Los conchetos

Es bueno que la operación quirúrgica a la que fue sometida la presidente haya sido todo un éxito. Es bueno por ella, por su familia y también por el país. Teniendo en cuenta que un deterioro en su salud podría ser el inicio de males mayores para todos los argentinos, la noticia de su pronta recuperación no deja de ser un alivio en ese sentido. Por otro lado, siempre es bueno que todo aquel que sufre dolencias las supere lo antes posible.

La culpa es de Macri
Pero, metiéndonos estrictamente en la gestión, es indudable que el engranaje publicitario del gobierno nacional siempre logra hipnotizar a los menos informados. Si algo hace bien este gobierno es, precisamente, trasladar el resultado de sus propios errores a las espaldas de terceros. Es lo que acaba de lograr con el tema de los subtes porteños, adjudicándole a Mauricio Macri la responsabilidad total por el aumento de los boletos.
Pasa, como siempre, con el mensaje que les queda a los menos informados. El gobierno maneja hábilmente la comunicación pública para aparecer como víctima, cuando en realidad es el padre y la madre de todos los problemas que genera, en este caso a los subtes porteños, que sólo quedaron con el 50% del importe que antes recibían del Estado nacional, que los mal administraba. Al pasar la administración, de la nación a la ciudad de Buenos Aires, de algún lado tiene que salir el resto. Es sencillo: sale del bolsillo de quienes viajan.

La clase media argentina
No es que estemos a favor de los subsidios; pero reprochamos la manera de sacarse de encima los problemas que el mismo gobierno se encarga de generar. La realidad es que los recursos que antes sobraban --y se repartían discrecionalmente entre empresarios amigos del poder-- ahora ya no sobran. Y no sólo eso: comienzan a faltar. Empieza a suceder lo mismo que ocurría en el gobierno de Carlos Menen. El gobierno nacional repite los mismos errores. Cuando existen recursos, los despilfarran para comprar políticamente a la gente; pero luego, a la corta o a la larga, alguien tiene que pagar la fiesta. Eso comenzó ahora. Se viene el ajuste. Y es mejor para el gobierno hacerlo ahora que tiene el 70% de imagen positiva, y no cuando ésta se vaya desgastando.
Es la clase media argentina la que con su bolsillo paga el agua, la electricidad y el gas casi gratis para todos los que el gobierno llama marginados y al mismo tiempo el consumo subsidiado a los empresarios inescrupulosos que se enriquecen personalmente, como por ejemplo los relacionados con los juegos de azar y también aquéllos a quienes la presidenta llama conchetos por vivir en Puerto Madero, ahora sus vecinos, quienes pagan el gas más barato que los atribulados chaqueños, que deben hombrear garrafas de 10 o 15 kilos a precio de oro.

Conchetos
En uno de sus habituales discursos para los disciplinados aplaudidores, la presidenta trató de concheto al vicepresidente Amado Boudou, en alusión a su residencia en el paquete barrio porteño de Puerto Madero. Sin embargo, el diario Libre --de la editorial Perfil-- hace dos semanas publicó que la presidenta adquirió un departamento de 400 metros cuadrados en el paquete barrio Madero Center, a escasos metros de la Casa Rosada, por el que habría pagado 9 millones de pesos. Según Libre, la propiedad fue anotada a nombre de la empresa familiar de servicios inmobiliarios conocida como Los Sauces SA, fundada por Néstor y ahora administrada por su hijo Máximo. No hubo ningún comunicado presidencial que desmintiera la noticia. La noticia de Libre agrega que esta nueva propiedad vendría a sumarse a la casi veintena de propiedades similares que tendría la cuenta de inversión inmobiliaria de la familia presidencial, que treparía a una suma cercana a los 40 millones.

Haz lo que digo pero no lo que hago
Para el caso de que esta noticia fuera cierta, a los dichos de la primera mandataria se le podría aplicar otro dicho: “Haz lo que yo digo, mas no lo que yo hago”, ya que en ningún discurso público deja de dirigirse irónicamente a la necesidad de dejar de pensar en uno mismo y ocuparse un poco más del que menos tiene. Es el imaginario discurso de esta gestión de gobierno que habla de “redistribuir las riquezas”, cuando en la realidad las riquezas se siguen redistribuyendo, pero todas van siempre para el mismo lado.

Sexta economía mundial
Pese al discurso oral del gobierno respecto de que el país está mejor administrado que nunca, incluso mejor que en la época de Perón, la realidad indica que es exactamente al revés. Argentina ha perdido liderazgo natural en América Latina desde 1946, fecha cuando superaba a Brasil casi por el doble. Ha quedado relegada a manos de países con menores recursos, como por ejemplo Chile, Perú y Uruguay. Y si bien es cierto que este gobierno no tiene responsabilidad sobre lo ocurrido en los últimos 60 años, sí tiene responsabilidad absoluta en lo ocurrido durante los últimos ocho años, período en el que el retroceso se hizo más que evidente, hasta ocupar hoy el quinto lugar en Latinoamérica.
La contracara de Argentina es Brasil, que en sólo 60 años pasó de ser segundo de Argentina a la sexta economía más importante del mundo, desplazando de ese lugar a Inglaterra. Todo indica que algo mal estamos haciendo los argentinos. ¿Será que alguna vez lo reconocerá el gobierno?