Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/147697

Como en los mejores tiempos: un “coscoinazo” se vivió en la segunda luna

Entre las Voces de Orán y Los Manseros Santiagueños extendieron el fervor de la plaza Próspero Molina y la madrugada del domingo parecía iluminada por las grandes canciones que fueron, son y serán emblema de nuestro cancionero popular. Ellos cerraron la noche denominada de los clásicos pero en realidad fue la luna del “coscoinazo”, como en los mejores tiempos, donde se bailaba por todos los rincones, y los abrazos de la amista y la gratitud se desvanecían para tararear esas letras que pone el alma a cielo abierto.

(Por Pedro Jorge Solans especial para NORTE) - Los pañuelos al viento y los vasos a medio vacíos afloraban en cada recuerdo ¿El tiempo había retrocedido o era la vigencia de lo nuestro, con guitarra y bombo, violín, charango y vientos? La plaza Próspero Molina se puso el cambio al hombro y la gente tuvo lo que fue a buscar. 

 Los Manseros Santiagueños recibieron cerca de las tres un público endemoniado, calentito, contento, celebratorio. Venía de encenderse con una actuación excelsa de La Voces de Orán que sólo le bastaron veinte minutos para emborrachar y arengar a los duendes. Los Manseros creyeron que era la noche de ellos pero cuando se vieron en el centro del fuego sagrado no tuvieron tiempo de contrariarse y cuan genios que son siguieron para adelante  y en la profundidad de las primeras horas de ayer lunes la gente los ovacionó y las plateas de pie escribieron una página más de  la leyenda mansera que había empezado antes con las chacareras de Florencia Paz, la sangre nueva de una tradición. 

Los Manseros Santiagueños fueron el gran imán del fervor de la madrugada. Antes, la evocación de viejas canciones encontró varios intérpretes.

El “coscoinazo” fue una convención de recuerdos donde las canciones que están a flor de labios de todos los argentinos fueron cantadas para que siguieran  vigentes y ocuparan su lugar en el templo del folclore.

La segunda luna se asomó temprano convocada por uno de los líderes de la comunidad violinera, y al ritmo del santiagueño Néstor Garnica se posó sobre el mítico escenario que luce en esta edición una escenografía excelsa donde el arte le ganó al marketing publicitario. Como es natural, Garnica puso su violín en llamas y las chacareras exacerbaron el ánimo festivalero.

Garnica se fue entonado y la plaza, a esa altura en un 60 por ciento colmada empezó a mostrar indicios que iba a ser una noche especial, de hechizos y emociones.

Las evocaciones tenían que estar presente porque el clima lo reclamaba armónicamente. Los vasos se recargaban y las miradas hacia el cielo se reiteraban cada vez más y Los Cuatro de Córdoba, se dieron cuenta que algo había rondando en el ambiente y asumieron el rol que mejor le sale al grupo cordobés: Marcar la cancha, mostrar el orillo cordobés, traer a colación las figuras que son parte del acervo doctoral. El vocero del cuarteto tradicional, Víctor Hugo Godoy dijo que Agustín Tosco era un sindicalista de verdad.

Pero también los cordobeses no quisieron bajarse del Atahualpa Yupanqui sin nombrar a Horacio Guarany, como más tarde lo harían las Voces de Orán que le pidieron que baje del cielo un tinto caliente, “…que no sea desgraciado, y que se junara con Jorge Cafrune y Mercedes Sosa.” Es que los duendes no daban respiro.

Desde 1975 Opus Cuatro ocupa un lugar relevante entre los grupos vocalistas de nuestro cancionero y volvieron al templo de don Ata, y mostraron su vigencia pero se enojaron porque no tuvieron tiempo de despedirse.

Y de repente la plaza se cayó, y demostró que quiere bailar pero que también puede, y desea escuchar. El joven cuyano Carlos Méndez  evocó al uruguayo Alfredo Zitarrosa y con cuatro guitarras acompañó los versos de  uno de los referentes más importantes de la música latinoamericana.

César Isella regresó con 60 años caminando la música, y recorrió su repertorio  acompañado de un grupo musical extraordinario integrado por el solista de David Miranda (Daniel Homer, guitarra, y Lucas Homer, bajo, estaban en la banda), y tras convocar al espíritu de Guarany cerró con Canción con todos, sin antes meter la pata como suele hacerlo: Pidió al público un aplauso para Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos de la Nación. La respuesta de los presentes sin embargo no fue la esperada por el artista pero además no estaba. Asistió para la apertura. “Pueden silbar también si quieren. Esto es la democracia”, dijo.

El canto nativo

Tomás Lipán y Rubén Patagonia testimoniaron sobre la tragedia tehuelche y convocaron a la mapuche Soraya, para que hablase de los momentos difíciles que atraviesa la comunidad en estos días.

Y luego Los Siempre Tucu,  (Con Roberto Pérez y Coco Martos en el conjunto) y abrieron un racimo grande de zambas tan reconocidas. Tras ellos apareció el mendocino Marcelino Azaguate, con canciones frescas,  y la danza del Negro Valdivia, Laura Giastiagini y Ariana Andreoli.

Y  el Polo Román hizo revivir los legendarios Chalchaleros, acompañado por la voz de Félix Saravia, sobrino de Juan Carlos. Eran “los Chalcha” y la gente celebró.

 La noche de Abel Pintos

Tras estar ausente en la pasada edición, Abel Pintos se presentará esta noche en el encuentro de música folclórica más importante del verano cordobés.

La presencia de Abel Pintos y Jorge Rojas, que actuara mañana son la novedad más destacada del Festival de Cosquín  que se realizará del 21 al 29 de enero desde las 22 en la Plaza Próspero Molina.

Además participaran Claudia Pirán, Ganador Pre Cosquín, Un canto de Córdoba hacia el mundo (con Los 4 de Córdoba, Los Guaraníes, Silvia Lallana, Ángel Martín, Román Ramonda y la orquesta de Pelusa Navarro), Ceibo, Nahuel Pennisi, Postales de Provincia: Santiago del Estero, la Delegación de Colombia y Fabricio Rodríguez.