Mujer y sociedad

¡Buen día! ¿Recuerda lo escrito por Rousseau? “Las mujeres son las más bella mitad del mundo”. Lo cual suena galante. Y muchas veces, verdadero. Lo malo es quedarse con el envase, olvidando lo más importante que ella tiene: su función específicamente femenina, tanto dentro como fuera del hogar.

Es bastante común que pretenda recluirse a la mujer en la familia, dejando para el hombre los trabajos exteriores. A pesar del tiempo transcurrido, a pesar de la revolución social de la mujer, sigue pasando todavía el pensamiento de Goethe: “El mundo es la casa del hombre, y la casa el mundo de la mujer”. En este punto la Iglesia enseña ideas muy claras. Si por un lado una mujer casada se debe ante todo a su esposo y a sus hijos, por otro ella debe insertarse también en la sociedad como elemento esencial de transformación. A propósito del tema, en el documento “Familiaris Consortio” de Juan Pablo II (22/11/81) hay muchas cosas interesantes. Como éstas: “No hay duda de que la igual dignidad y responsabilidad del hombre y de la mujer justifican plenamente el acceso de la mujer a las funciones públicas. Por otra parte, la verdadera promoción de la mujer exige también que sea claramente reconocido el valor de su función materna y familiar respecto a las demás funciones públicas y a las otras profesiones. Por lo demás, tales funciones y profesiones deben integrarse entre sí, si se quiere que la evolución social y cultural sea verdadera y plenamente humana”. “Si se debe reconocer también a las mujeres, como a los hombres, el derecho de acceder a las diversas funciones públicas, la sociedad debe sin embargo estructurarse de manera tal que los esposos y las madres no sean de hecho obligadas a trabajar fuera de casa, y que sus familias puedan vivir y prosperar dignamente, aunque ellas se dediquen totalmente a la propia familia”. El tema da para mucho más, desde luego, pero estas breves reflexiones pueden servir de tema para un diálogo en familia. ¡Hasta mañana!