Un giro de 180 grados

Aunque algunos lo hacen, no es frecuente festejar el cumpleaños de alguien que no vive; es más natural que, en el caso de que haya sido una persona notable mientras vivía, se recuerde la fecha de su desaparición física. Como por ejemplo ocurre con los próceres de la patria: San Martín, Belgrano, Sarmiento y otros.

Ahora bien, el 25 de diciembre se homenajea el nacimiento de Jesús, alguien a quien físicamente no podemos ver, sin embargo no llega a ser un impedimento para hacerlo. Porque aun así, todos los años, en la misma fecha, se realizan actividades en distintos lugares del mundo para festejar este acontecimiento tan especial, y aunque no existe ninguna precisión sobre la fecha exacta de su nacimiento, nada desmerece la fiesta, estrechamente ligada con el cristianismo.

No está muerto


Los fieles del resto de las religiones tienen la posibilidad de visitar la tumba de quienes fueron los creadores de la religión que profesan. Sin embargo, no ocurre eso con los cristianos, porque no existe ninguna tumba en el mundo cuya lápida diga: “Aquí yacen los restos de Jesús”. Precisamente, la piedra fundamental del cristianismo, es creer que Jesús murió en la cruz, pero resucitó al tercer día de su muerte, y que ahora está sentado a la diestra de Dios Padre, y que desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Este dogma es tan básico y necesario que sin él la fe del cristiano sería totalmente vana.

En definitiva, la gran diferencia que existe entre el cristianismo y el resto de las creencias es que todos los líderes de las distintas religiones del mundo están muertos; sin embargo, el líder de la cristiandad vive para siempre.

Su resurrección

La Biblia, que viene a ser como la Constitución del cristianismo genuino, predice en su texto correspondiente al Antiguo Testamento, su nacimiento, muerte y resurrección. Posteriormente, ya en el contexto del Nuevo Testamento, y después de haber sido debidamente constatada su muerte, las autoridades de aquel entonces tomaron los recaudos necesarios para evitar que la fe cristiana trascendiera más allá del fallecimiento de su líder natural, y conociendo lo predicho por las escrituras evitaron que para argumentar aquello alguien robara su cuerpo y después dijera que resucitó. De manera tal que las precauciones que se tomaron para sellar su tumba y la vigilancia de soldados sobre ella hicieron imposible que cualquier seguidor pudiera ingresar a ella y robar su cuerpo.

Pero después de que su muerte fuera un hecho de la realidad debidamente constatado, existieron pruebas irrebatibles sobre su resurrección. Los testimonios bíblicos aportados fueron numerosos y concordantes entre sí. Por ejemplo los de los discípulos Pedro, Juan, Santiago, Tomás; los mismos guardias de la tumba, los discípulos del camino a Emaús, los quinientos cristianos a los que se les apareció resucitado, mencionados en la carta de Pablo a los corintios, el resto de los apóstoles y otros casos más.

El Cristo

Si bien su nombre es Jesús, también se le conoce como Jesucristo, que es la unión del primero con la palabra Cristo. Esta última palabra proviene del griego Christos, que significa ungido, o Mesías. Así, entonces, Jesús es su nombre y Cristo es su título. Producto de su resurrección, y en consonancia con su título de Mesías, el ha sido declarado Hijo de Dios y le ha sido dado todo poder en los cielos y en la tierra y desde entonces está sentado a la diestra de Dios, coronado de gloria y honra.

Para la fe cristiana, su resurrección hace posible la salvación del alma de todo aquel que en él cree. Muchos pueden preguntarse: ¿Pero, de qué tengo que salvar mi alma? Y es una buena pregunta. La respuesta es que la enseñanza del cristianismo asevera que todos los seres humanos se han apartado del camino correcto y están alejados de Dios. También afirma que no existe manera humana de restablecer esa relación, y que la única forma de hacerlo es precisamente creyendo en su nacimiento, muerte y resurrección.

Nacer de nuevo

A este procedimiento se lo conoce como el nuevo nacimiento. No físico, sino espiritual. Muchas veces la gente se pregunta por qué cambian los que tenían una vida incorrecta cuando se acercan genuinamente a Jesús. La respuesta es ésa. Es por causa del nuevo nacimiento. Eso produce la necesidad de un giro de 180 grados. La persona que tiene un verdadero encuentro con Jesús no puede ser la misma persona que era antes. Esa es la señal del cristianismo. Aunque es una necesidad, no alcanza con asistir a una iglesia. El cristianismo exige un compromiso mayor. Un estilo de vida diferente del que el mundo tiene como normal. Eso requiere una decisión. La decisión es seguir viviendo como al mundo le gusta o dejar de hacerlo y seguir las enseñanzas de Jesús. El cambio se debe notar. Si alguien dice: “Yo soy cristiano”, pero no hay cambios que se noten en su vida, quiere decir que practica un cristianismo nominal, sin sentido y carente de valor.

La Navidad

Navidad es una oportunidad para el cambio. No debiera ser una fecha solamente gastronómica. Debiera ser una fecha que permita reflexionar sobre cómo estamos viviendo el cristianismo que profesamos. Debiera ser una fecha que invite a entrar a los que están afuera y que permita mejorar a los que están adentro. En definitiva, Jesús no está muerto, esta vivo. No está mal celebrar su fecha de cumpleaños, pero tampoco debiera ser lo central. Lo central es hacer su voluntad. Esta Navidad es una nueva oportunidad para intentarlo.