Pequeños empresarios apuestan al sector textil y consiguen un rápido desarrollo
Por Catriel López Acosta- Pese a un 2016 más que difícil para las empresas pequeñas y medianas, Chaco logró que varios empresarios en desarrollo no sólo logren mantener proyectos productivos, sino que lo potencien a partir del agregado de valor y la asistencia financiera y técnica. Específicamente en el sector textil, de vital representatividad en la provincia, hay tres casos exitosos de vecinos comunes que convirtieron sus ideas en empresas.
El 2016 fue un año duro para las pequeñas y medianas empresas. Desde sectores privados de comercios y servicios sostienen que quienes más sintieron la crisis que se inició poco antes del cambio de gobierno, a finales de 2015, fueron los emprendimientos que tenían menos de dos años de antigüedad.
En cambio, en ese contexto, Chaco logró financiar a una gran cantidad de nuevos proyectos.
Según datos oficiales, en el transcurso del 2016, un total de 241 pequeñas y medianas empresas (pymes), de diversos sectores y radicadas en 45 localidades chaqueñas, accedieron a créditos para agregar valor a sus productos y servicios con una inversión cercana a los 50 millones de pesos.
En un informe del Ministerio de Industria, Comercio y Servicios de la provincia se indicó que a 191 se llegó con las líneas de crédito Chaco Emprende, Chaco Semilla, Desarrollarse, FODEI, Fondo de Desarrollo Industrial y Fondo Semilla. Otras 50 empresas tuvieron asistencia con líneas de aportes no reintegrables, tales como Chaco Ayuda a Emprender, PAC emprendedores, y FF Inversión y Asistencia para "agregar valor y calidad a la producción chaqueña".
Uno de los sectores favorecido fue el textil, emblemático en la provincia, pero que atraviesa en los últimos años una fuerte crisis. Tres casos dan testimonio de los beneficios que genera para empresarios, trabajadores y el Estado mismo el fomento a estos proyectos productivos a partir del agregado de valor.
Una vida entre tejidos
Mónica Gómez empezó a trabajar como artesana hace siete años y nunca pensó ser hoy propietaria de su propio local de diseño textil. Pero “Hilacha”, su tienda hoy es una realidad.
Su trabajo le permitió especializarse en todo lo relacionado a decoración hecha con tejidos y tela reciclada, que inicialmente comercializaba en el Cecual y en la Feria de Artesanos de la avenida Laprida.

Con el tiempo, y como parte de su desarrollo, abrió una lanería y comenzó a vender hilados. A su vez, a eso le sumó un taller de diseño. Pasaron cinco años de aquellos primeros pasos y, ya en pareja con dos hijas de 16 y 6 años, decidió apostar a darle un perfil empresarial a su trabajo.
“Yo siempre hice los tejidos a mano, lo que me impedía hacer trabajos en cantidad. Ahora, después de conseguir el crédito con Industria, pude comprar máquinas y realizar trabajos en serie. Lo que antes me llevaba un mes, ahora puedo hacerlo en un día”, contó Mónica en una entrevista con NORTE.
Ella pudo llegar a una línea de crédito gracias a otra participación en uno de los programas de agregado de valor y asistencia al sector privado que tiene Industria: Chacú.
Mónica participó del colectivo de diseño de indumentaria y ahora continua su actividad en Chacú como diseño de autor.
Reconoce que acceder a un crédito del Estado “fue más fácil de lo que pensaba”. “Creía que esas cosas nunca te las daban, que ya estaba todo arreglado. Pero la verdad es que en el Ministerio se interesan mucho porque uno pueda acceder a la financiación que sirviera para desarrollar el proyecto”, aseguró la mujer que recibió 38.095 pesos.
“Yo estudié otras carreras y llegué casi por casualidad a todo esto, hice arquitectura y psicología. Empecé con el tejido porque estaba de reposo durante un embarazo y desde ahí no paré. Tejí tanto en el embarazo que después salí a vender”, recordó.
Y asegura que, pese a ese comienzo inesperado, luego intentó capacitarse y no pudo. “Antes de contar con el apoyo de Chacú y de Industria, tenía que ir a Buenos Aires para aprender más, ahora te podés capacitar acá. Eso es impagable”, destacó.
Mónica ahora tiene la certeza de poder continuar desarrollando su trabajo y sus inversiones. “Lo cierto es que mejoré un montón este año porque ahora puedo vender tres o cuatro veces más”, resumió.
Pero aunque reconoce que mejoró “desde el punto de vista económico”, resalta esencialmente que el Chaco es terreno propicio para desarrollar algún proyecto industrial.
“Yo me enteré charlando sobre el crédito, porque me di cuenta que necesitaba satisfacer a mis clientes en tiempo y forma. Ahora sé que el crédito se paga solo y es muy fácil de sacar. Espero que muchos más lo pidan”.
Apertura de las cooperativas
La apuesta a los proyectos de chaqueños no sólo se aplica a personas, sino también a cooperativas. Este es el caso que pensó y aplicó Alicia Caballero y su grupo Paz y Trabajo.
“Pertenecemos al programa de gobierno Ellas Hacen, pero trabajando ahí surgió que una de las compañera había estudiado casi ocho años de indumentaria textil y podíamos aprovechar sus conocimientos para poner un taller. Hoy ella es la tesorera y además capacita al grupo de compañeras”, comentó Alicia sobre Hilda, otra de las trabajadoras de la cooperativa.

