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Suplemento Escolar: Fenómenos meteorológicos extremos

Hoy es un hábito común informarnos, o tener noticias, de las condiciones meteorológicas o  tiempo (no clima) de un lugar en cualquier parte del mundo, como también del pronóstico para días venideros.

     

Esta información sobre la meteorología es profusa y frecuente en todos los medios masivos de comunicación, datos que son acompañados -cuando es pertinente- por alertas meteorológicos previsores, para evitar o menguar riesgos ante el suceso de determinados fenómenos meteorológicos que suponen cierto peligro para los seres humanos y/o sus bienes, como tornados, heladas, olas de frío, olas de calor, nevadas, tormentas y vendavales, entre muchos.

Se llama meteorología extrema a la que rebasa los valores estadísticos usuales para un sitio y determinado período del año, según la información regular de los registros atmosféricos obtenidos mediante las estaciones meteorológicas.

Lo dicho significa que los valores promedio de temperaturas, lluvias, vientos, presión atmosférica y otros se registran en un número muy superior o inferior a los valores normales esperados.

De acuerdo con meteorólogos y otros científicos los fenómenos meteorológicos extremos han sido más bien escasos a través de los tiempos, por lo menos en el lapso que se tienen registros fidedignos y sistematizados.

Se ha pretendido achacar los ejemplos de meteorología extrema a ideas mal fundamentadas de cambio climático. El problema fundamental en este sentido es que todos los datos de meteorología extrema registrados en un lugar o región determinados deben, necesariamente, incluirse dentro de los parámetros que definen el clima de ese lugar o región. Veamos algunos:

Olas de frío u olas polares

La atmósfera, que es caprichosa, nos ofrece en algunas ocasiones muestras de su poder. Una de ellas son las olas de frío polar en lugares donde no es habitual que bajen tanto las temperaturas.

Las olas de frío se producen, según la Organización Meteorológica Mundial, por un fuerte enfriamiento debido a la invasión de una masa de aire muy frío, que se extiende sobre un amplio territorio.

Son episodios meteorológicos de carácter excepcional que, con frecuencia diversa, provocan una esporádica alteración del ritmo térmico normal en distintos ámbitos planetarios, por ende el mero hecho de que los termómetros alcancen temperaturas muy bajas en relación a sus mínimas interanuales, no es suficiente para calificar al suceso de “ola polar”; las alteraciones térmicas deben estar relacionadas con un fenómeno atmosférico súbito y brusco, por la expansión de masas de aire polares, desde sus latitudes habituales a otras zonas del planeta.

La duración de estos episodios suele ser muy breve, de entre 3 y 4 días, aunque pueden prolongarse durante más tiempo si son muy potentes. En nuestro hemisferio, el hemisferio sur, las olas de frío se presentan entre mediados de junio y agosto, con especial incidencia en los meses centrales de julio y agosto, en los que se afronta el nivel máximo de riesgo.

Sólo existe una zona libre de estos fenómenos, el cinturón intertropical, porque incluso en las zonas subtropicales –como nuestra región- pueden verse afectadas por episodios de frío que terminan con las cosechas e incomodan a sus habitantes.

En efecto, las olas de frío pueden impactar en la salud (enfermedades cardíacas, respiratorias o virósicas) y pueden afectar seriamente actividades económicas por ejemplo en la agricultura las heladas asociadas a las olas frías pueden afectar severamente el desarrollo de los cultivos y las cosechas.

Helada

Uno de lo hechos visibles que acompañan a las olas polares es la helada, fenómeno climático que consiste en un descenso de la temperatura ambiente a niveles inferiores al punto de congelación del agua y hace que el agua o el vapor que está en el aire se congele depositándose como escarcha, es decir en forma de hielo sobre las superficies.

Escarcha es un sinónimo de helada blanca, manifestándose como una capa de hielo cristalino que se genera, en forma de escamas, agujas, plumas o abanicos, sobre superficies expuestas a la intemperie que se han enfriado lo suficiente como para provocar la deposición directa del vapor de agua contenido en el aire.

Para ello la primera condición es que las superficies tengan una temperatura por debajo de 0° C; otro requisito para que la escarcha se produzca es que la humedad relativa del aire sea superior al 60%, de lo contrario no habrá suficiente vapor de agua en la atmósfera para depositarse en las superficies.

La última condición para que esto se produzca es que el viento no sea intenso, de lo contrario, el vapor de agua no podrá depositarse. Por su parte, la helada negra es cuando una helada se produce con mayor severidad. Las plantas suelen destruirse del todo.

La Organización Meteorológica Mundial para precisar este concepto habla de helada en el suelo, en alusión a diversos tipos de cobertura de hielo sobre el suelo, producidas por la deposición directa del vapor de agua.

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