Sorprendente virus en la pantalla del gobernador

“No hay fisuras en el Justicialismo” titulaba Página 12 en su edición del martes, al cabo de la rueda de prensa que el gobernador del Chaco (sonriente, casi eufórico, en todas las fotos) había ofrecido a los enviados de medios metropolitanos que cubrieron su reelección y se sometió a todos los interrogantes sobre su presente y su futuro político.

Después de tantas jornadas de vértigo y tensión, con el agregado de la interminable noche de la victoria coronada con el 66,56% de los votos, Jorge Capitanich también partió hacia Buenos Aires para descansar en lo posible y atender obligaciones atinentes a su siempre cargada agenda metropolitana, sobre todo con otros periodistas que lo invitaban a programas de televisión.
Conectado constantemente con su equipo de colaboradores, como lo hace con sus hijas que viven y estudian en la Capital Federal, en la mañana del martes ese gobernador que había acaparado titulares con la renovación contundente de su mandato y combinado alegría y emociones ante los ojos del país, descubrió que su pantalla estaba copada por un virus político, si es que cabe tal definición para la sorpresiva convocatoria del vicegobernador Juan C. Bacileff Ivanoff a una reunión de gabinete, en la que la primera línea del equipo que también plebiscitó con éxito su gestión debió encontrarse, de golpe y porrazo, poco menos que arrinconada en un banquillo de acusaciones. La andanada habría comenzando con reproches al ministro de Economía por su papel en la campaña electoral y su fuerte presencia en afiches junto a Capitanich, para rematar tanto destape recriminatorio con la exigencia a la Secretaría General de la Gobernación para que se redactara de inmediato un decreto cesanteando al secretario de Políticas Comunicacionales, Néstor Avalle -nada más y nada menos que la mano derecha de Capitanich desde hace años en toda su relación con los medios de comunicación-, a quien ya había intentado suspender en otra oportunidad en que tropezó con el rechazo del jefe del Ejecutivo.
Es decir, si en las horas cuando estaba fresca la celebración del triunfo en las urnas se despedía a una pieza clave del equipo de campaña, se podría suponer que de haber sufrido una derrota el oficialismo el periodista de Corzuela pudo terminar conducido a la hoguera como Juana de Arco.
El desconcierto se profundizó ante el contraste del mutis por el foro que el vicegobernador mantuvo en actos fundamentales e históricos como la primera visita de una presidenta de la Nación al Chaco en un 25 de Mayo o la inolvidable celebración del 60º aniversario de la provincialización del Chaco, sin olvidar sucesivas ausencias en los cierres de campaña de Castelli (ciudad donde “Yiyo” siempre residió), Sáenz Peña y en la capital que encabezó Capitanich. Tampoco estuvo -y nadie pudo ofrecer explicaciones convincentes- la noche anterior para recibir a los ministros Boudou y Randazzo y al jefe de la Anses, enviados por la presidenta a compartir las manifestaciones victoriosas.

Desconcierto y regreso

Los trascendidos de esa reunión corrieron como reguero de pólvora y nadie creyó en lo que intentó maquillar el parte de prensa vespertino sobre un gabinete llamado a analizar el saldo electoral.
Al filtrarse de algún modo una fotocopia del decreto que castigaba a Avalle, el avance sobre la autoridad del gobernador sentaba un grave precedente que mucho tuvo que ver con acelerar el regreso de Capitanich al día siguiente. Desde el aeropuerto fue a reunirse a solas y durante casi dos horas con su desconcertante compañero de fórmula. Nadie sabe en qué términos se calmó la indignación del montenegrino.
Pero algo se notó porque enseguida arrancó otra carrera: el gobernador y el vice se mostraron en una rueda de prensa como para disipar la tormenta y nadie, por cierto, les preguntó nada incómodo. Tras cartón se urgieron convocatorias a todos los diputados provinciales, es decir los que están en funciones y los electos dentro de los límites del frente oficialista Chaco Merece Más. Luego se hizo lo mismo para la mañana del jueves con los intendentes, pero incluyendo una ronda con los de la Alianza opositora, con excepción lógica de los tres municipios donde no se eligió nada porque se preparan para el 9 de octubre, es decir Resistencia, Sáenz Peña y Pampa del Infierno.
En todos los casos la dupla reelecta se hizo presente, pero la primera ronda en la nochecita del miércoles terminó convertida en una tormenta de Santa Rosa, pues al madrugar -vaya a saber por qué- de la introducción en ese momento de la próxima conformación de las autoridades de la próxima Legislatura se destaparon diferencias latentes con una primera explicación lógica: la mayoría de los legisladores esperaba el tratamiento de la prioridad electoral del 9 de octubre y después el desafío mayor del domingo 23, cuando la elección presidencial exigirá la mayor movilización confirmatoria de las señales de 14 de agosto.
Surgieron cruces fuertes, se supo, entre el actual presidente del bloque, Ricardo Sánchez, y el primero de los electos entre los 11 legisladores que el oficialismo sumará desde el 10 de diciembre, Eduardo Aguilar, que está nominado por Capitanich como presidente parlamentario, a quien se le objetó que no juegue a fondo en respaldo de la candidatura de Gustavo Martínez (al que responde un grupo importante de diputados entre los que siguen y entran), convencido de que está cada vez más cerca de acortar la ventaja que le vino sacando Aída Ayala en todas las encuestas. (Y se aguarda, de un momento a otro, una medición posterior al desenlace comicial del domingo 18).
Los ánimos se tranquilizaron pateando la pelota de esa definición para más adelante y al terminar en una cena en la que estuvo Martínez y se sumó el propio Sánchez, en otro clima, distendidos con el gobernador y el vice.
Se supo al día siguiente que se analizaron algunas decisiones para lanzar a Capitanich en la campaña en los tres distritos, pero adelantando una intervención personal para despejarle el camino al actual presidente de Sameep, advertido de que la batalla será dura en todos los circuitos del primer municipio de la provincia donde casi todos los electores operarán equipos electrónicos.

