Extrema volatilidad

Según el relato del libro de Éxodo, los judíos deben celebrar en el mes de Nisán, la liberación de la esclavitud a la que estuvieron sometidos durante 430 años en Egipto. Precisamente, Nisán, es el primer mes hebreo después de la salida de Egipto; y Éxodo, es el primer libro del Pentateuco hebreo y también el primer libro del Antiguo Testamento, de la Biblia cristiana.


Siempre según el relato bíblico del libro de Éxodo, la volatilidad de la fe de los hebreos fue una marca que los caracterizó durante toda su existencia, incluido el presente. El relato dice que después de que fueron liberados por Moisés de la opresión de los egipcios, Dios los reunió al pie de una montaña y les propuso el estilo de vida a seguir en adelante. Todo el pueblo escuchó atentamente y aceptó las reglas a seguir. Para confirmarlo, Dios le pide a Moisés que suba a la montaña para que, en unos días, recibiera los mandamientos en dos tablas de piedras escritas en ambas caras que Dios mismo le entregaría .
Pero, viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender de la montaña, se acercaron a Aarón, sacerdote y hermano del líder, y le dijeron: “Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido”. Petición a la que el perturbado sacerdote obedeció de inmediato, y con los zarcillos de oro de todos los componentes del pueblo, hizo un becerro de oro de fundición, ante el cual se inclinaron, ofrecieron sacrificio y lo adoraron. Pronto, muy pronto, se apartaron del camino que Dios les había mandado.

La actualidad
El Congreso Judío Latinoamericano, acaba de hacernos llegar una salutación en el contexto de la celebración del Pesaj, la Pascua judía, firmada por Jack Terpins, su presidente, en la cual, destaca: “Esta mesa en torno de la cual nos reunimos, esta mesa con las matzot y con las hierbas amargas, esta mesa de Pesaj con un mantel inmaculado, no es una mesa; es una embarcación mágica con la que navegamos por las brumas del pasado, en busca de las memorias de nuestro pueblo”. Texto extraído de “Un Seder para nuestros días”, obra del brillante escritor y ensayista brasileño judío, Moacyr Scliar, quien en 2003, fuera electo para ocupar un sillón en la Academia de Letras Brasileña.
En dicho trabajo, el escritor judío argumenta: “Durante generaciones, la historia de Pesaj (Pascua) ha sido trasmitida como un hecho histórico: Moisés, las diez plagas, la división del mar Rojo, la liberación milagrosa. Nuestros antepasados recitaron la historia del éxodo para afirmar su creencia en que era verdad y para reforzar su fe en Dios que hizo que este evento sucediera. En nuestros días, muchos de nosotros explicamos la historia del éxodo más como una historia sagrada que como un evento histórico. Somos escépticos en lo referente a los milagros. Las implicaciones morales de plaga y castigo nos incomodan. Buscamos un Dios que responda a nuestra visión de la liberación de todos los pueblos”. Luego, continúa diciendo “¿Esta historia es verdad? No. No lo es, si lo que estamos diciendo es que se trata del relato exacto de unos sucesos que tuvieron lugar, más o menos, de la forma que se explica...”

Dicho de otro modo
Lo que el ensayista recalca, es que muchos judíos, no sabemos si la mayoría, ya no acepta el relato bíblico como un hecho acontecido tal cual se lo narra. Ello confirmaría, que el pueblo judío, o al menos parte de él, vuelve al becerro de oro y desecha como cierto el plan de Dios, y prefiere acomodarse, solo mediante la repetición automática de tradiciones ancestrales, que si bien no esta mal repetirlas; constituyen un estorbo si no se creen en ellas textualmente como están escritas en el libro de Éxodo. Este hecho, de ser generalizado, establece el abandono de la fe y solo pasa a ser un refugio en tradiciones emparentadas con la historia real, de la cual descreen.

El cristianismo
Como sabemos, el cristianismo tiene su nacimiento en raíces hebreas que parten del nacimiento de Jesús, el niño hebreo, que cuando fuera hombre cambiaría para siempre la historia de la humanidad.
Así como lo relata el ensayista brasileño antes mencionado, también el cristiano tipo del siglo XXI, salvo contadas excepciones, repite aquella incredulidad y desatiende la posibilidad de tener por medio de la fe, una relación personal con el que colgó las estrellas en el firmamento.
La Pascua, puede ser una buena fecha para, a la manera del hombre de campo, cultivar cuidadosamente la fe. Aquella que un día lo distinguiera de los incrédulos.