Lectores
Carta al gobernador
Sábado, 30 de Enero de 2010 - Publicado en la Edición Impresa
Señor director de NORTE:
En los mismos años en que vuestra familia habría estado festejando sus primeros pasos, la mía lo hacía porque yo obtenía mi título de bachiller.
Era una época en que realmente debíamos estudiar para poder aprobar nuestras materias y con los años nos dimos cuenta de que recibirse era sin lugar a dudas un premio al esfuerzo. Eran tiempos en que el Estado daba valor a la educación, al educador y al educando como tantas otras cosas. Poco sabíamos los jóvenes en aquel entonces de política y de golpes de Estado. Pero sí aprendíamos primero Educación Democrática y luego, en los cursos superiores, Instrucción Cívica. Quiero creer que en esos incipientes estudios, algunos pocos presidentes y gobernantes con concepción democrática habrán aprendido el Preámbulo hasta recitarlo de memoria.
Mi vida universitaria, lógicamente, concuerda con su niñez y mis primeros años de profesional bioquímico fueron los de su adolescencia. Ambos, supongo que cada uno a su manera, habremos vivido esa etapa aciaga de nuestra patria. Creí firmemente que terminados esos años de luchas fraticidas, no habría antinomias y dejaríamos atrás la farándula política y no seríamos más el país de la desconfianza de países desarrollados que quisieran invertir en nuestro territorio para empezar a crecer en serio, con una provincia, con un país, con fuerte inversión en salud y educación y el más amplio concepto democrático de la convivencia nacional.
Debo reconocer que me equivoqué de cabo a rabo. Fuimos un pueblo que no supo formar gobernantes. El concepto más claro de lo que debe ser un líder, en el sentido honroso de la palabra, se desdibujó hace ya mucho tiempo. Suena a vulgar cuando un gobernante habla de que su aspiración es trabajar por el pueblo. Más que a vulgar, suena a mentira.
Nos hemos convertido políticamente en esa mentada frase de que éste es un país donde las empresas quiebran y los empresarios se vuelven ricos. No hay diferencia entre empresarios y políticos. El país, el pueblo, día a día se vuelve más paupérrimo y la casta gobernante vive en las nubes y por ende el ciudadano (que está más abajo a sus ojos) cada día tiene menos oportunidades de vivir dignamente. El acceso al control de su salud es parte vital de su dignidad. Bien es sabido que la salud, la educación y la justicia son derechos inalienables de la población.
¿Y por qué toda esta introducción? Le voy a explicar, con todo respeto, señor gobernador.
Usted nunca fue mi paciente. De haberlo sido, si hubiese venido, digamos el 11 de diciembre de 2007, un día después de asumir en su honorable cargo, o ayer por ejemplo, mi atención para con usted hubiese sido exactamente la misma. Lo hubiera atendido seguramente con su receta como afiliado al Insssep puesto que, como tantos otros miles de aquel entonces y muchísimos más ahora, al ser un funcionario más del estado provincial me corresponde hacerlo. En ningún caso ni yo ni la casi totalidad de mis colegas le hubiese cobrado plus (como a ningún otro paciente), independientemente de los exámenes solicitados aun a sabiendas de que vuestra obra social me adeuda lo suficiente como para que yo la demande ante la Justicia por no cumplir conmigo según lo pactado. Y si le hubiese dado fecha para entregarle sus resultados, lo hubiera cumplido a rajatablas aun con las dificultades propias de la actividad privada, como es el aumento paulatino y sin pausa de reactivos y gastos de la actividad y sujeta al manoseo y desprecio manifestado por algunas obras sociales (como el Insssep) para con los profesionales de la salud al menoscabar sus valores y utilizando la jerga que más se adapta, el “bicicleteo” y el no reconocimiento en tiempo y forma del pago por los servicios prestados según lo pactado entre las partes.
Sé que usted es afecto a los números y al conocimiento de las estadísticas. Pues bien, en diciembre de 2007, el dólar estaba a 3,14 pesos. Hoy está a 3,86. Los aranceles siguen iguales, empeorándose la situación con todas las quitas que nos hacen en el Insssep, hablando de un “monto garantizado” para no decir la realidad: un “techo” ficticio que ni siquiera lo pagan.
Pero siguiendo con las suposiciones: si usted se hubiera realizado análisis conmigo en octubre del año pasado (estamos a fines de enero), en aquel momento yo hubiera puesto (y gastado) mis reactivos, mi trabajo, mi esfuerzo, mis costos y mi tiempo en efectuar sus estudios. Al mismo tiempo, yo pagué en aquel entonces mis impuestos con los cuales usted pudo cobrar (y con seguridad lo hizo) su merecido sueldo en tiempo y forma. De más está decir que habrá cobrado también octubre, noviembre, diciembre, enero, aguinaldo, vacaciones y todo tipo de beneficios que por su alta investidura le corresponden.
Entonces, acá la pregunta simple y más importante: ¿por qué usted sí pudo cobrar lo que le corresponde a través de mis impuestos, y yo (y todos mis colegas de la salud) no cobramos el mes de octubre con lo que a usted le corresponde disponer para nosotros? ¿En qué radica la diferencia? ¿En qué somos distintos o qué prerrogativas tiene usted como ciudadano común para tener privilegios que no tenemos miles de personas? Sé que el gobernador y sus ministros son los últimos en cobrar sus sueldos. Sí, cobraron el mes de diciembre y ya casi están cobrando enero. Los prestadores aún no cobramos octubre. ¿En qué es mejor usted que yo?
Por favor le pido no me conteste (si lo hace) con palabras de político. No tienen valor para mí ni para una inmensa mayoría que piensa como yo. Contésteme (si lo hace) como gobernante electo por la mayoría, con verdades y una explicación clara y sencilla de por qué no se le gira al Insssep lo que nos corresponde a los prestadores. Si la respuesta fuese que no hay dinero, como es muy probable que así sea, sería interesante conocer (y si es como se dice entre bambalinas que el Estado retiene los aportes sociales de los trabajadores y no los deposita en el Insssep tal como corresponde) cuál es la causa de este desaguisado que no se deba a la eterna explicación de herencias recibidas.
La atención de la salud debe ser brindada por la actividad privada y pública para nutrirse de conocimientos y servicios. Ambas deben coexistir para la lograr la asistencia de la comunidad. El Estado (y usted es parte del Estado) tiene la responsabilidad de cuidar y proteger al ciudadano como así lo establece la Constitución. Se debe insistir en la prevención del sano y en la protección del enfermo. Mal se quiere hacer creer que la prestación privada es onerosa y sólo para pudientes. La atención de miles de afiliados del Insssep demuestra todo lo contrario. Los sucesivos gobiernos incapaces de generar fuentes de trabajo fueron subsidiando con su ineptitud el empleo público hasta saturar la capacidad de atenderlos como se merecen. No se puede subsidiar a toda una provincia con empleos públicos que en un principio benefician al gobernante de turno hipotecando el futuro de la población especialmente de la que produce y luego en cascada arrastra a los subasalariados y a los que les prestan servicios.
De allí la introducción a esta carta, señor gobernador. Usted está a tiempo de invertir en Salud y Educación. Con mayúsculas. Son tareas pendientes que la población con el tiempo se lo agradecerá, o lamentablemente, pasará a engrosar la larga lista de los olvidados.
Con todo el respeto que se merece.
SERGIO DUDELZAK
Bioquímico - MP 060
D.N.I. 4.700.676
Resistencia
Mercado libre
Compra: 3,93 pesos
Venta: 3,95 pesos
Fuente: Casas de cambio
Sorteo del Día: 30/07/2010 |
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