Castidad conyugal

¡Buen día! ¿Castidad conyugal? No se contradicen lo términos. Porque la palabra castidad significa dominio de sí; esta capacidad debe tocar también la vida conyugal lo que permite, por ejemplo, ejercer una equilibrada continencia periódica para la regulación de la natalidad.

Lo expresa de algún modo la encíclica “Humanae Vitae” de Pablo 25-7-87) cuando dice: “Una práctica honesta de la regulación de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir y poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia, y también una tendencia procurarse un perfecto dominio de sí mismos. El dominio del instinto, mediante la razón y la voluntad libre, impone sin ningún género de dudas una ascética, para que las manifestaciones afectivas de la vida conyugal estén en conformidad con el orden recto y particularmente para observar la continencia periódica. Esta disciplina, propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime. Exige un esfuerzo continuo, pero en virtud de su influjo beneficioso, lo cónyuges desarrollen íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de valores espirituales: aportando a la vida familiar frutos de serenidad y de paz y facilitando la solución de otros problemas; favoreciendo la atención hacia el otro cónyuge; ayudando a superar el egoísmo, enemigo del verdadero amor, y enraizando más su sentido de responsabilidad. Los padres adquieren así la capacidad de un influjo más profundo y eficaz para educar a los hijos; los niños y jóvenes crecen en la justa estima de los valores humanos y en el desarrollo sereno y armónico de sus facultades espirituales y sensibles”. ¡Hasta mañana!