Los trató de esbirros

El diccionario de la lengua española señala que la palabra esbirro significa “persona pagada por otra, para que lleve a cabo acciones violentas en su lugar”; también, la misma palabra, se puede aplicar “al que se dedica profesionalmente a ejecutar las órdenes violentas de una autoridad”.

Con esta definición, el vicepresidente de la nación se refirió a quienes, según él, se dedican a defenestrarlo sin que existan motivos para hacerlo.

Conferencias truchas

El vocabulario de la calle ha bautizado como trucho a todo aquello que reemplace a lo verdadero. Una conferencia de prensa verdadera es aquella en la que quien la convoca se dirige a los medios para comunicar alguna novedad sobre algo en particular, y cuando termina de hacerlo les da la posibilidad a los periodistas acreditados a realizar preguntas que ayuden a comprender mejor lo expresado; o tal vez, alguna pregunta que el periodista cree que se ha omitido en relación al tema para la cual fue convocada la conferencia.
Al contrario, conferencias de prensa truchas son las que hace casi diez años realiza el gobierno nacional, cada vez que quiere comunicar algo. Y decimos que son truchas, porque cualquier funcionario de este gobierno, desde la presidente hasta alguno de menor rango, adoptó para sí el inexistente derecho de no contestar preguntas del periodismo.

Esbirro

Como decíamos al principio, el vicepresidente metió en la bolsa de esbirros desde jueces a periodistas en su alocado discurso del jueves santo, disfrazándolo de conferencia de prensa. Creemos que esta acción desmedida de alguien que ocupa un sillón que indudablemente le queda muy grande es comparable al pensamiento del ladrón, quien habitualmente piensa que, como es ladrón, los demás también lo son.
No afirmamos que el vicepresidente es literalmente un ladrón, solo usamos la figura del pensamiento del ladrón, para expresar metafóricamente la idea que comunica.
Entonces, si la palabra esbirro significa “persona pagada por otra, para que lleve a cabo acciones violentas en su lugar”; y también “el que se dedica profesionalmente a ejecutar las órdenes violentas de una autoridad”, podríamos tranquilamente aplicarla al mismo que la dijo. Porque eso es lo que hacen casi todos los funcionarios del gobierno, incluido el vice.

La presidente

No quedan dudas de que la estrategia presidencial en la causa de sospecha por su vinculación con la causa de la imprenta Ciccone es la de apoyar a su vice, más allá de que ha quedado ampliamente demostrado, por las pruebas existentes, que ha faltado a la verdad.
Incluye la estrategia domesticar la Justicia, de manera tal que las irregularidades queden sin ser investigadas, y de esta manera se brinde total impunidad a sus autores.
Es muy arriesgada esta nueva jugada presidencial de defender a su vice y muy diferente a la que habitualmente aplica Dilma Rousseff, primera mandataria de Brasil, que ya ha desalojado de su entorno a cinco exfuncionarios suyos, denunciados por cometer irregularidades.
Confirmaría la idea de domesticar la Justicia el hecho que el militante kirchnerista Daniel Reposo pasaría a ser, si el Congreso lo aprueba, el jefe de los fiscales. Teniendo en cuenta que la tarea de los fiscales es la de iniciar investigaciones cada vez que haya denuncias por irregularidades, no hay que ser demasiado inteligente como para pensar cuál será la característica de su trabajo al frente de los fiscales.
Daniel Reposo fue elegido por la presidente para reemplazar al extitular de la Procuración General de la Nación, el chaqueño Esteban Righi, nacido en Resistencia en el año 1938 y que fue ministro del Interior del expresidente Héctor Cámpora, y que acaba de renunciar por considerarse agraviado por los insultos de Amado Boudou.
De concretarse el arribo de Reposo como jefe de los fiscales, una vez más el gobierno demostraría, con hechos concretos, no tener ninguna intención de ser auditado, ya que, de haber sido así, no pondría en ese lugar tan sensible a un confeso militante.
Los hechos demuestran cotidianamente que el servilismo es una materia sobre la que el gobierno puede dar cátedra en cualquier universidad del mundo.