Drogas: el fracaso está a la vista

“Nos invitaron a comer los amigos de nuestra hija con la que la de ellos comparte muchas horas. Fue una cena deliciosa y se habló de todo, en especial de las cosas del momento: las elecciones y la propaganda; algunos programas de la televisión; la crisis mundial y su repercusión; de que las cosas suben de a poquito, pero todos los días, en el súper; de lo rebeldes que están “estas chicas”; de que se vienen las vacaciones y el fin de año... y el infaltable “que rápido que pasa el tiempo. Hubo buen vino, delicioso postre y un brindis con champaña, que marcan un nivel de clase media para arriba. La sobremesa fue en ese tono, hasta que el jefe de familia, un cincuentón, se levantó y distribuyó entre los presentes (había otras familias además de la nuestra), como si fuera lo más natural del mundo algo que, en principio, no sabía lo que era, pensé en un cigarrillo común, que como no fumo rechacé. Sin embargo no era un cigarrillo común, era un “porro”. Algo que a todos los presentes les pareció normal, por lo que ni siquiera hubo comentarios al respecto. Yo y mi esposo, quedamos como reverendos boludos, o al menos esa fue mi impresión, aunque nadie nos dijo nada”.

Este relato muestra algo de lo que está pasando en nuestra sociedad y que no se quiere admitir. La droga, sobre todo la marihuana, está en medio de todos y de todo y su uso algo casi normal. No hay conversación en la que se toque el tema y en la que no salga a relucir esto. Mayores, jóvenes, adolescentes y aún hasta niños lo hacen. Cada vez que se habla de algún hecho de violencia, o se describen noches de fines de semana o que se habla de las diversiones de los jóvenes o de reuniones de mayores, el tema está presente. Se afirma sin ambages que se vende en cualquier lado, en los barrios, en los kioscos, cerca de las escuelas. Que muchos saben quien lo hace. Que hay pilinchos (revendedores) y capitalistas (distribuidores mayoristas), que muchos roban para poder comprarla y que otros utilizan el dinero que los padres les facilitan para los fines de semana.

“Todos saben...”

No hace mucho este diario publicó un reclamo de un sector de Villa Prosperidad donde los vecinos pusieron de manifiesto la situación de inseguridad en la que viven y que “todo el mundo sabe donde venden droga. Nosotros mismos ya lo dijimos hace un año y todo sigue igual”. Esos mismos afirmaron que una de las bocas de expendio estaba próxima a la comisaría del lugar. Y es un lugar común expresar que “todos conocen quién y dónde se vende, menos quien lo tiene que saber”.

Con motivo del desgraciado suceso en un barrio de Resistencia, en el que un joven murió apuñalado por otro hace poco tiempo, se dijo que el agresor había obrado por efecto de la droga y uno de los familiares explicó a la prensa, luego de haber sido recibido por el gobernador y varios ministros, que le habían señalado lo que pasaba en la zona y los lugares de venta y que se les había prometido que se iba a tomar cartas en el asunto.

Todos los días las páginas de los diarios, los noticieros de radio y televisión y los portales de internet dan cuenta de secuestros de toneladas de drogas ocultas de mil maneras en vehículos, en equipajes, hasta en el propio cuerpo de las personas. Y eso, según los que saben, es un mínimo porcentaje de lo que pasa y tiene vía libre para su distribución, venta y consumo.

Rotundo fracaso

Esto, así, escuetamente expresado, revela que la política, el sistema, las acciones que se han encarado desde hace ya algunas décadas para “impedir y reprimir” la venta y el consumo han sido un rotundo fracaso y no han servido para nada. No de otro modo se puede calificar a algo que no sólo no ha modificado conductas sino que las ha multiplicado hasta el infinito y las ha introducido a todo nivel. Y esto les cabe a los gobiernos de todo nivel, a las policías, a las fuerzas de seguridad, a los educadores, a los padres y a una sociedad complaciente y que no ha tomado conciencia de la dimensión del problema.

A fines de septiembre se realizó en México la III Conferencia Latinoamericana sobre Política de Drogas, con participación argentina, y allí se llegó a la conclusión de que “las medidas extremas llevaron al país (México) a un estado de violencia que en cinco años se cobró la vida de más de 40.000 ciudadanos, pero no logró reducir el tráfico de estupefacientes”. Algo similar a lo que sucede en otros países y que va camino de suceder en el nuestro, por lo que se concluyó que “se debe poner en la agenda política de América Latina los cambios necesarios en las políticas de drogas”. Esto último es más que evidente. Si algo no ha surtido efecto y, por el contrario, lo ha incrementado hasta límites insospechados y, se ha producido violencia y muerte, ¿qué más se necesita, para demostrar que no sirve? Bajando estas consideraciones a nuestra patria chica, en el Chaco, se puede afirmar que la droga está en todos lados, en los centros de las ciudades y en los barrios más pobres y en todas las localidades del interior, por más pequeña que sea. Ninguna se salva y que es imperioso hacer algo.

Algo que produzca efecto y no que incremente sus males. No existe quien tenga la receta, sino ya se hubiera aplicado. Menos desde una simple reflexión periodística, pero el tema y las acciones deben encararse para ayer. Al menos intentar una búsqueda.

Algunos caminos

Hace poco más de diez años los lugares de trabajo, los bares, las oficinas públicas, los vehículos de transporte y muchos otros sitios estaban impregnados del humo del cigarrillo y quienes no tenían el hábito de fumar eran víctimas de esas emanaciones. En esos momentos el cáncer de pulmón por el cigarrillo era la mayor causa de muerte en todo el mundo. Hoy, está prohibido el fumar en público en cualquiera de esos lugares y el que lo hace es señalado inmediatamente y debe retirarse.

Todo nació de un conocimiento y un convencimiento de los efectos nocivos de lo que es considerado como un vicio o una adicción. Fue una toma de conciencia colectiva y una reacción de la sociedad, que fueron acompañadas por acciones del Estado, con leyes, ordenanzas, disposiciones que son acatadas sin objeciones y que se han impuesto en la sociedad sin represión ni violencia. Para todo el mundo el fumar ha pasado a ser una elección individual y que busca eliminar los efectos nocivos para el resto de la sociedad. No se sabe si existen más o menos fumadores que antes (seguramente menos), pero el proceso ha sido positivo y hoy nadie discute esas determinaciones.

De sobra está demostrado que lo prohibido es mucho más atrayente que “lo normal”, por lo que sería conveniente que todos pudieran llegar a entender y comprender cuáles son los efectos nocivos que provocan las drogas en las personas, sobre todo en las más jóvenes y que si bien, por un lapso reducido se puede hablar de una situación de euforia y bienestar, luego el deterioro es mayor. Esto debiera ser materia de enseñanza y conocimiento en las escuelas, adecuado a la edad y claro, para ello los docentes deben estar bien informados y “formados”. De buena ayuda sería el testimonio de quienes sufrieron los efectos de las adicciones y que lograron recuperarse y que en un ciento por ciento, reniegan del pasado y se felicitan por haber ganado la batalla.

Por supuesto que es tarea de los padres y de las familias. Se nos ocurre también, que hoy, aquí y ahora en el Chaco hay que intentar estas acciones más allá del voluntarismo, mientras se busca remover las causas por la que muchos se refugian en las drogas y mientras se apunta a destruir los nidos de distribución mayorista más que la detención de perejiles.