Los indignados del Chaco

Una ola de indignación y de enojo se está expandiendo por todo el mundo. El movimiento nacido en España en mayo último ya tiene réplica en muchas partes. En los lugares más impensados como Nueva York y las capitales europeas, hasta no hace mucho íconos del desarrollo y la opulencia. Una muestra de que el sistema capitalista, tan exitoso, por el que se ha regido el mundo en las últimas décadas, se está cayendo a pedazos.

Porque el enojo y la indignación que está cundiendo en el mundo no es, como lo dicen sus mismos promotores, para terminar con la democracia sino, por el contrario, para promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo y del dominio de bancos y corporaciones, así como una auténtica división de poderes y otras medidas para mejorar el sistema.

En una palabra, para terminar con los vicios y deformaciones que con el paso del tiempo se apoderaron de las naciones y han servido para la riqueza de pocos y las carencias de muchos. 

La indignación es por la situación política, económica y social, marcada por la corrupción de los políticos, banqueros y grandes empresarios y ante la convicción de que, mediante la unión de la sociedad civil, es posible construir un sistema mejor. Hay que cambiar la injusta realidad de que en el mundo el 1 por ciento reúne la misma cantidad de riquezas que el 99 por ciento restante. 

Hay que señalar que se trata de una indignación y enojo que reflejan esa inclinación innata que tiene todo ser humano de reaccionar ante la injusticia manifiesta y que es positiva y constructiva. No busca destruir, sino restaurar un orden perdido, terminar con abusos e impulsar el respeto a las premisas fundamentales del sistema democrático, hoy abandonadas bajo una capa de barniz de progresismo y cubiertas por un aparato tecnológico, que a la postre no hace más que resaltar las enormes diferencias que existen. Esa indignación y ese enojo son fundamentales para poder salir adelante porque buscan recuperar la dignidad de cada ser con el respeto a sus derechos humanos fundamentales, tan proclamados como bastardeados. 

Indignación chaqueña 

En esta línea el Chaco tiene muchos motivos para sentirse indignado. De hecho el movimiento tiene repetidas manifestaciones en pequeños o grandes reclamos sectoriales que se producen todos los días en cada punto de la geografía provincial, algunos con hechos más violentos, otros más pacíficos como pueden ser los cortes de calles y rutas, las movilizaciones, las marchas, los paros y otras medidas de fuerza, los petitorios, los informes y relevamientos, el incumplimiento de promesas. Todos con un denominador común: el reclamo de justicia, de respeto de los derechos para todos y un repudio para con las malas praxis de la clase política. 

Las estadísticas oficiales han señalado al Chaco como la provincia donde la brecha entre ricos y pobres e indigentes es la mayor del país, como también la que produce mayores aportes a las villas de emergencia que siguen surgiendo en Capital Federal y Gran Buenos Aires. También es, aunque se haya avanzado, el estado pretendidamente federal, con peores indicadores socioeconómicos como los referidos a la salud, a la vivienda, a la alimentación, a la educación.
Esta indignación positiva que busca construir y terminar con los vicios flagrantes que se manifiestan a diario. En los últimos días algunos fueron tan intensos que taparon los preparativos que concluyeron con el proceso electoral que culminó ayer. Lejos de acallarse, el problema de la atención sanitaria de un tercio de la población provincial a través de la Obra Social del InSSSeP, ha llegado a uno de los picos máximos que se repiten periódicamente y que ahora parece haber sumado un enfrentamiento personal entre las autoridades del organismo y de los entes de los prestadores médicos. Se repiten acusaciones mutuas de abusos, por un lado, y de falta de pago, por el otro; pero sin sentarse a una mesa para intentar el acuerdo. Se mandan a decir las cosas por los medios y a través de costosas solicitadas, mientras los afiliados quedan como rehenes y siguen pagando el abusivo plus.

