Hacia donde vamos

Ver cómo una niñita de dos años es arrollada por un vehículo y minutos después por otro es demasiada conmoción para un espectador. Pero advertir cómo dieciocho personas pasan al lado de la agonizante criatura sin inmutarse resulta inadmisible. Quienes tuvieron la oportunidad de observar las impactantes imágenes registradas por cámaras de seguridad y difundidas por la televisión china (y tolerar observarlas hasta el final) sabrán de qué se trata.

Una semana después del doble accidente, el pequeño cuerpo de Yue Yue no pudo contener más a tan frágil vida y la dejó ir. La experiencia horrorizó al mundo, pero especialmente a la sociedad china, que vio cómo durante siete minutos ninguno de los transeúntes se solidarizó con la niñita malherida y a mitad de la calle. 

Como una semana antes, el deceso de la pequeña generó millones de comentarios y críticas a la falta de compasión de los peatones. En uno de los sitios se conjeturaba que semejante apatía “es otra muestra más de que la sociedad del gigante asiático va por el mal camino en su afán por conseguir dinero y bienestar”. Algunos chinos justifican la falta de coraje civil también con el miedo a causarse algún problema si intervienen en dicha situación. 

Entre otros precedentes, se recordó que en septiembre un anciano de 88 años murió en la calle después de desmayarse sin que nadie le prestara ayuda. Había padecido una hemorragia nasal que le taponó las vías respiratorias. “En el marco moral de la sociedad china se aprecian fisuras”, comentó el periódico de habla inglesa Global Times. Una encuesta on line de ese periódico reveló que el 12 por ciento de los consultados admitió que también hubiera ignorado a la niña mientras se desangraba en la calle. “Una sociedad que está dominada completamente por la ley de la selva no puede alcanzar gran crecimiento y bienestar”, editorializó el rotativo, considerando que sin moral una sociedad no avanzará.
 
El primer secretario del Partido Comunista en Guangdong, Wang Yang, hizo un “llamado de atención” a su país: “Tendríamos que mirar con remordimientos de conciencia hacia lo horrible que hay en nosotros mismos”, cuestionó. A partir de la muerte de la niña en China el concepto ‘18 peatones’ (shiba luren) es sinónimo de personas insensibles sin mayores preocupaciones que el dinero. Solo una mujer, Chen Xianmei, de 58 años y que se dedicaba a recoger basura de la calle, acudió en auxilio de Yue Yue y llamó a gritos a la madre, que trabajaba en una tienda cercana. Con ese gesto Xianmei se convirtió en una celebridad y tan intenso fue el acoso de los medios por entrevistarla que debió abandonar la ciudad sureña de Foshan para recobrar la paz. 

Por último el periodista Jaime Flor Cruz, que vive y trabaja en China desde 1971, escribió en su columna semanal sobre la sociedad y la política de ese país que una de las dificultades para ser un buen samaritano tiene muchas explicaciones y muchos posibles culpables. “Algunos culpan a la falta de leyes y reglamentos, otros argumentan que es causado por el fracaso del sistema educativo para inculcar el respeto por la vida humana y su dignidad”, opinó.
Flor Cruz añade la opinión de terceros sobre un país de 1.3 mil millones de personas que compite para ganar dinero y ascender en la escala económica y social, donde mucha gente se encuentra espiritualmente a la deriva. 

Reynard Hing, un observador de China, señala que el único factor que podría predecir el comportamiento del buen samaritano fue cómo muchos testigos actúan en un evento trágico: entre más espectadores haya, menos posibilidad de que una persona se detenga a ayudar. 

Acerca de la aparente insensibilidad de los 18 transeúntes. Uno de esos factores es el distrito donde ocurrió, que tiene una concentración de ferreterías, como la del padre de Yueyue. “Son dueños de ferreterías, originarios de diferentes partes de China que apenas se conocen unos a otros. Juntos conforman una ‘sociedad de extraños’, en lugar de un compuesto de verdaderos amigos y conocidos, o una ‘sociedad de conocidos’”, explicó. 

Un estudio conjunto de tres universidades de Beijing reveló que la causa de la renuencia de la gente a ayudar a los demás es una falta de confianza entre los residentes. Solamente el 8% de los entrevistados dijo que aún confían plenamente en otras personas. 

“Debe de haber algo mal cuando se considera riesgoso ser un buen samaritano”, escribió el diario China Daily en un editorial esta semana. “La apatía y la desconfianza son los últimos sentimientos que necesita una sociedad armoniosa. Es imperativo que encontremos una manera de proteger a los buenos samaritanos de ser tratados injustamente”, instó el periódico. 

El porqué de la elección de una noticia tan distante en lo cultural, social y demográfico con la Argentina se relaciona justamente a partir de la difusión de otra diametralmente opuesta y significativa, en especial para los chaqueños.
Esta semana el Ministerio de Educación de la Nación entregó los premios Escuelas Solidarias 2011. Entre los cuatro primeros puestos estuvo una institución educativa chaqueña. Se trata del Jardín de Infantes N½ 20 de Pampa del Infierno, que mereció el galardón por la instalación de huertas comunitarias y familiares para promover el consumo de verdura en las familias con menos recursos económicos y por proponer forestar el centro comunitario del pueblo.
La experiencia denominada “Pequeñas semillitas. Mi amigo el árbol” es uno de los proyectos ganadores de entre más mil experiencias del país porque propuso concienciar a su comunidad sobre el consumo de verduras y hortalizas, con respaldo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y una nutricionista. Además de acreditarse la creación de varias huertas en comunidades rurales de Pampa del Indio, también promovió una huerta orgánica en la Fundación de Equinoterapia IAN, a la que asisten niños, adolescentes y adultos con discapacidad. En los objetivos del Jardín figura continuar con la siembra de plantines de especies ornamentales y frutales para ser distribuidos entre familias de bajos recursos. Así, los más chicos se convierten en promotores de una alimentación saludable y del cuidado del medio. 

