Checos y eslovacos, descendientes que preservan la cultura del Viejo Mundo

SAENZ PEÑA (Agencia) - La ciudad de Sáenz Peña cobija hoy a una de las comunidades más importantes de inmigrantes checoslovacos del continente americano, que descienden de aquellos primeros colonos que llegaron a los campos del Chaco hace ya casi un siglo.


En su haber la comunidad checoeslovaca tiene mucho en la historia de la segunda ciudad de la provincia. Los inmigrantes, llegados a principios del siglo pasado a una tierra prácticamente virgen se dedicaron a trabajar los campos que les habían sido destinados y la producción que lograban con cada siembra los obligó a juntarse y así crear la Cooperativa Agropecuaria La Unión.
El ser parte de los primeros habitantes de lo que hoy es la Capital Nacional del Algodón los indujo a generar sus propios espacios entre los que se destacaron la escuela checa y los clubes deportivos Sokol y Morava. Además, fueron parte de la creación de otras instituciones que se conformaron a partir del aumento poblacional de aquel pequeño poblado fundado a la vera de las vías del ferrocarril.
Cuentan los memoriosos que ‘hasta banda de música llegaron a tener los checoeslovacos‘, cuyos integrantes tuvieron el honor de ser los primeros en hacer escuchar a los vecinos cómo sonaba el Himno Nacional Argentino con instrumentos ejecutados en vivo.
La unidad de los inmigrantes en aquellos tiempos aún se refleja en este nuevo siglo en una esquina histórica de Sáenz Peña, en la avenida 28 y calle 21. La decisión política dividió el 1 de enero de 1993 a Checoslovaquia en dos: las repúblicas Checa y Eslovaca. Aquí, en el corazón del Chaco, dicen que seguirán ‘siempre unidos‘.


Memoria recuperada

Apelando a la memoria de muchos vecinos de Sáenz Peña y la zona, hay que recordar que la actual sede de la colectividad checoslovaca originalmente nació como una escuela para los hijos de los checos que llegaron hace casi cien años a poblar el centro de la provincia. Posteriormente, por pedido de los mismos inmigrantes, el lugar brindó educación primaria nacional y sumó un ‘pensionado‘ para que ‘los hijos de los que vivían en el campo tengan educación‘.
Con el tiempo, el lugar construido aproximadamente en 1930 fue perdiendo su brillo pero a partir del año 2005 la colectividad comenzó a recuperar los viejos edificios existentes en el amplio espacio que ocupan en la zona oeste de la ciudad.
Ahora, aquellas descoloridas estructuras nuevamente cobraron vida y, con el aporte de los gobiernos checo y eslovaco, se recuperó y actualizó el salón principal y el anexo donde funcionaba el pensionado, espacio en el que actualmente se dictan las clases de checo y funciona el museo.

Ofertas educativas

La renovada esquina actualmente registra movimiento todos los días de la semana con el dictado de distintos cursos. ‘Desde hace siete años, promovidas por el gobierno de la república checa, se dictan clases de idioma checo, en esta oportunidad a cargo de la docente Radka Polackova‘, detalla Myriam Botik, secretaria de la colectividad.
Agrega que además ‘se ofrecen clases de danzas tradicionales y también los que quieran se pueden sumar al coro o al grupo de teatro que se está conformando‘.
La comida, esencial en toda cultura, tiene su lugar con las clases de cocina que se están dictando en la sede de la colectividad y también el cine cuenta con su espacio en determinados fines de semana.

Actividades gratuitas

Todas las acciones realizadas en la sede de la colectividad tienen además la intención de ir sumando jóvenes y niños para revertir la imagen que identifica a las colectividades con la ‘gente mayor‘ y el objetivo ‘poco a poco se va logrando‘, aseguran los integrantes de la comisión directiva.
Es de aclarar que las actividades que se ofrecen en la histórica esquina de avenida 28 y calle 21 son gratuitas para todo aquel que quiera sumarse a aprender sobre la cultura checoslovaca.

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