El sube y baja de los precios en una economía y un mundo convulsionados

La crisis económica está servida sobre la mesa del mundo y los países, incluso los más poderosos, buscan la solución a tamaño desastre que los dirigentes armaron de espaldas de una comunidad que hoy clama por mantener su trabajo hasta en las urbes más adelantadas.

A pesar de las urgentes reuniones de los máximos dirigentes del mundo y el aporte fabuloso de capitales a países como España, Grecia, y últimamente Italia para enderezar sus economías (otras naciones pasan por lo mismo, incluso como el poderoso Estados Unidos) tambalean, haciendo crujir las estructuras que sólo hace pocos meses eran sólidas. Incluso los organismos financieros mundiales están sorprendidos y no encuentran una receta que indique el camino de una recuperación sostenible y, por lo tanto, ensayan en la desesperación acciones que impactan negativamente en la población en general. Esos excluidos de los países ricos que hoy saborean el gusto amargo de la desocupación se calificaron a sí mismos como “indignados”, y protestan ante tanta inequidad y desamparo social. En estas tierras los pobres todavía son muchísimos y los indigentes muchos más, pero tenemos lo que a los otros falta: recursos para alimentarlos.

Un mundo convulsionado

Todos buscan precisiones y exponen ideas y planes para sortear la crisis, pero hasta ahora nadie encuentra el rumbo. En la Argentina también se hacen esfuerzos para no sufrir coletazos indeseables. La misma presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo un dramático llamado en el G-20 para volver a las fuentes dentro del marco del capitalismo de la mano de la agroindustria, exhibiendo el crecimiento argentino Si muchos señalan que el modelo no es tan reluciente o no cuenta con bases sólidas, el país muestra sus números y también objetivos que indican que estamos mejor ubicados para soportar el cimbronazo de la crisis internacional.

La propuesta argentina

Mientras Cristina Fernández se reunía con el presidente de Estados Unidos y otros líderes mundiales, el ministro de Agricultura Julián Domínguez proponía en el escenario mundial un mayor control sobre los flujos del mercado de capitales en lugar de buscar regular los precios de los commodities agrícolas. Asimismo, daba cuenta de la volatilidad de los mercados que seguramente continuará, como también las metas del gobierno incluidas en el Plan Estratégico alimentario y Agroindustrial hasta 2020, los procesos de biotecnología y genética del sector y el rol de las cooperativas en los esquemas de producción y comercialización. “Toda esta batería de acciones tienen como objetivo aumentar la producción”, sostuvo.

La Argentina en las últimas décadas tuvo un salto espectacular en su producción agroindustrial, como resultado de un marco institucional adecuado para la adopción y difusión de nuevas tecnologías y por la estabilidad de las reglas macroeconómicas y específicas para el sector. El cambio fue luego potenciado por el incremento de los precios, pero fue previo y simultáneo. El efecto cantidades no debe ser subestimado. La producción pasó de 20 millones de toneladas a casi 100 millones y el valor de las exportaciones más que se duplicó, ya que llegó a los 50.000 millones de dólares.

Sin embargo, en los últimos años el entorno institucional se ha ido desdibujando. En el último congreso de la agroindustria realizado en Rosario en el que NORTE estuvo presente, los empresarios advirtieron que la Argentina actúa con medidas regulatorias, impositivas y de controles de precios que tienen efectos negativos sobre la producción, mientras el gasto público no necesariamente llega a los sectores más necesitados, ni en cantidad ni en calidad. Un ejemplo típico de lo antes descripto fue la intervención en el mercado de la carne. Se mantuvieron los precios controlados, se prohibió la exportación y el resultado fue la fuerte caída de la oferta, la duplicación de los precios al consumidor en dos años y la merma del consumo interno y de las exportaciones.

Los empresarios reiteraron que se deben eliminar las restricciones cuantitativas y, gradualmente, los impuestos a la exportación, con un rediseño de la política fiscal en sentido amplio que incluye el sistema impositivo, el gasto público y la Coparticipación Federal.

Sin embargo, el gobierno no piensa lo mismo y tiene otra visión de la política por aplicar para lograr una participación en forma justa y equitativa de todos los productores en el comercio internacional, para evitar de esta manera que las ganancias se concentren en pocas manos. Para esto se promoverá el cooperativismo, entre otras acciones por desarrollar a partir de diciembre.

El sábado último un productor que acababa de cosechar trigo en nuestra provincia se quejaba porque todavía había cereal del año pasado sin vender. Actualmente había pocas ventas y quienes compran tiran el precio hacia abajo. Como ejemplo dijo que en el Chaco se paga 100 dólares la tonelada de trigo, mientras que en Rosario 140. Esa es una inequidad y, por lo tanto, espera que se adopten medidas para que el aumento de producción, que se pide para llegar a los 160.000.000 de toneladas, no sea una quimera. “El productor tiene que tener rentabilidad”, advertía.

Aumentar la producción

La evolución del mundo emergente seguirá permitiendo que vastos sectores de la población mundial abandonen la economía de subsistencia y la pobreza extrema y se incorporen a la actividad económica más organizada, con cambios importantes en sus patrones de consumo, en particular de alimentos. A pesar del incremento de costos existe un escenario favorable para el sector agroindustrial en un contexto, a pesar de la crisis, un futuro interesante, por lo que el camino será aumentar la producción pero con ciertos retoques para que la pobreza que hoy tenemos en la Argentina se vaya diluyendo con más trabajo.

La realidad de hoy pasa por el incremento poblacional que se produce día a día y, por cierto, el mayor desafío es brindarle comida. En definitiva, ésta es la base de todos los reclamos sociales en países que analizan con miedo si van a poder darles de comer a sus pueblos. El diagnóstico, por cierto, no es el mejor debido a que reina un clima de incertidumbre y volatilidad de los commodities en todo el mundo: la consigna, especialmente en la zona Euro, es “ajustarse el cinturón”, por lo que los especialistas dicen que se tardará tiempo en superar la actual tormenta.

La Argentina puede contribuir a paliar el hambre, lograr desarrollo y bienestar para el país, siempre que nos unamos en una estrategia superadora en el tiempo en el que no se dilapiden recursos.

Una voz de alerta

La Argentina pierde rendimientos y empobrece su suelo por no hacer una correcta fertilización, debido a que el 70 por ciento de la agricultura se desarrolla en suelos que necesitan fósforo. La advertencia la realizó la organización Fertilizar y se convierte en un severo llamado de atención especialmente para la región del Gran Chaco Americano.
 
Esta situación se debe, en gran parte, a la incidencia del cultivo de soja no fertilizado o fertilizado con dosis inferiores a la reposición y a las altas extracciones que produce este cultivo. La síntesis es que la consecuencia es la pérdida de rendimientos y el empobrecimiento del recurso suelo. ¿El peligro?: los suelos dejan de ser aptos para la actividad agrícola, se convierten en un mal negocio e hipotecan el futuro productivo. Todos deben tener en cuenta esta advertencia y más aún quienes alquilan sus campos.