Bogotá

Cuenta el famoso escritor y novelista H. G. Wells que en una región desierta de Ecuador, luego de la erupción del volcán Mindovamba que hundió durante 17 días a Quito en las tinieblas, hubo una población que quedó aislada del mundo. Allí, a diferencia del resto del territorio, había un clima benigno: crecían pastos, había agua dulce, canales de riego, una vida próspera de sus habitantes, pero totalmente aislados del mundo.

A pesar de la abundancia, no eran del todo felices: una extraña plaga no sólo hacía nacer sin vista a todos sus hijos, sino que se la hacía perder a cuantos niños de edad tierna habían traído con ellos en su éxodo del Perú, cuando los colonizadores españoles los perseguían.
Años tras años nacían ciegos, por lo que desarrollaron casi a la perfección otros sentidos, como el tacto. Un grupo de expedicionarios suizos había contratado a un joven de apellido Núñez para una travesía, pero éste -sin que se dieran cuenta los alpinistas- cayó en la montaña y accidentalmente fue a parar en ese lugar que en la leyenda llamaban “el país de los ciegos”. Cuando se recuperó de los golpes, caminando por el valle, alcanzó a ver a niños y mayores como que dormían la siesta, tirados en la hierba, y a tres hombres llevando cubos de agua. Saluda, y uno le pregunta de dónde vino: “Vengo del otro lado de las montañas -dijo Núñez- del país que está más allá, donde los hombres pueden ver”. “¿Ver?”, preguntó uno de ellos.
Núñez vio que el paño de sus abrigos estaba confeccionado de un modo curioso, cada uno de ellos con costuras diferentes.
El muchacho intentó de mil formas explicar la belleza del mundo del cual venía, pero ellos no quisieron ni creer ni comprender nada de esto. Es que estas personas hacía catorce generaciones que eran ciegas y que estaban aisladas de todo el mundo visible.
Los tres hombres extendieron sus manos hacia él. Y lo agarraron, sujetándolo y le palparon por todas partes, sin decir ni una palabra hasta que uno exclamó: “¡Cuidado!...acá hay algo anormal”, mientras tenía un dedo en los ojos de Nuñez, notando aquel órgano con la agitación de sus párpados, resultaba una cosa rara en él. Extraña criatura, Correa dijo a aquel que se llamaba Pedro. ¿Han notado lo áspero que tiene el pelo? Es igual que el pelo de la llama. Llevémoslo a donde están los ancianos, propuso.
Todo era extraño. A la noche la llamaban día, y al día, noche. El joven compareció ante el tribunal. Núñez -a quien llamaban Bogotá- era distinto a todos los demás. Luego de extensas deliberaciones, a uno de los ancianos -el gran doctor- se le ocurrió una idea: consistía en curar a Núñez de sus peculiaridades. “He reconocido a Bogotá -dijo el brujo al que llamaban doctor- y su caso me parece muy claro: mi diagnóstico es que podría curarse con toda probabilidad: tiene una afección en el cerebro. Los ancianos murmuraron y preguntaron .¿Y cuál es esa afección? Esas extravagantes cosas que se llaman ojos y que existen sólo para dotar a la cara de una suave y agradable depresión están tan enfermas que han afectado a su cerebro. Están enormemente distendidas, tiene pestañas y sus párpados se mueven y por consiguiente su cerebro se encuentra en constante estado de irritación y destrucción. Y creo -siguió diciendo- que puedo decir con certeza que, a fin de curarle completamente, solo necesitamos una simple y fácil operación quirúrgica: es decir, extraerle estos cuerpos tan irritantes que él llama ojos. ¿Se volverá cuerdo?, preguntaron los ancianos. “Sí”, respondió el doctor, “y será un ciudadano admirable, como nosotros!” Dio gracias al cielo por la ciencia y procedieron a extirparle los ojos a Núñez, porque para ellos, por el hecho de ver (la realidad), estaba enfermo.

Hace falta luz

Y no la de Secheep, precisamente. La nota que precede esta página relacionada a que mientras la sociedad pide poner en la cárcel a los delincuentes, lo cierto es que ya no hay lugar para alojar a tantos imputados de delitos. Y las comisarías, también están llenas. ¿Cuánto creció el delito, entonces, en proporción al crecimiento de la población?
Los casos de inseguridad, aunque por estos días parecen haberse “calmado” al menos en hechos resonantes, amerita que sea tomado como una cuestión de mayor énfasis so pena de todo lo hecho hasta el momento.
Hace falta luz, para que la sociedad no crea en la mentira, sino que busque la verdad, y también para que el gobierno, las entidades y la sociedad misma pueden hacer un círculo para que la gran confusión, la inseguridad y la pérdida de valores no sigan dañando a la sociedad.

Grave denuncia judicial

La denuncia de Ernesto Darío Polischuk por un supuesto pedido de dinero para “arreglar” una causa judicial reviste un alto grado de gravedad rayana con lo institucional, dado que de prosperar la misma no solo se afectaría seriamente la preservación de datos sino de la vulnerabilidad del sistema. Polischuk radicó una denuncia en la cual señala que le pidieron 350.000 pesos para “zafar” de una causa garantizando un fallo a su favor.
Aunque tardío, el Colegio de Abogados de la Segunda Circunscripción Judicial que preside el doctor Miguel Mijaluk emitió un comunicado referido a esa denuncia en la que se acusa a ciertos agentes activos y jubilados del Poder Judicial la comisión de supuestos hechos de extorsión y tráfico de influencias relacionados estrechamente con el ámbito tribunalicio.
“Desde este Colegio instamos a los funcionarios del Ministerio Público y Magistrados intervinientes para que -sin dilaciones y a través de la investigación penal preparatoria y ulteriores etapas procesales- se arribe a la verdad real, pues hechos como los denunciados deben ser considerados de gravedad institucional, por cuanto de acreditarse su verosimilitud, agreden y violentan directa y flagrantemente la administración de Justicia, función esencial de cualquier Estado democrático y republicano”, dicen.
Asimismo, manifestaron el completo apoyo a sus colegas Daniel Ávila y Carlos De Cesare, resaltando expresamente “su valentía en su accionar profesional, convencidos que han cumplido fielmente con los deberes propios de un auxiliar de la Justicia, al acudir al auxilio de la supuesta víctima de tan execrables hechos”, expresó Mijaluk.

Cipolini, ¿competirá con Peche en 2015?

Gerardo Cipolini, el actual mandatario comunal de Sáenz Peña, no descarta volver a presentarse como candidato a intendente “y si es necesario, ir a internas, con todas las de la ley”, dijeron. Lo del encuentro de ayer fue clave, porque se avanzó en el tratamiento del estatuto interno, pero quedó habilitado luego de una reunión realizada en el local de la calle 12 y 31, al presentarlo ante la militancia a su hijo Bruno como el jefe de gabinete municipal.
Allí, el mandatario comunal no descartó “si es necesario” presentarse para un nuevo período de gobierno. Y lo hizo en momentos de fuertes rumores que su exaliado de batallas Carim Peche también se postularía para el mismo cargo.
El viernes 7 de diciembre, en el Club Maracaibo, se celebrará una cena para celebrar un nuevo aniversario de la llegada al gobierno por parte de Gerardo Cipolini.