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La luz que Cristo trajo al mundo

La luz que Cristo trajo al mundo es la nueva conciencia de humanidad que implica un giro radical en la conciencia del hombre. Esa nueva conciencia cuyo fundamento son Dios y el prójimo, deberían llevar al ser humano a un nuevo estadio en su manera de relacionarse con sus pares y con la entera creación.

El reino que Cristo anuncia es un reino en el que el amor debería generar un equilibrio perfecto entre creador, creatura y creación. De hecho el relato del jardín del Edén del génesis es ese escenario de perfecta armonía hasta que el hombre rompe ese orden moral y comienza el colapso de la creación entera, hasta que, habiendo renegado de Dios, comete el peor de los pecados transformándose en el homicida de su propio hermano.

Esa es la herida que acompaña al hombre desde entonces, la rebelión contra Dios y contra el hermano. Dios en su plan divino de salvación viene el mismo en rescate del hombre y le abre de nuevo las puertas del cielo, para que esa armonía sea restaurada.

Se hace hombre, siendo Dios, y en su humanidad muestra la imagen de ese hombre nuevo que libre del pecado debía ser irradiación, reflejo, signo y testimonio de una humanidad nueva. En efecto en Cristo está el paradigma de ese hombre compasivo y misericordioso que debe honrar a Dios por sobre todas las cosas y amar al prójimo como a sí mismo.

Esa es la luz que ha alumbrado en el horizonte de la historia humana y la nueva conciencia que debería gobernar la conducta de los seres humanos a partir de esa manifestación.

Sin embargo el hombre sigue empeñado en arraigarse en comportamientos que se oponen completamente a esa nueva conciencia. Y sigue siendo un ser perverso que afirmado en comportamientos egoístas sigue defraudando a Dios y haciendo mucho daño a su prójimo. Por alguna razón el egoísmo aun acapara la conciencia de muchos seres humanos que obnubilados por esta perversión no abren ni sus mentes ni sus corazones a la compasión y la misericordia.

Un ser humano sin compasión y sin misericordia, especialmente con el que sufre, es un ser perverso, vaciado completamente del sentido profundo que debería guiar sus acciones que es el amor. Es por eso también que cuanto más fuerte se vuelve en el hombre el egoísmo mas desconocido se vuelve incluso para sí mismo y vive, por así decir, en un continuo exilio sin advertir que esa opción de vida lo condenara al destierro para siempre. Así, errante en el mundo, vagara errante por toda la eternidad, consumiéndose en su libre opción autodestructiva.

Las puertas del cielo han sido abiertas y la manera de trasponer esa puerta es cambiando radicalmente la mentalidad de ese hombre viejo, materialista, mentiroso, rencoroso, instintivo, vengativo, avaro, envidioso, lujurioso, soberbio , desenfrenado en el sexo, la comida, la bebida, para dar paso a ese hombre nuevo que resplandece en Cristo, el de la mirada y el corazón limpio , que vibra por lo trascendente ; el ser espiritual que tiene puesta su mirada en Dios y desde él contempla toda la creación cual regalo; en el que él se reconoce como la perla que administra la inmensa bondad y la maravilla que Dios le ha dado gratuitamente.

La luz por tanto que Cristo como nueva conciencia humana anuncia con su vida misma es el hombre interior que es incapaz de hacer daño alguno a nadie, incluso al más pequeño de los animales y la más insignificante de las plantas, porque entiende que todo lo que como don ha recibido, como un don debe cuidar y compartir.

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