Serenidad

¡Buen día! “Un minuto de serenidad vale más que una hora de éxito”. Esta frase tan pequeña contiene mucha riqueza. Porque, tal como escribió Siul Arco, “inútiles son los bienes materiales, el éxito, la fama, el poder, si no hallamos en lo profundo de nuestro espíritu la necesaria serenidad y armonía para ser realmente felices”.

Tengo a mano un pequeño libro que habla del tema bajo formas diferentes: “Momentos de paz”, de Antonio Baggio. Le sugiero leer cuanto sigue: “El que no practica la serenidad se vuelve esclavo de los nervios, de la angustia y de los arrebatos. Con la cabeza fría se ven las cosas con mayor claridad. La falta de serenidad es perjudicial para todos. Esto no quiere decir que el barco debe ser gobernado por el capricho. En la serenidad se juntan suavidad y energía. Hay mil cosas que perturban la cabeza de las personas. No siempre el sistema nervioso está serenado. Hay temores y miedos. La serenidad es garantía de estabilidad y perseverancia. No se preocupen, pedía Cristo. Esto vale para los momentos de prueba, el trabajo diario y las horas en que la vida exige decisiones. No pierdas la paz ni huyas de ti mismo. Nadie se hace perfecto en un solo día ni obtiene ayuda dando gritos. Vivir significa estar en contacto con los otros. Con tu familia, con tus amistades, con tus relaciones profesionales. Es allí donde Dios te espera. En todas estas circunstancias debe estar presente la mansedumbre. Serenidad es sinónimo de eficacia. La madre asegurará la educación de los hijos si practica la paciencia. En la intimidad de la familia habrá paz si existe un clima sereno y amistoso... Cuando se sabe hablar sin herir, los corazones no se cierran. Basta un carácter amable para hacer feliz a todo un grupo. Calma, buen humor y serenidad producen en los demás sentimientos de alegría. Hasta hoy, ¿qué dejaste tras de ti?”. ¡Buena pregunta. Para una respuesta sincera. ¡Hasta mañana!