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Semilla fiscalizada para siembra: la importancia de la certeza en la agricultura

Por Hugo Luis Fernández (Genética Mandiyú)- La afirmación popular y casi bíblica que postula “se cosecha lo que se siembra” denota desde ya una estricta correlación entre causa y efecto. Si esta premisa es correcta, debiera poder aseverarse que el uso de semilla fiscalizada al momento de la siembra es sin dudas un buen comienzo; trataremos de validar esta idea.

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En la actividad agrícola interviene un cúmulo de variables, algunas de las cuales son manejables por el productor, otras son conocidas y previsibles y otras (las menos) son inesperadas y de consecuencias desconocidas.

La tecnología aplicada al proceso productivo ha simplificado operaciones al tiempo que ha maximizado las expectativas y los resultados de la producción, y en ese camino ha ampliado el horizonte de certezas de un proceso que se lleva a cabo a cielo abierto. La tecnología aplicada y la tecnología de insumos son herramientas que apuntan a encaminar el proceso productivo dentro de un contexto de previsibilidad y sustentabilidad, a pesar de las eventuales contingencias. En esta línea de acción, la elección de la semilla es un paso crucial a partir del cual comienza una actividad que debe contar con las garantías suficientes para desarrollar la matriz productiva, en el mayor nivel de previsión y la menor exposición posible a situaciones de riesgo. Una de las garantías esenciales es la relativa al origen y bondad de la simiente elegida. Origen y bondad parecen caracterizaciones amplias y ambiguas, sin embargo contextualizan perfectamente la fortaleza de un concepto fundamental cuando se habla de semilla.

La semilla es el primer recurso tecnológico que el productor aplica dentro de la gestión operativa, es un insumo de alto impacto en el desarrollo del proceso mismo y, como postulamos, en el resultado final también. La semilla fiscalizada tiene como valor dar garantía de calidad. La calidad en semilla fiscalizada conjuga un conjunto de certezas, a saber: de identidad, de pureza, de trazabilidad y de potencial biológico.

Decíamos al comienzo de esta nota que existe aparentemente una estricta correlación entre lo que se siembra y lo que se cosecha. Esta íntima relación fue probada en 1969 por Wanjura y sus colaboradores, en un trabajo científico que establece de manera concluyente e inequívoca este vínculo. El estudio determina que el tiempo de emergencia, en el algodón, tiene una influencia dominante sobre el rendimiento expresado en fibra.

Los investigadores encontraron promedios de rendimientos relativos de 100, 46 y 29% respectivamente para 5, 8 y 12 días de emergencia después de la siembra (dds). El rendimiento se muestra entonces como función del porcentaje de plantas emergidas 5 días después de la siembra.

Ese lapso de 5 días para la emergencia se logra sólo con semillas de muy alto índice de vigor, parámetro que resulta de la suma de los porcentajes de energía germinativa y test frío. Hecha esta observación, queda claro entonces que si decimos que “se cosecha lo que se siembra” no se trata solo de un dicho popular, sino además de un hecho científico, que como se aprecia en algodón fue consistentemente demostrado.

Garantizar calidad

Si bien la semilla fiscalizada debe asegurar un potencial biológico alto, tiene por sobre todo que garantizar calidad. El concepto de calidad en semilla no debe quedar enclaustrado en la idea excluyente del potencial biológico recientemente mencionado, este es una parte, pero está lejos de ser el todo, en especial cuando se habla de semilla de algodón. Dijimos que la condición de “semilla fiscalizada” debe dar garantías. Retomando entonces el concepto de certezas en producción, la condición de fiscalización asegura calidad, y en semillas eso quiere decir reunir cuatro requisitos esenciales.

Identidad, pureza, trazabilidad y potencial biológico

De poco vale tener una semilla con altos índices de potencial biológico si este factor no está acompañado de las otras características cruciales de una buena semilla. El proceso de fiscalización de la producción de semilla vela desde el inicio por estos cuatro componentes, a los que describimos de la siguiente forma: 1. Identidad implica que la población de plantas del lote debe responder con ajuste estricto a las características típicas de la variedad, según el correspondiente descriptor.  2. Pureza exige que la población fiscalizada no presente plantas fuera de tipo (que no haya mezcla varietal) y que se halle exenta de materiales extraños. 3. Trazabilidad permite conocer la historia de un producto (lote de semillas para el caso) a lo largo de todo su proceso evolutivo y de transformación. 4. Potencial Biológico remite a las concluyentes investigaciones realizadas por el doctor Wanjura y su equipo, 47 años atrás. La calidad no es un atributo ornamental en los procesos productivos o en los resultados de los mismos (se trate de sistemas industriales o agropecuarios). Cuando se pretende ser exitoso y sustentable en la producción algodonera es necesario tener presente que un resultado exitoso quiere decir, entre otros aspectos, rendimientos altos con alta y uniforme calidad en la fibra lograda. Ubicarse en el extremo superior derecho del gráfico precedente implica trabajar en el área donde se concentran las garantías de certezas que propone la semilla fiscalizada.

Una semilla de esas características asegura:

1.Rápido y uniforme establecimiento del lote.

2.Manejo y definición del cultivo de manera temprana y uniforme.

3.Operaciones de pre cosecha y cosecha sencillas.

4.Alta producción de fibra (Kg/ha)

5.Uniformidad en la calidad de la fibra lograda.

Un resultado de calidad requiere insumos de calidad, dentro de un proceso manejado y controlado con calidad. La fiscalización como proceso y su resultado como producto permiten al productor trabajar con un amplio grado de certezas, lo que llamamos un buen comienzo. La semilla fiscalizada, es sinónimo de certezas y de calidad; así entonces es razonable sostener que se cosecha lo que se siembra.

Publicado en la Revista de la Cámara Algodonera Argentina

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