Reaparece la calma

Uno de los frentes que debió atender el ministro de Gobierno, convertido en bombero político con viajes a Las Palmas y Bermejito, fue precisamente el que encontró su punto de equilibrio cuando en la noche del viernes Capitanich descansaba por fin en Buenos Aires y el vicegobernador se ocupaba personalmente de dar por superado el entredicho con Avalle que, a la vez, compartió un encuentro de camaradería pendiente con todo el equipo de su área que lo reencontrará el lunes en su despacho.
Pero la acumulación de contradicciones y roces en el seno de la fuerza política -que lejos de un respiro al haber consolidado la continuidad por cuatro años en la conducción de la provincia destapó luchas internas con actos de violencia en Las Palmas, Villa Río Bermejito, Taco Pozo y fuertes roces en otras comunidades de El Impenetrable- redondeó una acumulación de turbulencias desestabilizadoras que solamente puede encauzar el liderazgo de Capitanich aplicado puntualmente a episodios que no pueden subestimarse. Ya lo hizo recibiendo a quienes están enfrentados con Lorenzo Heffner que volvió a ganar “en el río” como llaman en El Impenetrable a Bermejito.
Las referencias sobre el estilo de gestión autoritario del intendente de Enrique Urien, por ejemplo, no pueden ser descartables, como tampoco se puede desoír la indignación del Ne-Par con el liderazgo de Juan J. Bergia por desoír advertencias acerca del clima tenso que ya se vivía por los excesos del intendente Ibáñez en Taco Pozo.
Esa visión de “hartazgo social” que utilizó con algún fastidio el ministro Pedrini terminó ocupando y preocupando al gobierno como si no tuvo en cuenta en su plan de vuelo hacia una gran cosecha de votos que su elenco de aliados haya sido una riesgosa apuesta, omitiendo incompatibilidades de un costo inexorablemente elevado en lo político, social y presupuestario. (Como simple ejemplo, el disidente diputado aborigen Egidio García, fotografiado apoyando al candidato radical, sorprendió a sus pares oficialistas por haber sido invitado a la reunión con el gobernador y el vice).

Notable paradoja radical

Como remate de esta singular semana, la UCR se replegó y escondió su histórica derrota bajo la alfombra sin abrir una sola puerta a la autocrítica de una caída libre desde 2007. Por el contrario, intentando desmarcarse del fracaso, se adjudicó como premio consuelo que Capitanich no pudo quedarse con todo lo que ambicionaba y se salvaron intendencias de ciudades claves como Charata, Las Breñas, General Pinedo, Presidencia de la Plaza y Barranqueras.
Nadie quiso destapar el trasfondo de puñales clavados a Roy Nikisch en los cortes de boletas que de improvisación tuvieron poco. Por el contrario, el rozismo vislumbra que sus doce diputados disciplinados pueden reabrir vetas de contratos y sacar tajadas de la interna oficialista y sus eventuales desertores.
A la sombra del respiro ofrecido generosamente por los sorprendentes entripados del bando vencedor, Aída Ayala y Gerardo Cipolini reforzarán sus esfuerzos mediáticos y ratificaron con optimismo respectivas aspiraciones de continuidad justificando las fichas invertidas en el desdoblamiento.
Ambos confían -mientras se habla muy poco del tercer municipio en juego que es Pampa del Infierno- en que la ola de triunfos de quienes vienen gobernando, tal como ocurrió en todos los episodios electorales excepto Catamarca, pueda mantenerlos a flote y dar desde las dos principales ciudades del Chaco a la alicaída UCR un titular nacional como acaba de ocurrir con el triunfo de Mestre en la capital de Córdoba.
Aunque esas golondrinas no hagan verano y, a la postre, ambas victorias resulten demasiado poco para que Ricardo Alfonsín acorte la diferencia de millones de votos que le sacó Cristina Kirchner el 14 de agosto.