El tiro por la culata

El gobierno exhibe la permanente virtud de aparecer ante los argentinos como víctima de chicos malos que quieren acabar con él. Desde que, por causa de sus propias negligencias, el concepto negativo que el común de la gente tiene acerca de su gestión, la presidente sufre el síndrome de Adán.

Decimos que sufre el síndrome de Adán, porque cuando Dios le preguntó al primer hombre porqué había desobedecido, él no tuvo mejor idea que contestar: “No fui yo, sino la mujer que me diste”. El gobierno siempre dice lo mismo. Siempre los culpables de las desdichas son otros. Nunca se hace responsable de los tremendos errores que comete o hace cometera sus aplaudidores. Buena estrategia Pero la ingenuidad de gran parte de los argentinos ha hecho que la estrategia presidencial de aparecer como víctima le haya dado grandes dividendos a su gobierno. Así ganó las últimas elecciones. Ella tiene ese raro privilegio de darse cuenta que, cuando las cosas amenazan con irle mal, enseguida retrocede un paso y se coloca en el papel de víctima. No lo hace porque reconoce sus errores, sino porque su habilidad actoral le hace ver cuándo se pasa de raya y debe retroceder un paso para volver a controlar las cosas. Es poco probable que cambie de parecer, porque su esencia misma la lleva a proceder de esa forma. Carroña El secuestro de la fragata Libertad en costas africanas ha dado lugar al conocimiento de la existencia de los ahora llamados “fondos buitre”. Se les llama así porque se dice que el sistema de cobranza que tienen los abogados que los representan, es similar al sistema de alimentación de los buitres. Estas aves, tienen la particularidad de alimentarse de animales muertos, o dicho de otro modo, de la carroña. Cuando la presidente puntualiza a los que intentan cobrarle una deuda al país como fondos buitres, intenta nuevamente victimizarse, cargando las culpas sobre los responsables de estosfondos. Lo que olvida la presidente es que los buitres se alimentan de la carroña, lo que dicha comparación puede sugerir, que la conducción del país produce carroña, porque de otro modo no existirían dichos buitres. Dicho de otro modo, la presidente dice cualquier cosa contal de justificarse, ignorando que esa justificación la puede llevar a reconocer que su propio gobierno produce carroña. Juez americano No estamos defendiendo a los llamados fondos buitres, ellos pueden pagar a los mejores abogados para que lo hagan. Lo que estamos diciendo es que el gobierno ha dejado puertas abiertas para que ocurra lo que ahora ocurre. No debemos olvidar que Néstor Kirchner y Roberto Lavagna, en oportunidad de renegociar parte de la deuda externa argentina, en 2005, aceptaron como regla de juego para dicha renegociación, que se aceptara o se allanaran las partes a las sentencias de los tribunales de Nueva York. Por esa razón y no otra, ahora aparece el juez Griesa fallando a favor de dichos fondos. Aunque ahora, un fallo de la Cámara de Apelaciones de EEUU suspendió o pospuso la medida del juez. El gobierno, sacando la cabeza del pozo donde estaba, ahora hace alharaca diciendo que la medida de Griesa fue anulada, cuando en realidad solo fue suspendida para otra ocasión. El tiro por la culata Tampoco dice la verdad el gobierno cuando afirma que el haber arreglado con el 93% de los acreedores le da derecho a exigirle al 7% restante (parte de fondos buitres) a que se allanen a igual negociación. Esa no era parte de las reglas de juego internacionales al momento de haber emitido Argentina aquella deuda; y por lo tanto, el 7%restante tiene derecho a exigir lo que ellos creen como justo. De otra manera no lo hubieran exigido. Es cierto que los fondos buitre no son la Madre Teresa de Calcuta; son fríos hombres de negocios y no una entidad de beneficencia que ayuda a países extraviados. Pero las autoridades argentinas deberían saberlo, sin embargo prefirieron, en lugar de negociar, parlotearles, como tienen por costumbre hacerlo a todo el mundo en Argentina. El expediente Siempre de acuerdo al expediente que maneja el juez Griesa, en busca de una solución salomónica, en algún momento de la contienda judicial le consultó a la representante argentina, respecto a cual era el ofrecimiento del país para arreglar dicha deuda, y la respuesta fue: “No pagaremos un solo peso”.Con semejante respuesta, el juez se inclinó a exigir el pago total de la deuda. Obviamente, es probable que el fallo del juez americano, como algunos juristas opinan, no sea del todo correcto, como cualquier otro fallo; pero también es cierto que las autoridades argentinas, acostumbradas a patotear a todo el mundo, creyeron que también podían hacer lo mismo con el juez americano. Les salió el tiro por la culata. Tuvieron que abandonar la arrogancia, seguramente de manera momentánea, y presentar una propuesta un poco más razonable que la anterior. Difícil que cambie Cuando decimos que la presidente no cambiará, o es difícil que lo haga, lo hacemos en función de su permanente conducta pública. Ahora, nos asiste la razón, una vez más; ya que, luego de hacer silencio absoluto después del apriete legal del juez Griesa, ahora, con el alivio momentáneo del tiempo que le concede la Cámara de Apelaciones de EEUU, nuevamente sacó pecho y sentenció, en sus ya inaguantables apariciones por cadena nacional, que: “Los buitres y los caranchos no están solamente afuera”. En clara alusión a la rebuscada idea de hacer aparecer cualquier opinión adversa a su gestión, como un intento de golpe de estado. Ella piensa o cree que es el ombligo del mundo. Y lo que es peor, cree que el mundo está contra ella. Si pudiéramos preguntarle, cosa imposible para su particular forma de ver la democracia, le preguntaríamos: señora presidente, ¿por qué los fondos buitre no atacan a Brasil, Uruguay, Perú y Chile? ¿No será porque ellos no producen carroña?