a domingo había arbolitos en la vereda.

Hace poco subí otra publicación que se viralizó más todavía, muchísimos compartidos y pensé que una de las frases que más prendió fue la que decía que, como  a mí me duele mucho cuando cortan árboles, en vez de entristecerme o enojarme, decido regalar y plantar árboles (es tan simple que caiga una semilla y nazca un árbol), y después de esta publicación, recibí mensajes de todas partes del país y del mundo pidiéndome.

-¿Creés que tenés una relación especial con las plantas?

Sí, yo las amo. Voy por mi jardín, miro los brotecitos y lo hago con mucho cariño. Hay gente que dice que si uno quiere a las plantas crecen más. Para mí es muy simple y cuando me preguntan qué hago distinto del resto de la gente, les digo que no uso venenos (tengo montañas de hormigueros, babosas y caracoles que todo el mundo combate), no corto pasto con máquina, así que arbolito que nace, arbolito que crece; me gusta investigar y cuando veo algo que no conozco consulto a biólogos y entonces identifico especies. Me gusta más cuando son nativas, un concepto que antes no tenía. Los pajaritos también contribuyen trayendo semillas, y después en vez de tirar las semillas de las frutas o verduras, las planto. También tengo un compost, y saco arena de la casa de Corrientes.

Una cosa que tampoco hago es regar. De repente me regalan una orquídea, y yo les digo: mirá la pongo en el árbol, si quiere vivir, vive y si no, no vive, pero no la voy a cuidar, si es de acá va a crecer.

FOTO-2.jpg
Carolina iniciando la temporada de verano, limpia la laguna en su casa de campo en Corrientes.

-¿La repercusión que tuviste es la que esperabas?

-No. Lo de regalar plantas lo hago hace cuatro o cinco años, pero gracias a eso surgieron cosas muy lindas: desde la gente que trae los embaces lavados y cortados: del Centro de Convenciones hay un muchacho que  junta y me trae las botellas. Todo el tema del reciclaje para mí es importante. Sería bueno que lo hagan los viveros también.

-¿Cuándo y cómo surgió Brazos Abiertos?

-Estamos en esta casa desde el 2005. Antes de eso ya teníamos charlas, en este entonces estábamos con una corriente espiritual que se llama Metafísica que fue dejando paso a lo que es espiritualidad, sin dogmas, sin leyes, sin reglamentos. Pienso que uno puede tener una vida espiritual, ser una buena persona sin necesidad de estar en ninguna religión, de modo que no me califico de atea ni de religiosa. En ese entonces ya hacíamos yoga y reiki, luego  empezaron a sumarse actividades, y una de las personas que vino dijo “esta es una casa de brazos abiertos”, y así fue que le pusimos el nombre.  No es una fundación, es mi casa en la que vivimos con mi marido, que tiene un nombre con un cartelito en la vereda.

El lugar ofreció a lo largo de su historia espacio para grupos de autoayuda para personas con cáncer y para personas en duelo;  taichí y durante cinco años funcionó en el primer piso un albergue gratuito para quienes venían a tratarse al hospital. Se hacían retiros de silencio, charlas, clases de biodanza, cursos de yoga, de fotografía, talleres de constelaciones familiares, cursos de decodificación biológica y  de Payamédicos, talleres de payasos. Y como todo en la vida, algunas actividades duraron un año, otras, más tiempo. Nosotros dejamos fluir.  Van surgiendo cosas, siempre y cuando estemos de acuerdo y que sean actividades que ayuden a uno y a su relación con los demás.

Yo tengo el convencimiento de que cuando se propone cosas buenas, todo fluye y se va dando sólo. Empieza a aparecer gente que te facilita cosas, que colabora, son como señales del universo.

FOTO5.jpg
Entre otros aspectos como la alimentación consciente, sostiene con su práctica ideas como la de reciclar y reforestar.

-¿Qué lugar ocupa la alimentación?

-Hace 12 años que somos vegetarianos y que prácticamente no comemos harinas, tampoco azúcar, sal, alcohol ni cigarrillos. El cuerpo se siente mejor. Hace 18 años que no voy al médico, 12 que no tomo ni siquiera aspirina. A mí me funciona, cuando alguien me pregunta le cuento pero no ando arruinando asados ni nada. Durante dos años cociné comida congelada para vender. Mientras iba cocinando escribí un libro que está online, donde iba poniendo recetas de tartas, de hamburguesas vegetarianas.

-Y parte de esto está en tu libro…

-Aprendizajes es un libro de autoayuda, fue editado en el 2011, y en  capítulos individuales yo fui contando experiencias personales, desde problemas con parejas violentas, conflictos con los hijos, sentimientos de rencor, temas como armonización, meditación, yoga. Me pareció que parte de esto era lo que yo le contestaba a la gente en las consultas y me surgió hacerlo en forma de libro. También hay anécdotas y relatos de viajes. Hice una tiradita pequeña y también está disponible en internet.

Payamédica

“Lo de ser payamédica surgió cuando trabajábamos con una fundación que se llama Equilibrio, que acompaña a pacientes con cáncer”, comenta. En ese entonces, la doctora que  coordinaba los grupos se comunicó con los Payamédicos y empezaron a dictarse cursos en su casa. Carolina y su marido hicieron el curso en el 2009 y desde entonces ejercen la profesión.  “Es una cosa muy grata, muy emotiva y de mucha responsabilidad también, porque ellos como institución tienen un reglamento muy estricto que hay cumplir: desde los colores de la ropa, hasta qué se dice y qué se hace. Es una tarea voluntaria que me encanta”, comenta.

FOTO4.jpg
A la izquierda, Carolina realizando una intervención como payamédica.

Sobre esta práctica, resalta dos aspectos: “Uno es que aprendemos a reírnos de nosotros mismos y a no tener vergüenza a sacar el niño interior, de repente hay gente que hace el curso y después no ejerce, pero hace mucho bien en lo personal”, dice por un lado, y por otro, explica que en referencia a lo que son los pacientes, el payamédico es un agente de salud: se trabaja con la payaética y la bioseguridad, con toda una preparación previa. “Los mismos médicos con el transcurso de los años se van dando cuenta de lo que es nuestra labor,  porque no se trata de ir a actuar para que el paciente se ría; se trata de interactuar para lograr algo, para sacar de ellos  lo que ellos quieren que salga, aunque muchas veces no tengan ganas de jugar; y a eso también hay que respetarlo“, dice.

Te puede interesar