Pobreza intelectual: La enfermedad social del siglo XXI

Por Nuri Bendersky

 
Cuando hablamos de pobreza inmediatamente asociamos a la falta de algo, a la ausencia de valores, por lo general monetarios. Sin embargo la pobreza se da en todos los cánones de la vida, donde uno es consecuencia de otro. Nos detendremos hoy en la pobreza intelectual, causa y efecto de múltiples factores, resultado de la quietud emocional y potencial motivo de una sociedad vacía, con un serio diagnóstico de muerte súbita.

Profesionales de la Salud, jóvenes y artistas dieron como resultado una inevitable conclusión: la necesidad de poner a prueba actitudes, acciones y reproducción de retroalimentación para revertir a un “ser social” cada vez más cadavérico.

Resulta inimaginable la cantidad de factores sociales que se atrofian en un estado gradual de pobreza intelectual. Así como el cuerpo humano se debilita y muere por falta de alimentos, o un país cae si quien lo maneja utiliza magras estrategias políticas; de la misma forma la sociedad de ve empobrecida cuando su cultura es atacada por la reproducción de hábitos ineficaces, obsoletos, de mal gusto; hábitos que incluso logran ser absorbidos como “normal”. En fin, todo se ve disminuido cuando la “cabeza” no regenera células. En una consulta médica, el profesional es muy claro. “Un cuerpo mal alimentado se deteriora, de marchita, no puede pensar, por lo tanto no puede actuar y se acostumbra hasta que se muere”.

El problema subyace cuando esa pobreza carcome los aspectos más sensibles de la sociedad y de manera sutil. En este caso nos detenemos en un simple hecho como lo es escuchar un determinado estilo de música, donde reina el vacío creativo tanto en su contenido poético como en lo instrumental. Si tomamos como partida este ejemplo, podemos entonces entender de qué manera la ausencia de elementos para desarrollar otros aspectos como la belleza, la inteligencia, el sentido crítico, y el sentido emoción/reacción puede ocasionar una fatídica muerte social.

Recorriendo las calles de nuestra ciudad pudimos dar con algunos casos que muestran el estado más “popular” en el que viven los jóvenes; hijos de una generación que nació con las nuevas tecnologías, donde las grandes enciclopedias se leen por Internet, donde el diccionario es wikipedia y donde comprar un CD de un artista preferido es un gasto inútil. “Y ahora lo que más se escucha son los Wachiturros, en el boliche siempre te lo pasan y la gracia está en ver como bailan los que aprendieron el pasito típico de ellos”, nos cuenta Noelia (18 años). Si permitimos que este tipo de posiciones se tornen “de buen gusto y de normal”, estaremos hablando de una sociedad desgastada y sumergida en la miseria social en un par de años más. “Antes leía mucho más. Llegaba a casa y antes de dormir leía un par de capítulos de algún libro. Hoy como tengo la tele en mi pieza, me duermo mirando cualquier programa”, nos confesó Oscar (58), parado con una revista –que traía un poster de Justin Bieber- que compró para su nieta adolescente.

Podría llamarse absurdo entonces a la acción de luchar en contra de la tecnología y proponer la lectura masiva de libros de grandes artistas, o de exigir que los “músicos” actuales elaboren composiciones respetando tiempo, armonía, ritmo y afinación en su ejecución. Pero sin embargo es más que eso, es aprovechar lo que existe para elaborar cosas mucho más creativas. “Desarrollar nuevos intereses y mantenerse activo intelectualmente es el mejor remedio contra el envejecimiento de las neuronas. Las áreas del cerebro que no se usan se van perdiendo”, nos explica Cecilia B., médica del Hospital Escuela de Corrientes.

Por otro lado, varias investigaciones han demostrado que un coeficiente intelectual (CI) alto se relaciona con la posibilidad de haber sido criado en un ambiente estimulador. Así, se ha podido comprobar que los niños de zonas marginales tienen menores posibilidades de alcanzar un coeficiente intelectual más alto que aquellos de clases sociales medias y altas. En consecuencia, pareciera que nunca hay que dejar de ejercitar la mente. Y al mismo tiempo los primeros años de la infancia resultan determinantes para alcanzar un Coeficiente Intelectual (CI) alto.

Y para no responsabilizar a un determinado contexto social, pondremos la rodilla sobre la espalda de cada ser, “sujeto social” garante de una cultura, gestor y regenerador de hábitos que tiene la obligación de incentivar el desarrollo cognitivo con el claro objetivo de evitar la muerte social causado por la pobreza intelectual. Es necesario entender que la democracia comienza con la independencia personal, donde cada uno puede decir “No me gusta esa música”; “Quiero un mejor producto”; “Lean, analicen y sinteticen este texto para la próxima clase”. Una sociedad madura es aquella que puede leer las situaciones, interpretar acciones y decidir por sí misma consumir algo que la haga más pobre o más fuerte. El desarrollo de esa sociedad distinguirá si supo elegir o si se dejó morir, “consumido por la pobreza intelectual”.

Claves para una mente rica

• Vivir en un medio ambiente favorable. Estas circunstancias implican: el acceso a una buena educación, ocupar puestos de trabajos complejos y poco rutinarios, altos ingresos económicos. Como sería el caso de las personas de clase social media/ alta.

• La posibilidad de participar de actividades intelectuales que estimulen el proceso de aprendizaje. Como por ejemplo formar parte de asociaciones profesionales, asistir a eventos culturales, escuchar música compleja, mantener hábitos de lectura, continuar estudiando.

• Que la pareja tenga un alto nivel intelectual. Se ha podido comprobar que el esposo que poseía un nivel más bajo al tiempo logra igualar a su pareja (con más alto nivel intelectual).

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