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Enfoques

Sindicalismo y peronismo: una relación que nunca fue lineal

(Especial de NA, por Nicolás Tereschuk) -- Las tensiones entre una presidenta peronista como Cristina Kirchner y el sindicalismo alineado con el oficialismo no son una novedad sino una situación estructural y permanente en la relación entre el PJ y los gremios.

Existen en algunos sectores de la prensa y de la sociedad dos visiones extremas que no parecen reflejar la realidad de esa compleja relación.
Una indica que el movimiento obrero argentino mayoritariamente peronista es un mero apéndice del PJ, que se trata de un sector que fue conformado ‘desde arriba‘ y ‘por el Estado‘ en tiempos de Juan Perón y que por ello la CGT carece de visión propia a la hora de reclamar por los intereses de los trabajadores.
Se hace referencia en esta visión a un pasado mítico del sindicalismo -más vinculado a la izquierda- en el que supuestamente los gremios habrían tenido verdadera vocación de autonomía.
El otro enfoque extremo sobre el sindicalismo señala que en todo tiempo y lugar ha sido una corporación que sólo busca beneficiar los intereses de sus pocos y poderosos dirigentes, que no aceptan ninguna injerencia de los dirigentes ‘políticos‘ del PJ.
Nada de eso parece haber sido así, ni en tiempos de Perón ni en la actualidad.
Para eso habría que recordar, por ejemplo, la tensa huelga ferroviaria de 1951, en un momento complicado para la economía argentina, cuando la propia Eva Perón enfrentó a los trabajadores y sindicalistas con fuertes palabras y los conminó a levantar la medida de fuerza.
Otra instancia que puede servir para ilustrar esta situación de ‘ida y vuelta‘ se registró en 1955.
Entonces, se convoca desde el Gobierno al Congreso de la Productividad y Perón hace un señalamiento que estuvo dirigido a los empresarios, pero también a los trabajadores y sindicalistas.
Dice en aquel momento que ‘se ha repartido lo posible: para más hay que producir‘.
Y le advierte a los trabajadores que se preguntan ‘¿para qué vamos a producir?‘ que ese razonamiento no es válido en un país ‘donde no hay explotación y el trabajo se reparte ecuánime y justicieramente‘.
En los 60, ya con Perón en el exilio, una relación signada por la contrariedad fue la del líder justicialista con el titular de la CGT, Augusto Vandor, quien terminó asesinado.
En tanto, hacia comienzos de los 70 seguramente no fue del todo grato para los sindicatos escuchar las palabras elogiosas de Perón hacia los representantes de la juventud y la guerrilla peronista.
Y ya muerto el líder partidario, en 1975, los sindicatos liderados por la entonces muy poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM) llevaron adelante un paro general contra el gobierno de Isabel Perón y su ministro de Economía, Celestino Rodrigo.
Yendo más hacia adelante, en los 90, si bien un sector de los sindicatos peronistas vinculados a lo que hoy son ‘los gordos‘ de la CGT y el sector gremial que responde a Luis Barrionuevo y Gerónimo Venegas se alinearon con Carlos Menem, otros gremios peronistas -sobre todo Camioneros y la UTA- enfrentaron las políticas oficiales.
Entender, por lo tanto, el discurso de la presidenta Cristina Kirchner con críticas hacia sindicatos peronistas como algo anómalo o novedoso no sería del todo correcto.
Tampoco parece válido considerar que los sindicatos deberían estar un cien por ciento de acuerdo con las políticas de un gobierno conducido por un justicialista.
Se trata de tensiones que hacen a la relación entre la dirigencia política y la dirigencia sindical a partir de sus distintas bases de sustentación.
La presidenta Kirchner pareció dejarlo claro: señaló que ella no es ‘neutral‘ cuando surgen reclamos de los trabajadores, aunque pidió mantener un equilibrio en las protestas y vinculó ese señalamiento a su propio futuro político.
Allí habría que entender también que, de presentarse a la reelección, la jefa de Estado deberá revalidar su mandato ante todos los argentinos en condiciones de votar, instancia a la que no deben someterse los líderes sindicales.
En este sentido, los sindicalistas pueden mantener -como lo hacen- enfrentamientos con algunos poderosos grupos empresarios a pesar de que las encuestas no les sean favorables a los representantes de los trabajadores.
La Presidenta, en cambio, -quien también se enfrenta en particular y no sólo con palabras a dos grupos económicos como son, por ejemplo, Clarín y Techint- debe tomar en cuenta cada día qué opinión tienen de ella la mayoría de los argentinos.