Los demás establecimientos premiados son la Escuela Técnica 3 María Sánchez de Thompson, de la Capital Federal; la Escuela 4004 Mercedes Álvarez de Segura, de San Rafael, Mendoza, y la Escuela 271 de Los Villagra, Tucumán.
La convocatoria anual del Premio Presidencial se propone alentar el desarrollo de experiencias educativas solidarias que integren aprendizajes en el aula con servicio solidario a la comunidad.
 
Cuando entregó las distinciones, el ministro de Educación Alberto Sileoni destacó que “son muchos los que piensan que la escuela se distrae cuando trabaja con valores, y no es cierto; cuando habla de valores, la escuela está cumpliendo una de sus tareas fundamentales”. 

Entre las seis segundas iniciativas que vieron la luz en los medios de circulación nacional estuvo el Colegio Secundario Don Jaime de Nevares, de Bariloche, Río Negro, que impulsó una audiencia pública destinada a tratar y discutir las problemáticas de los jóvenes. Emplazada en un ámbito urbano-marginal, los chicos trabajan por la conformación de un espacio donde anualmente puedan expresarse.
 
La propuesta busca modificar una ordenanza que regula el mecanismo de participación popular y crear una instancia municipal en la que puedan exponerse propuestas, inquietudes, problemáticas, intereses y vocación de transformación social propias de los jóvenes. Surgida en los debates escolares, los adolescentes concibieron la idea para demostrar su interés por superar las dificultades para discutir y plantear cambios. Después de investigar sobre los mecanismos de participación previstos en la última reforma de la Carta Orgánica comunal, reunieron las firmas necesarias para que la iniciativa fuera discutida en el Concejo Deliberante. 

Una de las tres menciones especiales de los proyectos sociocomunitarios solidarios fue para la Escuela Especial Juana Manso, de Villa Allende, Córdoba, que creó una carpintería y con la recolección de material en desuso, construyó bastones para donar a geriátricos. Los estudiantes fabrican muletas, bastones, escaleras suecas, escaleras de disociación, bancos de rehabilitación y adaptadores posturales que luego donan a distintas instituciones. La idea surgió de un centro mutual de jubilados y pensionados local, para obtener bastones. A la escuela Manso asisten niños y jóvenes entre los 6 y 21 años con discapacidad mental. Muchos presentan fracasos en escuelas comunes y viven en hogares de alta vulnerabilidad social. Los docentes aseguran que el proyecto afianzó la relación con los alumnos, revirtió problemas de conducta y disminuyó el número de inasistencias. 

Al margen de la sensibilidad y efecto concreto que revela cada una de las acciones, importa hacer un alto para recordar cuál fue el punto de partida y dimensionar qué cambios se produjeron hasta ahora. 

Nieves Tapia, pionera y coordinadora hasta 2010 del Programa Nacional de Educación Solidaria, creado en 1997, actualmente dirige el Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (Clayss). Consultada por La Nación explicó que el plan apunta a que “las escuelas den a la comunidad lo que sus chicos aprenden o crean por ellos mismos”. Citó la experiencia de una escuela en Berisso, cuyos alumnos investigaron sobre la historia local con la intención de impulsar emprendimientos turísticos en su zona, o la campaña de prevención del dengue que hicieron los chicos de varias escuelas de Puerto Libertad, en Misiones y que lograron que su localidad sea una de las que tiene menor índice de esa enfermedad en la provincia. Pero el dato más significativo aportado por la especialista fue recordar cómo en 1997 “costó encontrar cien proyectos de ese tipo en las escuelas”. Para Tapia “el crecimiento fue impresionante”. 

Los proyectos que se presentaron en las seis ediciones que ha tenido el Premio Escuelas Solidarias desde su creación en 2000 fueron 26.400. En total se desarrollaron por 15.000 de las 45.000 escuelas de todo el país de todos los niveles, tanto públicas como privadas, e involucraron a dos millones de chicos. 

Al resumir la finalidad de la iniciativa, Tapia definió: “Se trata de educar a los chicos desde pequeños a estar siempre dispuestos a dar una mano o hacer una gauchada a alguien”. 

Investigaciones de los profesionales de Clayss muestran que en las escuelas que desarrollan estos proyectos no solo mejoró la convivencia, sino también el rendimiento académico. La clave para que los estudiantes adhieran a proyectos de este tipo es, según la experiencia de la profesional, que los docentes que los proponen crean realmente en estas iniciativas y den protagonismo a los chicos. 

Hace una semana, cuando Sileoni entregó las distinciones, miró a las jóvenes y diversas delegaciones del país reunidas en el Palacio Sarmiento y les dijo: “Por supuesto, es importante saber de teoremas y logaritmos, pero relacionar el arte con la confortación de un enfermo, pensar en los compañeros que están indocumentados, darles a los hermanos que menos tienen la posibilidad de acceder al alimento o a un par de anteojos, es construir ciudadanía”. 

Al fin y al cabo, ¿de qué vale destacarse y llegar primero si no se aprendió la cualidad más importante de ser humanos y vivir en sociedad? A diferencia de lo ocurrido a partir del triste final de una pequeña vida en China, en la sociedad argentina y en particular, en la chaqueña, abundan los ejemplos de solidaridad y sensibilidad, pero también fructifican y se reproducen en pequeños nuevos brotes, como en un nuevo ciclo de la vida misma.
Sileoni lo dijo mejor cuando felicitó la obra de los estudiantes solidarios: “Ustedes hacen mejor a la sociedad”.