En defensa de la vida

Todo comienzo es la invitación a una renovada esperanza. Aunque parezca una frase de circunstancia, es lo que pasa con este año nuevo que tiene apenas unas horas, en esta mañana de 2 de enero. Empezar un año es como aquello de “borrón y cuenta nueva”.

Sin desconocer lo pasado, poner la vista en lo que vendrá con nuevos proyectos, con renovadas ilusiones, con el lógico temor por lo desconocido, pero con la fe inquebrantable de que con voluntad todo se puede. Y eso, aunque tengamos apenas un puñado de años, o aunque la mochila esté cargada, y se esté mucho más cerca del final.

Así es esta apasionante aventura de la vida en la que algunas cosas se pueden prever y programar, pero en la que muchas otras aparecen de improviso y sin previo aviso. Una amalgama de éxitos y fracasos, de alegrías y tristezas que dependen del espíritu que tengamos para aceptarlas y potenciarlas.

“Es la vida”, dirían los franceses. Es la vida, podemos decir, porque cada veinticuatro horas renovaremos la esperanza hasta cumplir un nuevo ciclo, siendo actores decididos y no meros espectadores. Y lo que pasa a nivel personal pasa también a nivel país, a nivel provincial, en esta ciudad donde vivimos.

“La vida no vale nada”


Y es bueno pensar en este día dedicado a equilibrar algún posible exceso en la celebración del 31 y el 1 en las acciones que, muchas veces sin quererlo, van en contra de este amor por la vida que fluye entre las cosas y las personas. Hay una realidad incontrastable, penosa, hasta trágica que nos sacude cada día, varias veces por día. Muertes de vidas jóvenes, casi sin rodaje, en las rutas, en las calles, en los caminos de cada rincón de nuestra geografía.

Paradojalmente lo que se celebra como un progreso, como el haber alcanzado una meta: tener un auto o una moto, se convierte en un arma mortal que troncha todo lo que se pudo planear para una larga vida.

El inicio de este período estival ha sido desastroso y los accidentes se suceden sin interrupción y se pasa, casi sin pausa, de la celebración festiva al velorio.

Hay condiciones de infraestructura que favorecen esta calamidad. Calles y rutas estrechas y rotas, construidas para una sociedad con menos vehículos y menos velocidades. Autoridades permisivas que se rasgan las vestiduras por lo que sucede, pero que no pasan de la declamación pública y de operativos que duran un suspiro, y fomentan la hipocresía más que una mejora en las costumbres.

Y un elemento fundamental, un tan descarado como hasta inconsciente desprecio por la vida con la inobservancia total de las más elementales reglas de tránsito y convivencia en los espacios públicos. El 80 por ciento de las muertes y desgracias se producen por errores humanos: el más elemental, el no uso del casco.

Avenidas mortales


Parece mentira pero hay que obligar a la gente, sobre todo a la que se circula en motovehículos, a que cuide su vida y a que tenga un poco de paciencia en la conducción. Quien se desplaza sobre todo en horas pico por las avenidas que van y vienen de los barrios al centro de Resistencia, como Castelli- Alvear, Edison -Marconi, Soberanía-Malvinas, 25 de Mayo -9 de Julio, Paraguay -Rivadavia. Laprida-Lavalle, Avenida Chaco, Vélez Sarsfield - Las Heras, Italia - San Martín, Alberdi -Sarmiento, Wilde- Belgrano, Ávalos- Hernandarias, Mac Lean, entra en una ruleta rusa en la que todo vale. Motos y bicicletas que avanzan por derecha, por izquierda, en zigzag entre autos, ómnibus y camiones, que no guardan distancia, sin casco, sin luces, con tres y hasta cuatro personas; sin respeto por las reglas más simples y elementales, como la obediencia al semáforo y también vehículos de todo porte apurados por llegar a ninguna parte, preparan un cóctel explosivo para las más nefastas consecuencias.

Se acaba de convocar desde el municipio a todos los sectores interesados para crear el Consejo Consultivo del Tránsito, que buscará ordenar y modernizar el sistema de tránsito con la implementación y el cumplimiento de las normas. Se afirma que en el área metropolitana se producen 30 accidentes diarios que provocan a lo largo del año decenas de muertes y miles de heridos de todo tipo. Hace pocos días el director del Hospital Perrando afirmó que no se da abasto para atender a los accidentados y se han triplicado las guardias.

Constancia en los operativos


Y si es cierto que impera la cultura de la transgresión que se considera una virtud, producto de la “viveza chaqueña”, los operativos que se implementen deben ser severos, implacables, con penas duras e iguales para todos y sobre todo constantes y en todos los lugares estratégicos. No sirven si duran tres días, una semana, un mes. Deben estar siempre, hasta que se forme conciencia y esto se logra con la constancia de la gota que horada la piedra. Aún en sábados y domingos. Si no, no sirven.

Además, debe ser mayor la exigencia en papeles, patentes, observancia de las leyes de tránsito. ¿Se exige un examen previo al conductor de una moto? Aunque parezca una banalidad, ante la emergencia de tanta muerte se hace necesario. Como se hace necesario algún tipo de regulación en la venta. No se debería comercializar con tanta facilidad, más allá de que para algunos se trate de suma necesidad. Las calles no están preparadas para tanta moto que aparecen por todos lados, a contramano, por las veredas, por las sendas peatonales. Seguir vendiéndolas es sólo negocio y afán de lucro y contribución a muertes seguras, antes que a progreso.

Se deberían establecer ciertas reglas para la venta de motos, ya que lo único que falta es que se puedan comprar en los kioscos, esos mismos que también venden bebidas alcohólicas a toda hora y a la vista de todos sin estar habilitados. Y ningún vehículo de dos ruedas debería salir a la venta sin su correspondiente casco, como parte esencial, al igual que las ruedas.

Si siempre se habla de que se es hijo del rigor, aquí más que nada si es que se ama la vida. Se pierden muchas vidas jóvenes, que desgraciadamente se lamentan recién a la hora del velorio.

Todos debemos ayudar a una toma de conciencia y luego a una exigencia racional, porque se trata de defender la vida, ese bien preciado e inestimable que acabamos de celebrar con el inicio de este nuevo año.