Emergencia vial, ya

“Es de no creer, pero resulta muy difícil sentar a la misma mesa y convencer a las autoridades del municipio y de la provincia para realizar acciones conjuntas que busquen preservar la vida de hombres, mujeres y niños en las rutas y calles de la ciudad”. Así le decía, días atrás, un dirigente de Padres en la Ruta y Ciudad Limpia, a un amigo, en el comentario obligado sobre tantas muertes evitables por inobservancia de las normas de tránsito y por la insuficiencia de las vías de comunicación, entre otros motivos.

 Al parecer, esta vez más se logró una coordinación de actividades entre la Policía de la provincia y el Cuerpo de Tránsito de la Municipalidad de Resistencia y se está desarrollando una campaña de concientización que hoy, lunes 14 de noviembre, entrará en una etapa de mayor exigencia para el uso del casco y el respeto de elementales disposiciones para cuidar vidas, sobre todo jóvenes. No es la primera vez que se ponen en vigencia acciones de este tipo: hubo otras oportunidades en que sucedió lo mismo y que duraron lo que la presencia de los inspectores en la calles. La falta de perseverancia de las autoridades y, muchas veces, la inequidad en la aplicación de criterios, hicieron que todo cayera en saco roto.

Parece algo loco, pero es así: “a la gente hay que obligarla y hasta castigarla para que cuide su vida y la de sus seres queridos”. Accidentes sucedidos en los últimos días en todo el país y también en el Chaco en horas recientes volvieron a poner en evidencia la gravedad del problema y lo increíble de los números. NORTE se ocupó extensamente del tema e inclusive editorializó sobre lo que es una de las principales causas de muerte. Habló de los 8.000 decesos en accidentes viales por año en todo el país, lo que implica entre 22 y 23 muertes por día. Dentro de esas aterradoras cifras para el Chaco, según el Sistema Único de Estadísticas Delictuales (SUED) de la Jefatura de Policía del Chaco, en el primer semestre de este año se produjeron 7.177 accidentes de tránsito, 171 más que los registrados en último semestre del año pasado (6.165), y con un promedio de 39,8 hechos por día. Sin embargo, en contraste con igual período del 2010, en esta primera mitad del año hubo 1.012 accidentes más.

En esos accidentes fueron 84 las personas que murieron y hubo 3.739 heridos leves y 379 heridos graves. Este cuadro de situación hace que, un hecho auspicioso como la felicidad que representa para una familia alcanzar por primera vez la propiedad de un automóvil, aunque sea de segunda mano, o de una motocicleta que permita ir al trabajo, llevar los niños a la escuela, salir de compras o de paseo, visitar a los parientes, se convierta, muchas veces, en la peor de las tristezas, la muerte, con lamentos tardíos y con daños irreparables.

Urgente, emergencia

Tanta muerte, tanta desgracia acredita que no se puede esperar más para declarar en emergencia el tránsito en el país, en las provincias, en las ciudades, aquí en el Chaco, que es lo que a nosotros nos interesa y que roza nuestra piel. Nuestras ciudades y las rutas que las unen han sido trazadas para un país de medio siglo atrás. Las normas de tránsito vigentes también están viejas y obsoletas y si alguien debe ocuparse para ayudar y obligar a los ciudadanos a cuidar sus vidas, es el Estado en cualquiera de sus ámbitos: nacional, provincial o municipal.

Se necesitan acciones enérgicas y urgentes. Mientras se pone en marcha la construcción de imprescindibles autopistas que potencien las rutas nacionales y provinciales existentes (11, 16, 95, para empezar) que no son un lujo, son artículos de primera necesidad, hay que realizar operativos como el que se habla al principio, extensibles a todos los aspectos del tránsito. Respecto de esto último ¿no sería imprescindible que los municipios, sobre todo Resistencia y Sáenz Peña, tomaran medidas de fondo y no simples maquillajes para la regulación de los estacionamientos, de la circulación de motos, autos, camiones, colectivos y vehículos de tracción a sangre, con incentivos y exigencias, hasta con la fijación de horarios, la desgravación impositiva para quienes aporten soluciones, con la actuación eficaz de cuerpos de inspectores que vayan más allá del estacionamiento medido, de hacer de semáforos humanos y con horarios continuos, que no dejen al descubierto lapsos del día y de la noche, aun en domingos y feriados? La inversión en personal y elementos vale la pena para, aunque sea, salvar unas pocas vidas.

Medidas concretas

Uno se pregunta si no debería aplicarse un mayor rigor en el otorgamiento del carné de conductor, unificándolo en toda la provincia. Implementar algo similar para los motociclistas y más severidad para el retiro de vehículos y de la licencia del conductor, con pagos elevados para su rehabilitación que obliguen a recapacitar sobre la liviandad en el cumplimiento de las normas. El interrogante también puede extenderse (aunque se trata de una idea a discutir) si no debiera coordinarse de alguna manera la existencia de tantos comercios de venta de vehículos, sobre todo los de dos ruedas, y de algunos requisitos orientados a la seguridad, el evitar accidentes y por ende a salvar vidas. Ya que a ellos les interesa vender, sin tener en cuenta si quien los compra está capacitado para su manejo, si la ciudad, las rutas pueden aceptar semejante cantidad de vehículos, tanto en la circulación como en su estacionamiento. Por ejemplo, no debería venderse una sola moto sin su casco correspondiente.

Educación vial para todos

Y mientras se instrumenta la emergencia, las campañas de educación vial deben intensificarse y no sólo a nivel escolar. A todo nivel y para todos: automovilistas, camioneros, colectiveros, motociclistas de todas las cilindradas, ciclistas, vehículos de tracción a sangre y peatones. Prácticas, intensivas, con normas concretas y exigibles, sin dejar nada librado al azar, como por ejemplo la no circulación de motos y bicicletas por las veredas, la obligación del uso de bicisendas donde existen y la creación de otras. Nada será mucho, ni pesado, si se aplica con criterio porque se trata de salvar vidas, de evitar que sigan muriendo jóvenes, niños, seres valiosos por causas que pudieron removerse. Y esto es urgente, es imprescindible y sobre todo es posible, con la intransigencia de las autoridades, con la colaboración de la ciudadanía y con una toma de conciencia tanto de gobernantes como de gobernados de que no se puede esperar más.