El rapto

Existen dos expresiones semánticas que sin ser sinónimos pueden llegar a expresar una misma cosa. Nos referimos a las palabras rapto y arrebatamiento. Rapto significa tomar por la fuerza a alguien y llevárselo consigo; y arrebatar significa quitar o tomar con violencia y fuerza alguna cosa.

En relación con lo antes mencionado, en la agenda comunicacional pública del cristianismo existen hechos por acontecer, de los cuales poco y nada se habla. De uno de ellos queremos hacer referencia hoy.
Dentro del dogma cristiano bíblico se halla un precepto al que se denomina rapto o arrebatamiento. Cuando decimos dentro del dogma cristiano bíblico estamos diferenciando las acciones que se realizan dentro del cristianismo sólo por tradición. Lo aclaramos porque si bien es cierto que las tradiciones en sí mismas no son malas, sí lo son cuando reemplazan al dogma bíblico y se convierten en un nuevo credo.
El acontecimiento mencionado en las Escrituras como rapto o arrebatamiento hace referencia al momento cuando un determinado sector de los creyentes será levantado con destino celestial hacia la eternidad. Es una promesa, que será como premio para todos aquellos creyentes que lleguen a una determinada meta espiritual en el transcurso de su vida terrenal.
Lo interesante de esta promesa es que de la ella participarán incluso los muertos.

Primeros los muertos

Respecto del modo como ocurrirá el arrebatamiento, el apóstol Pablo les explicó a los cristianos que se congregaban en Tesalónica, ciudad situada sobre el golfo que en la antigüedad se llamaba Termaico, y que hoy se llama golfo de Salónica, en la actual Grecia, diciéndoles que en ese evento primero resucitarán los muertos que en vida hayan sido discípulos genuinos de Cristo y que, junto con los discípulos vivos, serán levantados en el aire por Jesucristo para vida eterna.


Dos primicias
Siempre según el relato bíblico, en este caso en la sección que corresponde al Antiguo Testamento y que estaba escrito en principio para los judíos, existen dos personas que ya fueron arrebatadas al cielo. El primer caso es el de Enoc, quien caminó con Dios y desapareció, porque lo llevó Dios. Hecho relatado en el libro de Génesis, capítulo 5, verso 24. También esté el caso del profeta Elías, quien estaba caminando con su discípulo Eliseo y de pronto apareció un carro de fuego con caballos de fuego, y subieron a Elías al cielo en un torbellino. Hecho relatado en el libro de 2º de Reyes, capítulo 2, verso 11.
Estos dos casos, según el dogma del cristianismo bíblico, sólo son un anticipo de lo que ocurrirá con determinados creyentes en ocasión del arrebatamiento prometido por el apóstol Pablo a los creyentes de Tesalónica.

¿Cuándo ocurrirá?

Respecto de cuándo ocurrirán éste y otros eventos bíblicos, los discípulos de Cristo se lo preguntaron y su respuesta fue que sería algo similar al día y horario de la llegada del ladrón. Les dijo así para que ellos pudieran comprender que el día y el horario nadie los sabe, porque si alguien supiera qué día y a qué hora llegará el ladrón estaría preparado para recibirlo. La enseñanza, en esa ocasión, fue que había que estar preparado siempre, porque este evento y otros acontecerían en el momento menos esperado.

¿Quiénes participarán?

El primer paso para participar de este acontecimiento glorioso para el cristianismo es ser parte de él. Porque es un acontecimiento reservado como promesa sólo para los cristianos. El segundo requisito es el de ser un cristiano comprometido con su fe. Dicho de otro modo, sólo participarán los creyentes que hayan logrado superar el odio y que hayan aprendido a no devolver mal por mal. En apariencia parece imposible para cualquier ser humano, sin embargo no lo es. Cualquier creyente que se lo proponga lo puede alcanzar, a diferencia de cualquier incrédulo que quisiera lograrlo.
Todos los fieles tendrían que participar de este evento, pero no todos podrán. La advertencia bíblica es que para participar hay que tener el corazón limpio, porque los de limpio corazón verán a Dios.
Vivimos en un mundo confundido por la maldad. Muchas veces incluso los fieles pisan el barro de la inmundicia. Muchas veces el compromiso con la fe es muy liviano, casi nulo. Pero la perseverancia en el buen testimonio de vida es la puerta hacia el arrebatamiento. Vale la pena estar alerta.