Cantidad y calidad

La noticia del acuerdo entre autoridades educativas nacionales y provinciales para alcanzar un calendario escolar de 190 días en 2012 encendió el rechazo generalizado de sindicatos docentes.

Uno de los argumentos más repetidos fue: “Diez días no pueden garantizar más aprendizaje” o “más días de clases no garantizan una educación de calidad”, otra de las frases repetidas una y otra vez por radio y tevé.

No es la primera vez que en este espacio se trata el tema y no son pocos los especialistas que aconsejan una presencia más prolongada de los chicos en la escuela.

Planteos vecinos

Siete meses antes de que en el país se polemice sobre la viabilidad o no de la propuesta del gobierno, Paraguay anunciaba una extensión semejante para el año próximo y Uruguay recorría casi idéntico camino.

En febrero de este año, el presidente José Mujica planteó que en Uruguay se dictan “apenas” 155 días de clase efectivos, mientras que los asiáticos “andan por las 240 jornadas anuales y todavía con horarios mucho más largos”. En el proyecto original de la ley de educación del vecino país, el Partido Colorado proponía extender a 200 los días de clase efectivos (unas 900 horas ante las actuales 720), pero la iniciativa no se votó. En ese país este año se llegará a 182 días y en 2012 se proyectan al menos 185. En secundaria la meta es alcanzar 200 días, unas 1.200 horas anuales.

También el gobierno paraguayo planteó aumentar a 200 los días de clases anuales y uno de los representantes de la Asociación Nacional Republicana -principal partido opositor- se expresó a favor de la medida. El diputado nacional Oscar Tuma (h) citó al autor del libro Sobresalientes, Malcolm Gladwell, en el diario ABC Color esta semana: “El único problema con la escuela, para los niños que se están quedando atrás, es que no hay suficiente tiempo de escolaridad”. En consecuencia el legislador asegura que revertir desventajas es algo que cambiará muy pronto en Paraguay, “porque como dijo Immanuel Kant, ‘tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre, el hombre no es más que lo que la educación hace de él’”, resumió.

Hablan los números

Según estudios de organismos de la Unesco -difundidos en 2009- el tiempo necesario para educar a un chico demanda de 825 a 1.000 horas de clase por año. Con 180 días como meta para ese año, la escuela primaria argentina sumaba apenas 720. Una cifra muy lejana al mínimo previsto para desarrollar conocimientos requeridos para cada etapa infantil.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) Panorama de la Educación, con indicadores de 2010 defiende esa posición y mide periódicamente resultados.

Otros estudios explican las sustanciales diferencias en la formación de niños asiáticos y latinoamericanos en la cantidad de horas de estudio. Mientras en países como Japón el año escolar tiene 243 días o Corea del Sur 220, en la mayoría de los países latinoamericanos no se superan los 160. Chile, Brasil y México casi están en los 200 días de clases, y muy pronto se subirán a ese desafío Paraguay y Uruguay.

A nivel mundial, la lista de los años lectivos más extendidos es liderada por el japonés y seguido de Alemania (240), Zimbabwe (225), Hong Kong, Australia y Corea del Sur (220), Luxemburgo e Israel (216) y Rusia (211).

En un rango más cercano al uruguayo están Gran Bretaña (192), Finlandia (191), Estados Unidos, España, Portugal y Bélgica (180). Y entre los países con menos días están Haití y Marruecos (175), Sudáfrica (174) y Bolivia (160).

En Uruguay las autoridades analizan el concepto de ‘extensión del tiempo pedagógico’ en escuelas de tiempo completo, de tiempo extendido o actividades del verano educativo.

El caso español

La preocupación por el tiempo de permanencia de los niños en las aulas no es exclusividad de los argentinos. Hace un mes España lamentaba que su calendario sea uno de los más acotados de Europa y que cada provincia lo interpretara a su manera. En septiembre una publicación (firmada por R. Ruiz y R. Serrano) planteaba que pese a que la legislación determina un mínimo de 175 días lectivos, las vacaciones son ‘demasiado extensas’. Además sobre el cumplimiento del calendario escolar en los estados autonómicos, son pocos los que superan el mínimo de 175 días previstos en la ley para la enseñanza obligatoria. En este punto también hay coincidencias con la Argentina donde aún hay aspectos centrales de realidades por sincerar. Con cada piso establecido por el Consejo Federal de Ministros de Educación se fija una meta a cumplir que, con suerte, se concreta uno a dos años después. En los últimos años todavía no se cumplen los 180 días acordados pese a las declaraciones de las autoridades educativas. Quienes tienen hijos en edad escolar, sea en colegios estatales o privados, saben que en la realidad hay merma de varios días por numerosas razones. El día a día se traduce en una cifra con diez días menos a lo anunciado. Y para esto basta con ver el libro de firmas de cualquier colegio urbano examinado al azar.

Tiempo de descuento

Uno de los argumentos en contra de la decisión de los jefes de carteras educativas de las 24 jurisdicciones del país apunta a que se trata de una medida inconsulta con los sindicatos docentes. Un planteo atendible por involucrar modificaciones sustanciales a las condiciones laborales de un vasto sector, pero discutible también porque hasta ahora no altera los días de vacaciones consagrados en la legislación vigente.

Otro de los fundamentos contrarios a la extensión del tiempo de clases sostiene que más cantidad no asegura calidad. Sin embargo suficiente evidencia internacional demuestra que más días de clases es justamente uno de los puntos ‘fuertes’ en los sistemas con una sólida formación para sus niños y jóvenes. Al margen de los argumentos de uno y otro lado, sería apropiado reemplazar la expresión de ‘días’ por ‘tiempo’ de permanencia en una escuela.

Así una jornada educativa puede ampliarse en horas, en lugar de días. Este punto es de hecho uno de los consagrados en la Ley Nacional de Educación para garantizar aprendizajes de calidad. Comprende dos formas de funcionamiento de una escuela: con tiempo extendido y con jornada completa. Sin embargo aún es mínimo el número de establecimientos educativos con esas modalidades en el sistema provincial y nacional. Lo que evidencia la urgente demanda de ampliar el tiempo de funcionamiento de las escuelas.