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Una prodigiosa estrella del circo

Rosita de la Plata

Tras muchos años de investigación, la escritora Beatriz Seibel acaba de dar a conocer Vida de circo: Rosita de la Plata. Una estrella argentina en el mundo (Editorial Corregidor).

La aparición de cada libro de Seibel es un acontecimiento para la historia del teatro nacional, y éste no es una excepción: Revela la figura de una artista circense prodigiosa, reconocida internacionalmente, que despierta ‘deseo en los hombres, admiración en las mujeres y los niños, temor por el peligro, alegría por vencer las difíciles pruebas, entusiasmo por apreciar las posibilidades de una mujer en competencia física con peligrosas experiencias‘. 

Seibel resume en el prólogo que ‘Rosita no sólo merece ser rescatada del olvido como una gran artista, sino también como un símbolo de todas aquellas mujeres que fueron notables protagonistas y lucharon contra los prejuicios y desvalorizaciones de épocas no tan lejanas‘. Como lo ha hecho en trabajos anteriores, la escritora vuelve a reivindicar el circo, la actividad “de los artistas que arriesgan su vida en cada actuación”, y especialmente el protagonismo de las mujeres en la historia del espectáculo nacional. 

Rosalía Robba

Rosalía Robba (1869-1940), conocida como Rosita de la Plata, fue una brillante artista circense, cuya vida se lee como una novela de amor, de aventuras y de viajes.

En 1878, antes de cumplir los diez años, Rosita inicia su actividad artística en el Circo Arena, con la Compañía Ecuestre de Henry Cottrelly. Allí, junto a su hermana Dolinda se entrena en acrobacia, equitación, trapecio, cuerda floja, alambre, danzas, actuación en pantomima. Muy pronto ambas viajan con Cottrelly a Europa, acompañadas por una tía, y actúan en varios países: España, Portugal, Francia, Italia, Inglaterra, Alemania. Rosita brilla, y en Barcelona la llaman “la sin rival”. Mientras tanto, en la Argentina, los hermanos Podestá estrenan Juan Moreira, primero pantomima (1884) y luego drama gauchesco (1886), dando inicio al ciclo de nacionalización de nuestra escena. 

A fines de 1886, Rosita actúa en el Covent Garden, en Londres y allí conoce al payaso Frank Brown, figura notable de la escena porteña, quien en ese momento estaba descansando en Inglaterra, su país de origen. Cuando va a regresar a Buenos Aires, Brown, enamorado de Rosita, le propone que vuelva a la Argentina con él, pero ella lo rechaza.

En 1888, Rosita se presenta en Río de Janeiro y a fin de año ya está otra vez en Buenos Aires. Inmediatamente se pone en contacto con Frank Brown, quien la contrata en su compañía. Pero Rosita se casa con uno de los Podestá, Antonio, acróbata y músico, con quien viaja por Estados Unidos y regresa a Europa.

Adorable y de encantadoras formas

En 1893, Rosita regresa con Antonio a la Argentina, y vuelve a trabajar en la compañía de Frank Brown, donde se la presenta como ‘la célebre ecuestre argentina que tanto ha llamado la atención en las principales capitales del Viejo Mundo‘.

Imprevistamente toma la decisión de irse de gira con Frank Brown a Brasil, y rompe con su marido. Se inicia un juicio de divorcio al que Seibel califica de ‘injurioso y violento‘. En 1902, en pleno proceso, la crítica en un diario de Buenos Aires afirma: ‘La adorable niña Rosita de la Plata, tan adorable por su cuerpecito lleno de gracia y encantadoras formas, como por su rara maestría y habilidad en dirigir un caballo brioso, atado a un sulky casi invisible, llama extraordinariamente la atención todas las noches y es objeto de entusiastas ovaciones por parte del público extasiado.‘

En 1924, a los 55 y 66 años respectivamente, Rosita y Frank se retiran, tras décadas de trabajo en el circo, y se refugian en su casa del barrio de Colegiales. Nace así el mito de esta pareja de grandes artistas, que recogerán poemas, obras teatrales y películas firmados por Homero Manzi, Roberto Aulés, Alfredo Zemma, Daniel Suárez Marzal, entre otros.