Mucho ruido (reformas) y pocas nueces

En los últimos veinte días, la Legislatura del Chaco aprobó tres “reformas” que considera de fundamental importancia para la ciudadanía. Primero fue la reforma política que estableció el Sistema de Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), luego la Reforma al Código Procesal Penal y por último la Reforma Tributaria sancionada el miércoles último. Estas “reformas”, que se refieren a aspectos fundamentales de la vida, tuvieron la oposición de algunos sectores y la discusión fue, en algunos casos, traumática y originó descontentos.


Si se analiza a fondo, cuando se necesitan tantas reformas y en aspectos tan fundamentales es que una sociedad no está andando bien y se busca una “modificación que se hace de una cosa para mejorarla, generalmente rehaciéndola o cambiando su forma o contenido” según la definición de reforma que da el diccionario. En una palabra, que tanta reforma no es más que una demostración de una profunda crisis. Si se va un poco más a fondo, se puede pensar que lo que se realiza son más bien cambios de forma que de fondo y que, muchas veces, no bien se ponen en marcha (si se lo hace), quedan desvirtuados. 

Por ejemplo, hablar de reforma tributaria a tomar decisiones que se reducen, en su mayoría, al aumento de impuestos o disminución, en algunos casos, es simplemente apelar a una forma fácil de cubrir las crecientes necesidades de un Estado que se siente sin fondos por múltiples motivos, el mal uso de los recursos entre ellos. Una vieja e inveterada costumbre de todos los tiempos, en todas las civilizaciones, donde los súbditos son los que pagan los platos rotos, porque en definitiva no tienen quien los escuche, porque justamente quienes deben escucharlos son los que imponen los impuestos.

Parche sobre parche 

Pero el fondo de estas reflexiones no es el detalle de cada uno de estos casos. Este tipo de reformas son a su vez reformas de otras reformas que se creyeron necesarias en otro tiempo. Y lo más fácil para los gobernantes es echar a volar la imaginación sobre cómo se puede cambiar lo que ya está, como poniendo un parche sobre parche. Este “modus operandi” es el que provoca las crisis: cambiar algo, para que en el fondo nada cambie.
 
Y que sumándose en el tiempo, provoca lo que está pasando a lo largo y a lo ancho del mundo. Grandes civilizaciones, enormes países puestos muchas veces como ejemplo para el resto del mundo, se encuentran sumidos en crisis terminales en los que no se ve la salida. Así pasa hoy con Grecia, con España, con Italia, Portugal, Irlanda, Francia y no va a tardar en extenderse al resto, donde con mayor o menor éxito se siguen produciendo cambios sólo de superficie, no de sistema. 

El juez español Baltazar Garzón habló en su estadía en el Chaco, sobre este último tema sobre todo en relación con su país y afirmó que las recetas que se quieren aplicar no sólo no están dando resultado, sino que cunde la desesperación en la población y los efectos negativos se multiplican. Esta semana también, el vicegobernador de la provincia, que estuvo a cargo del Poder Ejecutivo, se refirió a los cambios en el Código Procesal Penal y afirmó que “ya teníamos leyes adecuadas, el tema es cómo se aplican. Cuando años atrás se instrumentó el sistema que dejó la investigación en manos de los fiscales (ley 4538 que entró en vigencia el 1 de enero de 2004), también hubo muchas expectativas, y fue un fracaso. 

Al final los jueces de Instrucción trabajaban mejor. Hoy los fiscales ni averiguan si los detenidos tienen antecedentes y por teléfonos se los supedita”. De esta manera, puso en tela de juicio la eficacia de la nueva reforma.
La impresión que existe es que los cambios -las llamadas reformas- son como los llamados a los bomberos. Hay que hacer algo para que la población vea que se tienen en cuentan los reclamos, pero se sabe que cuando se apagan incendios, después quedan las ruinas. 

¿Quién puede dudar que todo esto es producido por los sistemas de gobierno, por la forma de llevar adelante la conducción de la sociedad a través de los diversos modos de conducir a los Estados? Hubo tiempos de imperios, de reinos, de nobleza, de burguesía, de esclavitudes que merecieron a su vez revoluciones y cambios profundos y hasta sangrientos. Ello implica que siempre se debe estar alerta para producir cambios que sean de fondo.

Nuevas formas de democracia 

Hoy nadie cuestiona que la Democracia es la mejor manera de conducir a los países, pero al mismo tiempo, casi nadie niega que los partidos políticos están en retirada, en crisis, sin el crédito necesario. Se hace imprescindible cambios, reformas de fondo. No es admisible que al tiempo que la tecnología llega a límites impredecibles y cada vez más sorprendentes, la inteligencia humana no sea capaz de adecuar las formas de de la democracia a las nuevas necesidades y tendencias de los seres humanos. 

Es evidente que se necesita una verdadera revolución (no una reforma) que termine con esta manera de conducir las naciones empeñadas en utilizar recetas de fracaso, que son simples parches que cada vez duran menos tiempo ante la desesperación de todos. Las crisis recurrentes tienen que tener algún punto de retorno. Por ahora, los que nos gobiernan no ven la salida. Sólo apelan a reformas que sirven cada vez menos. En definitiva, parodiando a Shakespeare, “muchas reformas (ruido) y pocas nueces”.