Más motivos de indignación 

Los motivos de la indignación se repiten, una vez más, por la situación de los pueblos originarios. Un lapidario informe del representante del Defensor del Pueblo de la Nación en el Chaco sobre la vida de los aborígenes en una decena de barrios de Sáenz Peña acerca de la vivienda, de la salud, de la educación, de los servicios elementales, puso de relieve algo que todos saben y sobre lo que todos miran para otro lado, quizás porque no saben qué hacer o no quieren hacerlo. Lo cierto es que siguen discriminados, hacinados, siendo el último orejón del tarro y que las tibias desmentidas con el repetido estribillo de que “se hizo mucho, pero que es mucho lo que falta hacer”, no sirve nada más que para aumentar la indignación, porque ese panorama de la ciudad termal se repite en todos los lados donde hay comunidades aborígenes. 

La indignación es sana cuando se pide que se respete la independencia de los poderes y que cada uno de ellos cumpla con su cometido. El Ejecutivo para respetar las decisiones de los entes autárquicos y no suplirlos pero también para conformar un verdadero equipo con unidad de criterio. El Legislativo para dedicarse a su fin específico: crear las leyes necesarias para el beneficio de los ciudadanos de acuerdo a los mandatos de la Constitución. Más leyes con fundamentos y menos Comisión de homenajes. Y una Justicia que salga de su proverbial lentitud, de su anquilosamiento, de su alejamiento de la realidad cotidiana, de ser un servicio para los que pueden pagar a costosos abogados más preocupados de cobrar jugosos honorarios que de descubrir la verdad. 

Una indignación que busque superar la subestimación de la gente con la imposición de índices de inflación que son desmentidos en las compras de todos los días, sobre todo en los elementos para la alimentación, la salud y los servicios esenciales, servicios que para unos selectos argentinos que viven en Capital Federal y Gran Buenos son casi regalados y para los que viven en las provincias más pobres y alejadas, cuestan un ojo de la cara, como son los de energía eléctrica, agua potable, gas y transporte. 

Una indignación que se levanta sobre todo de los padres de quienes reciben educación para que se termine el interminable tira y afloje entre los gremios docentes y las autoridades educativas, con continuos planteamientos que al final se reducen a temas económicos, pero que tienen de rehenes a los alumnos, los que son la razón de ser de todo el sistema. Si es cierto que hay sectores mal retribuidos, si hay carencias de infraestructura, hay también una decadente calidad educativa en la que los docentes también tienen algo que ver. 

Un enojo justificado cuando se quiere mostrar una armonía entre la intendente de Resistencia y el gobernador de la provincia en encuentros “a los besos” y apenas se dan vuelta la espalda, vuelven los cruces y las acusaciones mutuas por temas que son fáciles de solución con un civilizado diálogo. 

En definitiva los chaqueños tenemos sobrados motivos para indignarnos, como también -por suerte- otros para sentirnos orgullosos. No por eso hay que dejar de señalar lo que falta. La publicidad oficial se encarga de contar loas a los logros y bien está, pero vale la pena repetir que los triunfos electorales no son salvoductos ni cheques en blanco. Esta corta historia de casi treinta años de democracia está llena de ejemplos de cómo la ciudanía dio su respaldo y luego, indignada, lo retiró cuando los planes electorales se incumplieron. 

Todo por diez días

La mitad de 365 días (un año) son 182 días y medio, apenas 7 y medio menos que 190. Es decir que aumentando diez días el año escolar apenas llega a cubrir medio año de actividad escolar. Y eso sin tener en cuenta todos los días que los chicos no tienen clase porque “hay jornada” (¿?), porque no vino la maestra o el profesor, porque hay paro... Todo muy lejos de aquel viejo calendario en el que se hablaba de nueve meses de clases y tres de vacaciones. 

En estos días los gremios y el Ministerio de Educación discuten el agregado de diez días el calendario escolar mínimo que se viene cumpliendo, algo así como discutir sobre la cuadratura del círculo. El tema de fondo es cómo mejorar la educación, el contenido, la formación de los chicos. Para ese objetivo diez días son una minucia. ¿No hay otro asunto para polemizar?