Europa en el calendario maya

Comenzamos un nuevo año, en el cual los apocalípticos avant-la-lettre tienen una oportunidad especial para solazarse, ya que según los cálculos de los ancianos astrónomos mayas, con el solsticio del invierno boreal el próximo 21 de diciembre terminará un entero ciclo cósmico.

Nuestros agoreros contemporáneos han traducido rápidamente aquel cálculo astro¬nómico en el más vulgar y catastrofista- “fin del mundo”, y se han puesto sin demora a buscar las señales de tan fatídico adveni¬miento. La Unión Europea aporta uno de los ejemplos más acabados. Desde la quiebra de la banca Goldman Sachs, en el breve lapso que la crisis norteamericana tardó en cruzar el Atlántico e impactar en las finanzas europeas, el Viejo Continente inició una debacle que ya ha dejado el te¬rreno económico para ser política, social, e inclusive ideológica.

Y ese derrape está logrando desarti¬cular, en este corto tiempo, la laboriosa construcción de la integración de medio siglo. Sin embargo, y a pesar de las apa¬riencias, el desbarranque europeo no tie¬ne nada que ver con las previsiones de los sacerdotes indígenas mesoamericanos.

Está más relacionada, estimo, con la concepción de la élite política europea en esta coyuntura, que está lejos de aquellas miradas amplias y con sentido estratégico de los padres fundadores de las Comunidades Europeas Schumann, Monnet, Adenauer, De Gaulle- y de los fuertes impulsores que les sucedieron Delors, Kohl, Romano Prodi, Felipe González-.

El tándem Merkel - Sarkozy


En su lugar, la generación que ocupa el liderazgo continental contemporáneo (capitaneada por el tándem Ángela Merkel- Nicolás Sarkozy, y rodeada de gobiernos “tecnócratas”) han dejado de lado las estra¬tegias de cuentas largas y las concepciones de un estado de bienestar, para concentrarse en el inmediatismo cortoplacista: equilibrar los presupuestos y achicar el déficit público. Una generación de políticos a quienes un europeísta de siempre, como el ex presidente portugués Mario Soares, no duda en tachar de cobardes; desde la inimputabilidad que le otorga una vida plena de luchas, a sus 87 años acusa a sus pares de hoy: “no tienen coraje para tomar las decisiones necesarias”. Así, el 2012 quizá no traiga el apocalipsis, pero sí, con seguridad, en Europa seguirá profundizando la vía del ajuste, de la recesión, y del desencanto.

No podría haber sido de otra manera. Las predicciones calendarias de los astrónomos indios no han despertado en nuestra época un frenesí espiritual, como el que en su momento desató la cercanía del milenio en los oscuros tiempos medievales, sino una nueva y millo¬naria veta comercial. En México la oficina de turismo de la Rivera Maya prevé un récord de 52 millones de turistas (30 millones más que los 22 habituales). Y en Europa también los discursos, los planes y los programas se han reducido a saber quién paga la cuenta. El dinero, ese vil metal.

Alemania ha venido recuperando espacios de poder desde la unificación, y la canciller Merkel parece decidida a que ese nuevo empoderamiento de la primera potencia eu¬ropea se haga patente al imponer su criterio, aunque sea a todas luces desfavorable para el conjunto, y hasta humillante para algunos miembros (llamó vagos y holgazanes a los griegos, cuna de la filosofía y de la idea de democracia que fundó a Europa).

Los caprichos de Ángela


Pero también ese nuevo rol del resur¬gimiento alemán asusta a sus vecinos, y dispara las alarmas del “equilibrio”, la tradición bismarckiana que reguló los porcentajes de poder en el continente hasta mediados del siglo XX. De los tres grandes, cuando dos se juntan o crecen de¬masiado, el tercero sale por libre, y con su oposición vuelve a equilibrar el escenario. En ese contexto puede entenderse la patada al tablero propinada por el premier británico, David Cameron, en la última cumbre de Bruselas.

El inglés fue el único líder que se resistió a firmar el nuevo proyecto de tratado, que responde a un capricho personal de Ángela Merkel, y que intenta imponer condiciones draconianas de ajuste a todos los países de la zona euro.

Todos, menos Cameron, firmaron el texto impulsado por la señora Merkel el 8 de diciembre. Pero ese texto, que establece una austeridad rígida (con un tope al déficit público fijado en las propias constituciones de los Estados miembros) y la posibilidad de acusar a un país ante el Tribunal Europeo si incumple, se revela cada día más impracti¬cable. El primer ministro británico hubo de soportar una avalancha de críticas, e inclusive en algunos ámbitos se especuló con la posible salida del Reino Unido de las instituciones europeas, pero ahora, al echar cuentas y calcular los ahorros que deberán hacer los países pequeños para alcanzar los objetivos del tratado, más de uno comenta con simpatía la renuencia de Cameron en Bruselas.

Basta de ajustes


La recesión con que empieza 2012 se prolongará durante todo el año. Hasta la propia Alemania tendrá un crecimiento de apenas medio punto, mientras los países denominados “cerdos” de una manera insul-tante (“PIGS”, por sus iniciales en inglés: Portugal, Irlanda, Grecia y España), debe¬rán sumar a la recesión y al ajuste exigido por Merkel, una tasa de desocupación que superará el diez por ciento de la población económicamente activa: unos 23 millones de personas, y creciendo.

Despertando de un sopor que los ha deja¬do prácticamente fuera del juego político, los diputados socialistas en el Parlamento Europeo han publicado una carta abierta, en los principales diarios del continente, los primeros días de este año. En esa misiva sostienen que la política de desregulación financiera primero, y la exclusivamente centrada en la austeridad y en los recortes luego, están destruyendo la base económica del modelo social europeo. Con un mapa político dominado casi por completo por fuerzas conservadoras, los socialistas afir¬man que las medidas que impone esta Europa escorada a la derecha no son la solución, no sirven para atajar al capitalismo especulativo que ha originado la crisis- sino que se ceban en los más débiles y frenan la recuperación. “Debemos abandonar esta política basada sólo en la austeridad y llevar a cabo la inversión pública necesaria para esti-mular el crecimiento y el empleo”, dicen. Terminan su carta exhortando a regular los mercados financieros de manera estricta, establecer una tasa a las transacciones fi¬nancieras, y eliminar los paraísos fiscales.

Ese es, efectivamente, el rumbo necesario, creemos. Aunque llama la atención que lo expliciten ahora, después de haber perdido uno a uno los gobiernos que detentaban.