El ocaso de Al Assad

El clan de los Assad no para de escenificar la triste y trágica comedia del tiburón moribundo, al que se le acaba el oxígeno pero en su final sigue tirando dentelladas. El ejército de la República Árabe Siria martiriza a la rebelde ciudad de Hama en el intento de acallar las protestas. Las censuras internacionales que cercan a los Assad tuvieron un nuevo giro cuando las fotos de las víctimas de Hama ocuparon los periódicos del mundo.

Tras las amenazas de la Casa Blanca, la Unión Europea se sumó con nuevas sanciones contra altos funcionarios del régimen: al propio jefe de Estado Bachar al Assad y su familia, sumaron al ministro de Defensa, general Alí Habib Mahmoud. La lista negra siria ya suma 35 jerarcas con prohibición de entrada a cualquiera de los 27 países de
la Unión Europea, lo que hace inviable los exilios dorados en el Viejo Continente, y lleva a la congelación de sus bienes y cuentas bancarias. Italia llamó a su embajador y Gran Bretaña exigió el fin de la violencia. 

Hasta los propios aliados musulmanes, como el presidente turco Abdullah Gull, admitieron que no podían permanecer callados y “aceptar esta sangrienta atmósfera”. Sangrienta atmósfera La rebeldía de la ciudad de Hama es legendaria. En 1982 se sublevó contra Hafez al Assad, el padre del actual presidente. 

Hafez reprimió, y se cobró unos 30.000 muertos. Con semejante antecedente, Naciones Unidas no podía permanecer como pasivo espectador, y esta semana terminaron por aceptarlo los rusos y los chinos, que hasta ahora -junto con India y Brasil- habían bloqueado cualquier censura. Finalmente, la semana pasada, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió una carta de condena. 

Aunque no se trata de una resolución similar con fuerza jurídica, sino una declaración de su presidencia rotatoria, que ejerce actualmente el hindú Hardeep Singh Puri y no es vinculante. Una acción más tibia de lo que muchos esperaban, pero el primer paso formal de las Naciones Unidas contra los Assad. Y con acuerdo de rusos y de chinos, lo que permite deducir que el horizonte de una posible intervención internacional ha comenzado a discutirse.

La primera que tomó nota de este cambio fue la familia gobernante. El clan Al Assad esperó apenas unas horas tras la arta de sanción de la ONU y el presidente declaró que el régimen se abre a la competencia multipartidaria y democrática.

Pero la combinación entre mordiscos de tiburón y concesiones ya no es creíble. La mezcla de despotismo; corrupción; inequidad; nulas garantías de derechos humanos y políticos, y una represión sin miramientos ni contemplaciones contra cualquier conato de disenso, no podrán eliminarse tan tardíamente y con un decreto que promete democratizar la vida política al comando de la misma élite que retiene todas las palancas del poder desde hace medio siglo. 

Una estrategia como ésta quizás hubiera podido parar el levantamiento sirio en marzo, cuando las protestas árabes venientes de Egipto, Túnez y Libia llegaron a Deraa. Sin embargo entonces los Al Assad enviaron al
Ejército a disparar a mansalva. Después de ese mordisco, que terminó con 37 víctimas fatales, Bachar al Assad prometió subir el sueldo de los empleados públicos: golpe y concesión.

La crueldad de la tortura

La apertura al multipartidismo quizás podría haber sido efectiva en abril, cuando los “Viernes de la Dignidad” ya habían empezado a calar hondo en la protesta semanal. Pero entonces escogieron acorralar a Deraa, con otros 60 fallecidos, y con la tortura y muerte del niño de 13 años, Hamza al Jatib, a manos de las fuerzas armadas. La foto del niño torturado fue prendiendo mechas por todo el territorio sirio.

Para mayo ya ardían las revueltas en Banias y en Homs. En junio comenzó el éxodo de aterrada población civil hacia la frontera turca: los Assad ordenaron a la policía que disparase contra los civiles que intentaban cruzar la alambrada del límite internacional, y ante la negativa de algunos agentes, 80 policías fueron fusilados en Jisr al Shughur.

Ya casi no había margen, pero quizás todavía podría haber colado como estrategia aperturista antes del 10 de julio. Ese día los embajadores de Estados Unidos y de Francia visitaron la rebelde ciudad de Hama, y como respuesta el régimen mandó a sus fuerzas de choque a que asaltasen ambas embajadas en Damasco.