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La crucifixión como método de tortura

Señor director de NORTE
Estamos prontos a vivir una semana muy especial para el cristianismo como lo es la llamada “semana santa”, en que se recuerda la muerte y la resurrección de Jesucristo, a quien reconocemos como nuestro señor y salvador.


Pero con el correr de los años la pasión y crucifixión de Jesús se recuerda por costumbre y solamente los tristes y tétricos detalles de ese cruel método.
El primer uso del método de crucifixión fue de los persas y luego Alejandro y sus generales introdujeron la práctica en el mundo mediterráneo, a Egipto y Cartago, pero sin duda fueron los romanos quienes la “perfeccionaron” dándole un alto grado de eficiencia y habilidad para ejecutarla. Era un método de condena estudiado en todos sus detalles por los médicos romanos para producir el mayor de los sufrimientos y muerte en los condenados.
La cruz usada era la llamada “cruz latina”, donde un madero vertical llamado “stipes” estaba firmemente clavado al suelo y tenía un travesaño horizontal llamado “patíbulo” que era la pieza de madera que llevaba el condenado desde el lugar de tortura hasta donade sería crucificado, alrededor de 600 metros, y el peso de ese madero era alrededor de 50 kilos.
En el caso de Jesús, vivió horas horribles y dramáticas antes de su crucifixión y cuando la Biblia habla de “grandes gotas de sudor de sangre”,esto se llama hematidrosis, que se produce cuando una persona está sometida a una gran presión o emoción y los frágiles capilares de las glándulas sudoríparas se rompen, es entonces que se “suda” sangre.
Cuando fue llevado ante Pilatos estaba magullado, amoratado, deshidratado y exhausto por pasar una noche en “vela”, y luego de ser soltado Barrabás, Jesús es condenado a muerte.
La ley decía que debía recibir 40 azotes y es así que se despojó a Jesús de sus ropas y sus manos fueron atadas a un poste. El legionario romano munido de un látigo o “flagelum”(que era de varias tiras de cuero con dos pelotitas de plomo cerca del final de cada correa) descargó pesadamente una y otra vez golpes sobre el hombro, espaldas y piernas de Jesús. Primero cortaba la piel, luego esos golpes cortaban dentro del tejido subcutáneo brotando abundante sangre de las capas musculares mas profundas. Finalmente la piel de la espalda colgaba en grandes lonjas haciendo de la zona una masa sangrante irreconocible.
Es entonces cuando los soldados romanos se burlaban y le arrojaron un manto sobre los hombros y le pusieron una vara en la mano y una corona de espinas sobre su cabeza haciendo sangrar profundamente cuando las púas perforaron el propio tejido vascular. Luego, cansados de la burla, le quitan el manto de un tirón, el cual ya se había adherido a los coágulos de sangre y suero de la espalda, causando un dolor tremendo y las heridas comenzaron a sangrar nuevamente. Es así que luego empezaba la caminata hacia el lugar de la crucifixión llevando el “patíbulo”, y es donde Jesús cae debido a su debilidad clavándose el madero en la piel lacerada y músculos del hombro. Los legionarios encuentran entonces a un fornido africano llamado Simón de Cirene para llevar el patíbulo y Jesús lo seguía aún sangrando y transpirando el frío y pegajoso sudor del espasmo.
Ya en el lugar, el legionario palpó la hendidura por delante de las muñecas y perforó con un largo clavo cuadrado de hierro forjado la muñeca clavándole en ella y repitiendo el método en el otro lado, cuidando de no extender mucho los brazos para que tenga movimientos, se alzaba luego el patíbulo y poniendo el pie izquierdo sobre el derecho se introdujo un gran clavo perforando los arcos y dejando las rodillas flexionadas moderadamente. Es así que una vez crucificado, Jesús se deja caer y un dolor ardiente y muy agudo se disparó a través de los dedos porque los clavos de las muñecas presionaban los nervios medios que son fibras nerviosas troncales. Al empujarse hacia arriba colocaba todo su peso sobre el clavo que atravesaba sus pies y nuevamente sufría un terrible y ardiente dolor por los nervios metatársicos que atravesaban el pie. Se producían grandes calambres al no poder impulsarse hacia arriba y los músculos pectorales se paralizaban y los pequeños músculos intercostales no podían actuar. Se podía inhalar aire a los pulmones pero no se podía exhalar.
Jesús luchaba con muchísimo dolor por elevarse para tener un pequeño respiro.
Para no profanar el sábado los legionarios quebraban las piernas de los condenados para que muriesen por asfixia y así lo hicieron con los otros dos; cuando se acercaron a Jesús vieron que no era necesario, ya había muerto, pero un legionario clavó una lanza hacia arriba atravesando el pericardio llegando al corazón y se produjo un escape del fluido acuoso de la bolsa que rodea el corazón y de la sangre de su interior. Esto es una evidencia de que Jesús murió no por asfixia sino por falla de su corazón debido al espasmo y compresión de ese miembro por el líquido acumulado en el pericardio.
Esta explicación médica, señor director, no es para entristecer a mis amigos lectores ni sumergirlos en un desánimo o depresión sino para que sepan lo que Jesucristo sufrió por nosotros y recordarles que en la Biblia dice “fue molido y quebrado”, por lo que se demuestra que no fue un simple castigo y muerte sino una muestra de la maldad que un hombre puede infringir a su prójimo, un método de tortura y muerte planeado para hacer sufrir al máximo física y mentalmente al condenado a la cruz.
Pero esto no queda aquí para nosotros los cristianos, esto nos da el don de la redención, porque los que seguimos las Escrituras sabemos que sin derramamiento de sangre no hay redención de pecados. Podemos saber por esta acción del milagro de la resurrección y que Jesús habita en nuestros corazones.
Pero quiero decirles a mis amigos lectores que no busquen culpables en este acontecimiento porque no los hay. Ni Judas, ni Pilatos, ni Herodes, ni los legionarios romanos, ni el Sanedrín, y menos los judíos porque culpar a algunos de ellos sería minimizar la obra de la Cruz hecha con muchísimo sacrificio y dejar que el árbol tape el bosque.
Por muchos años se usó la trillada mentira de que “los judíos mataron a Jesús”. Se usó en todas las épocas para justificar la malicia y deplorable conducta de muchos gobernantes y lideres que para llevar a cabo sus sucios propósitos esgrimían este falaz argumento.
Hasta el demente y cobarde Hitler usó esto para poner en marcha su diabólico plan de la “solución final” y poner en funcionamiento esos terribles lugares como Auschwitz, Chelmno, Majdanek, Treblinka, Sobibor, y otros. También lo usó la inquisición para hacer matanzas y persecuciones. También lo usaron y la usan algunos sacerdotes, yo lo escuché cuando niño en el catecismo, pero decir esto es menospreciar a Jesús (el judío mas famoso de la historia) y por sobre todas las cosas su obra, no sigamos fomentando un sentimiento antisemita que está creciendo en todo el mundo por supuesto para justificar malas acciones como siempre se hizo. No miremos la película “La pasión de Cristo” con actitud de odio y de revancha, porque ese no es el mensaje que debe quedar. Es un acto reconciliatorio y no de división. Pensemos que esta es una fecha especial para reflexionar y elevar oraciones a Dios en familia y no para entristecernos y juntar sentimientos que nada tienen que ver con Jesús y su proceder.
Tengamos siempre presente que Dios tiene un plan y un propósito para cada uno de nosotros como lo tuvo con Jesús y se cumplirá nos guste o no. Entonces sepamos cuál es ese plan.

CARLOS ALBERTO CORDOBA
DNI 12.172.315
La Rioja 1.245
Resistencia