Este es otro de los ejemplos que se dan a partir de la asistencia a pequeños empresarios a través de los programas de agregado de valor de Industria. “Hilda ofreció sus dos máquinas para empezar la iniciativa hace seis meses atrás”. Alicia, puso su casa de la avenida San Martín 2800 y con las dos máquinas comenzaron a practicar y trabajar.
Un día decidieron mostrar su producción, hace sólo unos meses. Aquella primera vez realizaron camperas en tela silver, que se mandaron a estampar. “De ahí empezamos a hacer chaquetas, ambos, pantalones de grafa, camisas, chombas y otras prendas”, recodó Alicia.
Pero para poder completar el trabajo de algunas prendas y uniformes, necesitaban aumentar la velocidad de la producción.
“En ese momento pensamos en un crédito, nos acercamos al ministerio y todo fue sobre rieles”, relató. Las mujeres de Ellas Hacen compraron una recta industrial y una bordadora para hacer escudos y otros detalles de las prendas.
La incorporación de tecnología es una de las formas de agregar valor a la producción que se financia con los créditos que otorga el Ministerio de Industria. Se cree que esa es la mejor forma de contrarrestar contextos de crisis: apostar a la producción y al desarrollo de los empresarios locales.
En la cooperativa son 12 mujeres, todas mamás solas, algunas con chicos discapacitados. La mayoría trabajaba en el rubro de la construcción y ahora viven de lo que produce el taller.
“Hoy realmente funcionamos como cooperativa, porque tenemos toda una estructura y la capacidad de responder a la demanda que tenemos. Esto sin el dinero del crédito no se podría haber logrado, porque sin las máquinas que compramos no seríamos capaces de producir a una escala suficiente. Esto le permite a 12 familias tener otro ingreso”, rescató Caballero.
Innovar para crecer
El último caso testigo sobre cómo la producción industrializada puede cambiar una realidad es el de “Florencia, espumas y confort”. Con ese nombre los hermanos Sergio y Rubén Gómez desarrollaron su proyecto de fabricación de colchonetas, sommiers, moisés y prendas en general. Todo, para mascotas.
El que fuera un proyecto muy pequeño para complementar la actividad a la que cada uno se dedicaba, con el paso del tiempo y la asistencia del Ministerio de Industria se convirtió en una pequeña empresa. Hoy sueñan con el local propio y producen en gran cantidad para muchas de las veterinarias de la ciudad de Resistencia y alrededores.
“Llegamos a hacer 120 fundas por día, cargamos hasta 10 colchonetas y ya nos vemos con la necesidad de empezar a delegar tareas que empezamos entre los dos”, contó Sergio.

“La cantidad que podemos producir por día es vital, porque cuando un cliente nos pide colchonetas para una semana, no nos pide una o dos. Nos pide muchas y si no atendemos esa demanda, perdemos el cliente. Ahora podemos satisfacer a cada uno, teniendo una ventaja frente a empresas nacionales mucho más grades que nosotros”, agregó Rubén. “Desde que sacamos el crédito, ya no paramos de trabajar”, resumió Sergio. “Queremos seguir creciendo, cambiarnos de lugar”, se ilusiona Rubén.
Si bien hace poco tiempo que se dedican de forma exclusiva a esto, ya son más de cinco los años trabajando con el rubro de las mascotas. El desarrollo y el crecimiento de la idea le permitieron a Rubén, por ejemplo, renunciar a su trabajo y dedicarse de lleno a diseñar y confeccionar las cuchas.
“Esto es gracias a la capacidad que nos dieron las máquinas. En mi familia somos 10 hijos, los tres primeros varones y las siete últimas mujeres. Nos criaron de manera machista, donde ellas hacían todo y los hombres nada. En cambio ahora somos nosotros los que estamos en la máquina de coser, eligiendo telas y colores, cosiendo y haciendo bordados”, bromeó uno de los hermanos.
También destacaron que “el poco tiempo en el que salió el crédito también fue muy importante”. Los más de 35.000 pesos que recibieron fueron los que le permitieron asumirse como empresarios.
“El crédito nos permitió confiar en el proyecto, sentirnos respaldados no sólo con dinero sino también con asistencia y con todo un equipo detrás nuestro. Realmente sentimos que el Ministerio se preocupa por nuestro desarrollo”, destacaron.
“Yo ya me dedicaba a esto pero no podía vivir con lo que ganaba porque no teníamos la estructura para hacerlo. Antes nos dedicábamos a nuestro proyecto en el tiempo libre, ahora nos sentimos empresarios y tenemos planes de continuar expandiéndonos”, resaltó Sergio.
El mercado de las confecciones textiles para mascotas tiene como ventaja que no existe competencia en el territorio próximo, y ellos ofrecen diseños y productos a medida de las veterinarias de la zona. “Ofrecemos productos que las personas ven, tocan y conocen. Además de que muchas veces permiten elegir las telas y se hacen de forma totalmente artesanal y a pedido”, destacó Rubén.
Sommier y divanes para mascotas, y otros productos que ellos innovaron, demuestran también que la creatividad, apoyada desde sectores oficiales, permite que los empresarios locales compitan con grandes firmas a nivel nacional.
“La mascota pasó a ser un integrante de la familia y por ello empezamos a crear productos que uno compraría para sus hijos o hijas. Las colchonetas son para mascotas pero están pensadas para personas, con sus gustos particulares y sus propias elecciones”, describieron los hermanos.
Ellos sueñan con tener su propio local. También quieren tener un equipo de personas que se dediquen a la parte de costura. “Tenemos que aprovechar todo lo que nos ofrece el Ministerio para poder ser cada vez más competitivos y profesionales”, concluyó. Hoy en el taller hay máquinas nuevas que financió el Ministerio y otras no tan nuevas, como una que Rubén restauró con sus propias manos. El futuro y el pasado de un proyecto que no para de crecer.










