Wichís

¡Buen día! “Me encuentro en la ciudad de Buenos Aires. Mi nombre es Kanianteya, así no más... No quiero decir mi apellido para no personalizar la marginalidad. Quiero desde el simple sonido de una voz wichí, abarcar a mis hermanos que, como yo, son extranjeros en su propia tierra”.

Así comienza una carta de lectores publicada en su momento por Clarín. Llegó a la capital para reclamar por los derechos de su gente, a quienes se niega en la práctica la adjudicación de tierras que, por leyes nacionales y provinciales (de Salta), debían habérselas entregado hace muchos años. SIgamos leyendo:
“Vengo de un pueblito de Salta (Santa Victoria Este)... Soy wichí... Mi pueblo tiene 12.000 años de existencia en estas tierras... También soy mujer, madre de cuatro hijos. Seguramente nunca me beneficiará la ley de cupo ni nada de lo que en la ciudad llaman “discriminación positiva”... Tengo sólo 5º grado de la escuela primaria, y de lo leído en algunos libros escritos por blancos aprendí alguito, como para poder hacerme entender; pero de mi pueblo aprendí la honradez, la entereza, la solidaridad...
Por eso soy yo la que no entiende por qué el color de la piel determina quién come y quién pasa hambre, por qué no compartimos todo lo que tenemos, por qué no cuidamos la tierra de la que somos parte, por qué no nos respetan, por qué determinaron que somos incapaces y los derechos de los que todos hablan no nos alcanzan. ¿Será que no somos mujeres, que nuestros niños no son niños, nuestros ancianos no pertenecen a la tercera edad, nuestros animales no son animales? ¿Será que no somos humanos? No importa: el sol, la luna, la lluvia, los vientos, la tierra nos reconocen. “Ijuala Inamejen” (Que el sol nos acompañe)”.
Impactante el testimonio. En otro lugar de la carta, esta aborigen madre de cuatro hijos lamenta que el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas “no hace nada concreto: sus funcionarios van y vienen de las comunidades para ayudarnos, como en la época del cólera; pero ellos vuelven a la ciudad, cobran sus viáticos, no pasan hambre, tienen sus papeles de título de propiedad mientras nosotros quedamos en las mismas o peores condiciones, porque la pobreza crece y duele cada vez más”.
¡Hasta mañana!