Los niños, primeros

En los últimos días hubo una muy buena noticia para los chaqueños. Las autoridades provinciales anunciaron que, por primera vez en el Chaco, la tasa de mortalidad infantil se había reducido a un dígito -el 9,7 por mil-, y que ese promedio era inferior al de la media nacional, el 10,81 por mil. ¡Vaya si es una buena noticia!, sobre todo si se tiene en cuenta que cuatro años atrás ese porcentaje era de 20.9 por mil.

Muy afecto a los números y a las estadísticas, el titular del Poder Ejecutivo fue gráfico al afirmar que de 398 casos de niños muertos se pasó en el año que acaba de terminar a 243. Es importante el logro y son fundamentales las acciones que se llevaron a cabo para conseguir esa disminución, como muchas otras que se realizan en el complicado campo de la atención sanitaria.

Sin embargo, la bondad de la noticia debe tomarse en su justa dimensión. Es para ponerse contentos porque los planes trazados den resultado. Pero, con seguridad que no es para festejar que ahora se mueran 243 niños, cuando cuatro años antes se morían 398. Lo que hay que ponderar es la aceleración de la reducción, cuando en otros tiempos siempre fue a cuentagotas.

Por supuesto que nadie puede estar tranquilo cuando todavía el número es importante, lo que compromete a redoblar esfuerzos y políticas que sigan por el camino iniciado. Y además, como en los indicadores sociales entran muchos imponderables y tardan en consolidarse, habrá que seguir con perseverancia para que lo alcanzado no se retrotraiga nunca más.

Es seguro que cuando se desglosen esos datos, habrá zonas del Chaco, como la capital Resistencia y los principales centros urbanos, donde las cifras serán mucho menores, mientras que en otras, como en parajes de El Impenetrable -a pesar de todos los esfuerzos- se duplicarán los porcentajes. Lo importante es localizar las causas y buscar una reducción mucho más amplia que remuevan lo evitable y consoliden una educación sanitaria que contribuya a que todo sea mejor y a que nadie se duerma sobre los laureles. La batalla todavía es larga.

Desde el regreso de la democracia (29 años se va a cumplir en 2012) no ha habido gobernador, en los ocho turnos que se llevan, que no haya hecho hincapié en la reducción de la tasa de mortalidad infantil por efectos de las políticas puestas en práctica en su gestión. Es evidente que en los últimos años todo se ha acelerado y de que, a corto plazo, si esto va más allá de un logro personal, se podrán aun exhibir mejores resultados que saquen a la provincia de la situación incómoda en la que aún se encuentra en esta materia.

Otros niños que mueren


Estos dos centenares y pico de niños que llegan al año de vida deben significar un compromiso redoblado para quienes han instrumentado este logro en la búsqueda de nuevas acciones que sumen. Pero no son los únicos niños que mueren innecesariamente en el Chaco. Las crónicas de estas vacaciones traen, como siempre, más que siempre, accidentes en las rutas donde perecen a personas de todas las edades, que en muchos casos están acompañados por niños de corta edad cuyas vidas quedan también en esas rutas.

Fruto de la velocidad, de la imprudencia, de las fallas humanas o mecánicas, de la superpoblación de las vías de comunicación, del no cumplimiento de las leyes de tránsito. En fin, de mil y un motivos. Esos chicos también forman parte de una triste realidad que tiene que ser modificada apelando a todo lo que sea necesario, aunque a veces resulte odioso hacerlo. Es una constante, pero así somos, se nos tiene que obligar a que cuidemos la vida, tanto la nuestra como la de nuestros hijos, a quienes llamamos a la aventura de la vida sin su opinión.

Curiosamente las cifras de todos los fallecidos en las rutas chaqueñas durante 2011 fueron 245, según las estadísticas de la institución “Luchemos por la vida”, mientras que los fallecidos según los índices de mortalidad infantil fueron 243. Aunque la mayoría son mayores en este caso, la comparación no deja de ser sugestiva como para llamar la atención de quienes tienen responsabilidades. En uno y en otro caso, todo lo que se intente será poco.

Otros ámbitos


Y existen otros ámbitos donde se debe cuidar de esas vidas incipientes que han logrado superar esa barrera de muerte, ya que sería malogrado todo esfuerzo si así no fuera. Es necesaria la erradicación del trabajo infantil, ese que permite que tantos pequeños se jueguen la vida todos los días en esos carritos destartalados que se mezclan con el tránsito infernal de motos, autos, camiones, colectivos en pueblos y ciudades. Ese que coloca a tantos pequeños en situación de calle de día y de noche a la intemperie y a disponibilidad de la delincuencia.

Ese que hace que recorran calles y basurales, hurgando para ver si encuentran algo para comer o algo que “les sirva”. Ese que los expone a los vicios de las drogas, del pegamento, del alcohol, del abandono de la familia. Ese que les impide el frecuentar con éxito una escuela para su formación intelectual y ciudadana y que hace que se malogre el éxito de haber superado la barrera de una elevada mortalidad infantil, pero que lentamente los va convirtiendo en muertos en vida, personas irrecuperables para una sociedad o carne de cañón para los más bajos instintos.

Todos a la escuela


No se debe permitir que los niños de hoy engrosen las cifras de esa otra lacra en la que los chaqueños sí seguimos manteniendo un posición de privilegio en el contexto nacional. Hay que juramentarse que, a partir de los cinco años, ningún chaqueñito se quede sin escuela, para que mientras se alfabetiza a los adultos, no haya nuevos ignorantes. Esta es una cruzada que el Chaco se debe y para la que debe arbitrar todos los medios necesarios, tanto o más que para la mortalidad.

De nada valdrá que salgan a la vida, si después la malogran por falta de oportunidades. Esta es aún una materia pendiente para tomarla con seriedad y con objetivos concretos. Es la única manera de hacer efectivo aquello de “los niños primero” o aquello otro de “los únicos privilegiados son los niños”. La lucha contra la mortalidad es lo primero, pero lo demás es igual de necesario e imprescindible, con la idea fija que se trata de algo más que números y estadísticas. Se trata de seres humanos. Se trata de nuestros hijos y de nuestros nietos.