Cuerpo

¡Buen día! “Amo tu cuerpo porque contiene tu corazón”, escribió José Narosky. Tal vez podríamos profundizar la idea señalando que el cuerpo es el templo del alma. Aún más: el templo de Dios. Lo escribió San Pablo en su carta a los Corintios: “¿No saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?” (1 Cor 6,19).

Miguel Ortega Riquelme en “Le oí decir a Dios”, pone en boca de Él algunos pensamientos estupendos. No se los pierda:
“El templo donde yo vivo lo hice con mis manos. Fui albañil de mi casa, y constructor de mi morada. Hundí mis manos en el barro para hacerlo. Le fui dando una figura tan perfecta y un rostro tan hermoso que al verlo nadie dudara de mi presencia”.
“Mi templo es tu cuerpo viviente. Ahí permanezco escondido. Y ahí yo escucho tu oración y penetro en tu pensamiento”.
“Yo quiero que todos los sepan y que nunca lleguen a olvidarlo.Vivo en el hombre. En cada hombre. En todo hombre. Y me hieren los que lo desprecian”.
“Me duele cuando a un hombre lo hacen vivir en la miseria”.
“Sufro cada vez que a un hombre lo torturan, lo humillan, lo rebajan o postergan”. “Protesto por el hambre de los niños, por el abandono de los ancianos, por la marginación de los pobres. Y con ira expulsó a los que oran en templos de piedra, mientras pasan de largo y me desprecian diariamente. ¡Aborrezco sus oraciones! ¡Detesto sus sacrificios!”.
“Mi templo tiene ojos, brazos, pulmones, oídos, piernas, hígado y corazón. Mi templo respira, y velozmente por él circula sangre. Mi templo lo fabriqué con cariño a lo largo de los siglos. Le di mi figura. Le comuniqué mis virtudes. Le soplé mi espíritu”.
“Por eso te amo tanto, templo mío. Por eso amo tu cuerpo y tu vida. Por eso defiendo con pasión a todos mis templos vivientes de la tierra. A todos. De donde sean y donde estén”.
“De cualquier edad y de cualquier color. De todos los partidos y de todas las religiones. Cada hombre es mi santuario en esta tierra. Es mi templo vivo, y caminante. Como tú. Eres mi templo y mi catedral. Por eso te llamas hombre”.
¡Hasta mañana!