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La celebración de Rosh Hashana promueve un nuevo balance del alma

Buenos Aires, 2 de septiembre (Télam, por Guillermo Lipis) -  Con la aparición de la primera estrella de este miércoles, la  comunidad judía empieza a celebrar el nuevo año 5774, cuando  acentúa la valoración religiosa y filosófica del vocablo ‘rosh‘,  que en hebreo significa comienzo y remite a la creación del hombre. 

 

     

El comienzo del año apunta, simbólicamente, a pensar en un  hombre nuevo, transformado a partir de la introspección que debe  realizarse en los llamados ‘los días temibles‘ cuando debe  producirse un ‘balance del alma‘ entre Rosh Hashaná y el Iom Kipur  o Día del Perdón. 

“En Rosh Hashaná festejamos la creación del ser humano, no  del universo porque Dios creó al mundo en 7 días y fue el sexto en  el que creó al hombre”, recordó el rabino secular Andy Faur. 

Para el rabino, “lo más interesante es que se trata de una  fiesta universal que celebra a la humanidad”. 

Si embargo, no todos los hombres lo consideraron así a lo  largo de la historia. 

El rabino Sinai Adler, sobreviviente de Terezín, Auschwitz y  Mathausen dejó testimonio de la perversidad del nazismo ante la  religiosidad que expresaban los judíos ortodoxos o la universalidad  de los laicos. 

Al respecto recordó que “solía visitar con frecuencia los  bloques en los que habían alojado a los jóvenes húngaros, y  rezábamos juntosà yo había entablado relaciones con el comandante  del campo, por lo cual podía conseguir permiso para conmemorar Rosh  Hashanáà pero en esta ocasión Dios había decretado que algunos  debían morir”, explicó desde su verticalismo religioso que  dictamina que todo está predeterminado o escrito. 

El relato continúa así: “Los SS aparecieron donde estábamos  rezando, y tuvieron la ocurrencia de hacer una selección allí  mismo. Un médico nazi colocó un palo a una cierta altura, y a los  jóvenes se les ordenó pasar debajo de él. Todo aquel que lo rozara  con el borde superior de su cabeza tendría el permiso de vivir, y  los que eran demasiado bajos para tocarlo serían enviados a las  cámaras de gas”. 

Los condenados fueron reubicados en un bloque de barracas  llamado Totenblock, “la última parada para aquellos que iban en  camino a las cámaras de gas. ¡Qué indescriptible perversidad la de  hacer una selección precisamente en el primero de todos los días  del año, en Rosh Hashaná”, el día de la creación del hombre. 

Adler explicó que la idea la habían tomado del periódico nazi  Der Stürmer, editado en Nüremberg, que mencionó que en Rosh  Hashaná, Dios “hace pasar a su rebaño debajo de su vara”. 

A pesar de acciones como estas, el psicoanalista y  sobreviviente de Auschwitz Viktor Frankl explicó que “aún en un  campo era posible desarrollar una profunda vida espiritual. Las  personas habituadas a una rica vivencia espiritual sufrieron  muchísimo, por su constitución física endeble, pero el daño  infligido a su ser íntimo fue mucho menor porque eran capaces de  abstraerse del terrible entorno y sumergirse en un mundo de  libertad de espíritu”. 

Una de las discusiones que se mantienen hasta hoy en ciertos  círculos judíos y de discusión académica es “si los religiosos  fueron sumisos al terror nazi y se dejaron matar como aceptando su  destino”, pero es imposible adoptar una posición unívoca. 

“¿Es el hombre un ser determinado por su entorno o puede  romper con él?”, supo preguntarse Frankl, y agregó otro  interrogante: “¿Qué cambia en el campo (de concentración) y en  libertad?”. 

Supo responder como profesional, pero sobre todo como  sobreviviente: “Las experiencias de la vida en un campo demuestran  que el hombre mantiene su capacidad de elecciónà porque puede  conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia  mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y  de indigencia física”. 

¿Usted recuerda alguna conmemoración en Auschwitz de Rosh  Hashaná o Iom Kipur?, le preguntó Télam a Sara Rus, víctima directa  y sobreviviente de aquella maquinaria de la muerte, Madre de Plaza  de Mayo -Línea Fundadora- y reconocida en el 2008 con el Premio  Azucena Villaflor por su militancia en Derechos Humanos producto de  la desaparición de su hijo Daniel, en la CNEA. 

“No, en los campos de la muerte no había festejos porque no  teníamos noción del paso del tiempo, no sabíamos en qué día  vivíamos” aseveró Rus, quien recordó -en cambio- la salutación que  para esa fecha de 1977 publicó entonces Emilio Eduardo Massera “a  dos meses de haber sido secuestrado Daniel”. 

El almirante, con perversa ironía, se dirigió a los  integrantes de la comunidad judía del siguiente modo: “A ustedes,  que llevan sobre sí el peso de un dolor que viene de muy lejos, a  ustedes en quienes la historia repite la resurrección tenaz de la  tragedia, casi como un perverso milagro de crueldad... a ustedes  que llegaron a estas tierras buscando calmar la sed y el hambre de  justiciaà a ustedes que le dieron a esta patria agricultura y  científicos, artistas, hombres simples, a ustedes que no son ni  mejores ni peores que otros‘. 

‘A ustedes en este día religioso y trascendente, los hombres  de la Armada les decimos paz, sabiendo que la paz nunca es un don  si no es antes un propósito del almaà”, agregó. 

El mismo Massera que se congratuló con los judíos de la  Argentina debió indemnizar, gracias a un juicio perdido ante la  justicia argentina, a Daniel Tarnopolsky por la desaparición de los  cinco integrantes de su familia, monto que fue íntegramente donado  a Abuelas de Plaza de Mayo. 

¿Qué une a las personas con diferentes miradas sobre la forma  de abordar su judaísmo al celebrar Rosh Hashaná y pensarse en  sociedad junto al otro? 

A su manera, y desde una observancia religiosa o laica, los  que ejercen alguna forma de judaísmo se detienen su mundo dos días  para pensarse en sociedad desde lo individual, y en comunidad  después. 

También piensan sobre ese ‘balance del alma‘ que requiere de  un nuevo comienzo y profundas reflexiones sobre el verdadero  sentido de la existencia. 

A eso llamará el sonido del shofar (cuerno de cabra) cuando,  con la aparición de la primera estrella del próximo miércoles,  convoque a este nuevo desafío introspectivo.

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