Temas de hoy: abuso sexual LAB 18 - 19 River Campeón de América Perrando Corre Restitución de restos Qom
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/92993

Arazá, el río que se perdió

Dos cursos naturales de agua atravesaban el espacio de la ciudad de Resistencia; al norte, el río Negro, ligado fuertemente a la historia del Chaco, otrora vía navegable de desplazamiento de los aborígenes y de penetración de obrajeros, hacheros y colonos extranjeros en la segunda mitad del siglo XIX, curso que agoniza como consecuencia de las continuas agresiones del hombre que lo contamina con residuos orgánicos e inorgánicos productos de sus variadas actividades; al sur, el riacho Arazá de escaso caudal, poco profundo, de corriente lenta, con numerosos meandros y abundante vegetación acuática, receptor natural de las aguas de lluvia de toda la zona al sur de las avenidas Alvear y Castelli que desaguaba en el río Paraná. Por Ramón Borchichi

Características generales Según el conocido y respetado botánico Gustavo Augusto Schulz en su obra “Nombres Comunes de las Plantas”, Arazá en guaraní significa guayaba.

 

El riacho, parte del paisaje de la Resistencia de ayer, hoy prácticamente desaparecido por la acción desaprensiva del hombre, de escasa profundidad y poco caudal tendría su naciente en unos zanjones ubicados a unos 1500 metros de la estación del exferrocarril Santa Fe (“Geografía del Chaco”, de las profesoras Fernández, Sáenz y Mahave).

Recorría el sector sur de Fontana y Resistencia y en su itinerario pasaba por los actuales barrios Güemes, El Tala, Newbery, tocaba los barrios Foecyt y España, atravesaba la actual ruta nacional 11, ingresaba al predio de la Sociedad Rural y salía del mismo a la altura de la actual avenida Mac Lean al 820 aproximadamente.

Continuaba por las villas del Oeste, Progreso, Arazá, Monseñor de Carlo, por cercanías del Cementerio del Oeste (hoy, San Francisco Solano), proseguía por las villas Eldorado, Marín, Palermo y Libertad.

Finalmente luego de recorrer 51 kilómetros desembocaba en el río Paraná frente a la Isla de la Palomera. El Arazá abarcaba una cuenca aproximada de 90 kilómetros cuadrados.

No era un curso navegable ni tampoco apto para balneario. En ocasiones de lluvias de milimetrajes importantes, en razón de su poca profundidad desbordaba cubriendo hasta aproximadamente unos 40/50 metros más allá de sus orillas, situación que se normalizaba en 48 a 72 horas.

Fauna y flora

 

 

Fauna ictícola: vivencias personales de nuestra infancia y adolescencia nos trasladan a la década del 40 y comienzos del 50, cuando era posible pescar, dentro del espacio de la Sociedad Rural, abundante cantidad de mojarras, y ejemplares de bagres, moncholos blancos, tortugas, anguilas.

También era posible observar ejemplares de yacarés. Aves: canastitas, pollonas, garzas mora, chiflones, blancas, jocó; zorzales, boyeros, caracoleros, jilgueros, pacaá, brasitas, viuditas y hasta algunos patos. Flora acuática: abundantes camalotes, embalsados, repollitos, achiras, totoras e irupé (Victoria Regia).

Flora ribereña: ñangapirí, ají del monte, tutiá, abrojitos, yerba lucero, mburucuyá, tasi, huevitos de gallo, paja brava, cardos, espartillos, catay, paico y alisos.

En la medida en que la ciudad, se expandía hacia el sur, el riacho fue considerado un obstáculo para los negocios inmobiliarios y para la comunicación; fue necesario construir puentes de madera para el tránsito vehicular y el transporte y pasarelas para los peatones.

Recurriendo a nuestra memoria y sin la pretensión de confeccionar un inventario completo de estas obras recordamos puentes sobre la ex Ruta Nacional 11 frente a los portones de la Sociedad Rural en el esquinero de esa ruta con la avenida Alvear; otras obras en calle 5 (hoy Misionero Klein), en la avenida Jorge Raúl Rodríguez (hoy, Hernandarias), en avenida Belgrano, en avenida Alberdi, en avenida San Martín y en avenida Las Heras.

Estos dos últimos puentes permitían la comunicación con la productiva zona de Colonia El Palmar, que proveía a Resistencia de verduras, hortalizas, cítricos y productos de granja.

Su muerte

 

 

Muchas personas con pensamiento utilitario e ideas pragmáticas anticipaban que el riacho desaparecería al aumentar la densidad demográfica en el área por donde recorría.

Así, observamos que a la altura de la Sociedad Rural y al costado este de la ex Ruta Nacional 11 hacia los años 50 el Arazá comenzó a ser utilizado como depósito a cielo abierto de todo tipo de residuos orgánicos e inorgánicos: parte de carrocerías de automotores; barros, grasas y aceites usados provenientes del lavado de automóviles; escombros, ramas, troncos y hojas de árboles que interfirieron y terminaron por anular la vida de la fauna y flora acuáticas y ahuyentaron a las aves.

Además, numerosos vecinos comenzaron a rellenar sus costas para levantar modestas viviendas y abrir calles.

El curso natural lento, pero continuo del riacho se convirtió en intermitente, es decir, interrumpido o cortado en distintos puntos.

Anulado este receptor y desagüe de las aguas pluviales del sur de la cuidad se hizo necesario reemplazarlo con la construcción de canales abiertos, hormigonados o no, canales subterráneos sumamente costosos y hasta hubo intención de trazar “un nuevo riacho”, en línea recta, superando los numerosos meandros con una longitud aproximada de 8800 a 9000 metros hasta el río Paraná, con un ancho de entre ocho a 12 metros y una profundidad variable entre 1,25 y 2,80 metros.

El canal de la avenida Soberanía Argentina fue la única obra construida con esa finalidad, canal que también es utilizado por desaprensivos vecinos como receptor de residuos domiciliarios.