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El Pacto de José Viñuela

Por Rolando Cánepa 

El pacto es la crónica de la aventura de un hombre que abandonó prácticamente todo para emprender la búsqueda de su patria ancestral y espiritual. Tal vez para encontrarse con sus dioses lares, allá entre las montañas de un remoto lugar llamado Segusino. Tal vez para conocerse mejor a sí mismo y al hombre infinito de otras latitudes. Es también la crónica de un hombre en movimiento perpetuo a partir de la ruptura de un cómodo statu quo y del alejamiento de un trabajo regular, notorio y razonablemente retribuido. La crónica de este viaje es, además, una forma sutil de hacerle saber al lector que este hombre de la calle, una suerte de antihéroe que era José, podía, si se lo proponía, romper con la burocracia y la monotonía de los días iguales para ir en busca de lo desconocido. Un Ulises de finales de siglo XX, lanzado a la busca de indicios del sentido de la vida, mientras aún tiene tiempo de averiguarlo, y tal vez sin saber que el sentido de todo eso estaba en la misma búsqueda y nada más.

Escrito en estilo llano, la prosa del libro es la agradable prosa de sobremesa, conversada y no declamada y no otra hace falta, decía Borges. Cuenta lo que vivió veinte años atrás con mirada nostalgiosa y no exenta de orgullo y entusiasmo. Los veintinueve capítulos no están aislados unos de otros, sino unidos por el inconsútil entramado construido a partir de un conmovedor pacto con su nonna, y de dos sueños conexos y complementarios, entendidos como mensajes del más allá. José Francisco Viñuela Mondín viene de un padre locutor y de una madre escritora y periodista. Mi casa estaba llena de libros de todo tipo. Todos leíamos mucho. No teníamos tele ni radio, solo el patio y libros, relata cuando comenta cómo los militares vinieron en los años de plomo a llevarse a su madre, después de revolverlo todo, libro por libro y página por página. En estos relatos evocativos, afirma que nunca le gustó quejarse. Creía firmemente que moverse de un lado a otro era vivir, que vivir era buscar y que buscar era desear.

Es la crónica de un hombre en movimiento perpetuo a partir de la ruptura de un cómodo statu quo y del alejamiento de un trabajo regular, notorio y razonablemente retribuido

Se trata de un libro que se lee rápido y con gusto, y hasta con cierta fascinación que te impide dejar su lectura. Imposible no acompañarlo hasta final no deseado; lástima que termine. Si tuviera que buscar libros similares, citaría París era una fiesta de Hemingway o Años inolvidables, de John Dos Passos, dos prodigios de libros de memorias. Pero quizás y para no ir tan lejos citaría 20 anécdotas chaqueñas y Baldeando recuerdos, de nuestro verdaderamente inolvidable Moisés Penchanski, tan llenos de gracia, color y calor humanos.
El tema de los sueños, fundante de este viaje, es tan extraño como antiguo. En Las mil y una noche está el relato de los dos que soñaron, en el que sueño de uno le ayuda a encontrar en su propia casa un tesoro soñado también por el otro. Pero el sueño de José no tiene nada que ver con monedas ni dinero: es el esperado y mensajero sueño del reencuentro espiritual con su nonna. Un gesto del más allá confirmado por el sueño que también tiene un amigo de su infancia, hechos estos que le inducen a dejar todo lo conocido para ir en busca de horizontes extraños, y el premio o la recompensa final no será un tesoro, sino tal vez el hecho no premeditado de vivir para contarlo desde El pacto.